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Una Evangelización
Perfectamente Inculturada


M.I. Sr. Cango. Mons. José Luis Guerrero
Director del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos A.C. 




Introducción 

Para tener un punto, tanto de partida como de referencia, para apreciar el hecho histórico de la evangelización de México, vayamos al capítulo primero, número 11, de la Exhortación Apostólica ECCLESIA IN AMERICA del Santo Padre Juan Pablo II podemos leer:

            "La aparición de la Virgen al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión decisisiva para la evangelización.[1]  Este influjo va más allá de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente. Y América, que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido "en el rosto mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada".[2] Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América.[3]"

 
            "A lo largo del tiempo ha ido creciendo cada vez más en los Pastores y fieles la conciencia del papel desarrollado por la Virgen en la evangelización del Continente. En la oración compuesta (27) para la Asamble Especial del Sínodo de los Obispos para América, María Santísima de Guadalupe es invocada como "patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización". En este sentido, acojo gozoso la propuesta de los Padres sinodales de que el día 12 de diciembre se celebre en todo el Continente la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y Evangelizadora de América[4].  Abrigo en mi corazón la firme esperanza de que ella, a cuya intercesión se debe el fortalecimiento de la fe de los primeros discípulos (cfr. Jn. 2, 11), guíe con su intercesión maternal a la Iglesia en este continente, alcanzándole la efusión del Espíritu Santo como en la Iglesia naciente (cfr. Hch. 1, 14), para que la nueva evangelización produzca un espléndido florecimiento de vida cristiana."[5]  



Anhelo por primera vez sincero

Toda la historia humana es historia de conflictos, matanzas y crímenes; el hombre siempre ha sido lobo para el hombre, y nuestra época no sólo lo ha visto a niveles inauditos, con dos espantosas guerras mundiales, sino que seguimos padeciéndolo sin aparente esperanza de alivio, pues basta ver a iraquíes y kuwatíes, a hutus y tutsis, ceilandeses y tamiles, serbios, croatas, cosabares, árabes y judíos, por no hablar del angustioso problema del terrorismo en general y del actual problema entre Irak y Estados Unidos en particular, en el que, nos guste o no, todos estamos involucrados... pero también hoy asistimos a algo completamente inusitado, totalmente nuevo, que es que el hombre, aunque continúa siendo tan fratricida como siempre, y ahora con armas terribles que antes no se soñaban, ya no se gloría de serlo, sino que quisiera cambiar, entenderse, defenderse y apoyarse en vez de masacrarse, y lo vivimod en la repulsa mundial al uso de la violencia tanto en el caso de Irak como en el de las Torres Gemelas de Nueva York.

Este anhelo, que hoy por primera vez es sincero y universal, topa sin embargo con la miseria humana, ante la que se estrellan todos los esfuerzos, y vemos abortar cuantos intentos se hacen ya no digamos para que los enfrentados se reconcilien, sino simplemente para que dejen de matarse pueblos tan hermanos como árabes y judíos, que reconocen un padre común, (nacido precisamente en el actual Irak), que comparten siglos de historia y vecindad, afines casi en todo y apenas separados por unos pocos elementos de discordia...

Pues bien, hace casi cinco siglos, en tiempos en que vigía en la Cristiandad tan absoluta intransigencia que prosperaban Inquisición y guerras de religión, sucedió en el suelo de México una reconciliación incomparablemente más difícil: Dos pueblos, del todo diferentes, divididos por una incomprención abismal, que no sólo dejaron de masacrarse, sino que, al acoger el amor que les ofreció Dios a través de su Madre Santísima, se aceptaron y fusionaron tan de veras que nacimos de ellos un pueblo heredero de las grandezas y miserias de los dos, pero genuinamente nuevo, síntesis y reconciliación de lo aparentemente irreconciable. Algo que el Santo Padre en persona definió como "un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada."[6].   



Cultura e Inculturación 

Ahora buen, cuando hablamos de "cultura" nos referimos a algo netamento humano y muy complejo, es decir a "la manera peculiar en que los hombres, en un determinado pueblo, cultivan su relación con la naturaleza, consigo mismos y con Dios, a fin de alcanzar un nivel verdadera y plenamente humano"
[7], e "inculturación" la expresó el Juan Pablo II como el "esfuerzo de un trasvasamiento del mensaje evangélico al lenguaje antropológico y a los símbolos de la cultura en que se inserta"[8], o sea, que quienes queramos proclamar el Evangelio a gentes diversas de nosotros mismos, debemos hacer el esfuerzo que hizo Pablo al evangelizar a los gentiles: exponer y compartir nuestra Fe a partir de los conocimientos y sentimientos de los otros, no sólo de los nuestros, obteniendo así ambos un doble enriquecimiento, pues ninguno tendría que renunciar a sus propios valores y tradiciones para adoptar los del otro, sino uno y otro adoptar, asimilar y depurar los de los dos.
Ahora bien, esta "inculturación", este trasvasamiento, ocurrió ciertamente en México, pero cuando menos podía esperarse, cuando nuestra patria mestiza se debatía en atroces dolores de un parto que amenazaba culminar en aborto, como aconteció en otras partes, donde la población indígena quedó exterminada, pues no se veía posibilidad alguna de acuerdo entre pueblos tan diversos; cuando indios y españoles se veían con miedo y rencor, deformada su perspectiva por una total incomprensión mutua, puesto que las culturas de ambos, en lo humano, resultaban frustrantemente incompatibles.  
Tomenos en cuenta que, en ese momento, los españoles estaban convencidos que se enfrentaban con Satanás en persona, de modo que toda tolerancia equivalía para ellos a genuina traición a Dios; y los indios, a su vez, estaban convencidos que su ineludible deber esa ser fieles a su raíz, a lo que siempre había sido. y, en especial, la versión del Evangelio que los misioneros les presentaban les resultaba insultante e inaceptable... pero Dios, a través de su Madre Santísima, supo resolver ese insoluble problema, sin desautorizar a sus enviados españoles, sin reprobar los valores indios, sin cambiar a ninguno de los protagonistas ni a sus conflictivas circunstancias. Supo, en una palabra, confirmar la predicación de sus enviados españoles inculturando su mensaje a la mente india. Y con esto no sólo obtuvo su conversión entusiastamente masiva e instantánea, sino que se aceptaran unos a otros tan efectivamente que nacimos ese pueblo nuevo, hijo y heredero de ambos: el pueblo mestizo que somos hoy México. 



Esfuerzo anti-inculturante

Y esto, como decíamos, lo consiguió Dios en una época de total intransigencia y de feroces guerras religiosas, valiéndose de instrumentos humanos que, aunque pusieron todo su mejor esfuerzo, eran incapaces por sí solos ni aún de concebir esa disposición de adaptarse ellos, que es condición indispensable de la inculturación es decir "familiarizarse con sus tradiciones nacionales y religiosas; descubriendo con gozo y respeto las semillas de la palabra que en ellas se contienen [...] conociendo más ampliamente la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los pueblos.. el orden moral y los preceptos religiosos, así como su mentalidad íntima que han ido formando, de acuerdo con sus tradiciones sagradas, acerca de Dios, del mundo y del hombre."[9] 
Y cabe comentar que algunos pusieron un esfuerzo admirable en "conocer más ampliamente la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los indios, su orden moral y sus preceptos religiosos", pero no llevados de admiración o aprecio por su cultura, sino con el confesado propósito de destruirla, al verla como satánica y, por tanto, absolutamente incompatible con el Evangelio de Cristo[10]. 
En nuestro mundo actual las circunstancias son diferentes, pero el problema es y será siempre el mismo, y, por lo tanto, sigue siendo perfectamente válido el modelo de solución que ahí nos dejó El. Para entender el por qué, es necesario que profundizemos en la historia de ambos protagonistas, en sus respectivas culturas y podamos así admirar -y aprovechar para nuestro mundo en nuestro tiempo- su maravillosa solución. 



Tierra insólita 

México es una tierra insólita donde todo está al revés del Viejo Mundo. En América el sitio ideal para emular a una "Mesopotamia" o un "Egipto" hubiesen sido las vastas llanuras e inmensos ríos del norte o del sur del continente, pero fue en las titánicas montañas de nuestras altiplanicies donde los indios americanos, y en particular los mexicanos, prefirieron asentar sus grandiosas ciudades, o bien en los pantanos del sur, o en los eriales calcáreos del sureste.
Nuestra propia posición geográfica es rara: un país surcado por el Trópico de Cáncer, pero en el cual está junto y a la vista hasta lo más inconcebible: pluviselvas y desiertos, hielo y fuego, calor y nieve. En el Viejo Mundo, además, primero aprenden a comer y luego a adornarse o instruirse; aquí nunca se pasa de edad de piedra, mas en arte, astronomía, matemáticas y lo que hoy sería ingeniería genética mediante la cual crearon alimentos como el maíz, superan a sus contemporáneos, que lo reconocen, un tanto de mala gana: "Si en los ritos e idolatrías mostraron ceguedad y engaño diabólico, al menos en las cosas de gobierno y policía, sujeción y reverencia, grandeza y autoridad, ánimo y fuerzas, no hallo quien los sobrepuje..."[11].

La conquista misma es muy fácil malentenderla, porque -para empezar- no fue "conquista", sino una guerra india provocada e instrumentalizada por los blancos, que jamás hubieran podido realizarla por si solos. El estereotipo que, en general, se tiene de ella es deprimente: Unos crueles indios habían formado un gran imperio sojuzgando a todos los demás, pero, en el fondo, todos eran tan débiles y tan tontos que se dejaron embaucar y esclavizar por una insignificante cáfila de bandidos blancos
[12], y de la mezcla de esos dos -de tontos y de bandidos- habría nacido México...

La realidad es diferentísima, más emocionante y enternecedora que la mejor obra de ficción. México no debiera existir dentro de la lógica de los aconteceres humanos, pues los indios eran inconquistables para las magras fuerzas españolas y, si por un imposible hubieran podido ser vencidos, la lógica pedía nuevamente que no se fusionaran, sino que hubieran sido exterminados o, al menos, marginados, como sucedió en tantas otras partes... pero nó, aquí nació un pueblo auténticamente mestizo hasta en la proporción numérica, pues su nacer cobró la vida de la mayoría de sus protagonistas, tanto indios como españoles, (los primeros, desde luego, en mucho mayor número, pero más o menos en igual proporción), de modo que, como veremos, no es presunción ni mojigatería , sino rigor histórico, proclamar que ese nacimiento es obra personal de la Madre de Dios. 


La conquista inconquistable


Esa idea de un "Imperio Mexicano" es falsa: los indios nada tenían de tontos, y menos de débiles. Post factum, es fácil pensar que su derrota fue tan sencilla como hoy lo parece
[13], pero consideremos que los mismos españoles tardaron más de 200 años en terminar de conquistar a los mayas, y que, pese a su insignificancia numérica, jamás pudieron con los chichimecas, las tribus del norte, que habrían después de pasar a la historia-folklore con el nombre de "Pieles Rojas". Los protagonistas estuvieron plenamente concientes de esto: No sólo Cortés, Bernal Díaz y todos los demás repiten unánimes que cuanto pudieron hacer fue obra de Dios, sino también observadores más críticos como el P. Joseph de Acosta, un jesuita que es el más científico y serio de los primeros historiadores, quien comenta textualmente:

 
            "Sucedieron en esta conquista de México muchas cosas maravillosas, y no tengo por mentira ni por encarecimiento, lo que dicen los que escriben, que favoreció Dios el negocio de los españoles con muchos milagros, y sin el favor del cielo era imposible vencerse tantas dificultades y allanarse toda la tierra al mando de tan pocos hombres."[14]. Y, un poco más adelante, especifica: "Quien estima en poco a los indios, y juzga que que con la ventaja que tienen los españoles de sus personas y caballos, y armas ofensivas y defensivas, podrán conquistar cualquier tierra y nación de indios, mucho se engaña. Allí está Chile, o por mejor decir, Arauco y Tucapel, que son dos valles que ha más de veinte y cinco años, que con pelear cada año y hacer todo su posible, no les han podido ganar nuestros españoles cuasi un pie de tierra, porque perdido una vez el miedo a los caballos y arcabuses, y sabiendo que el español cae también con la pedrada y con la flecha, atrévense los bárbaros y entran por las picas, y hacen su hecho. ¿Cuántos años ha que en la Nueva España se hace gente y va contra los chichimecos, que son unos pocos indios desnudos, con sus arcos y flechas, y hasta el día de hoy no están vencidos, antes cada día más atrevidos y desvengonzados? [...] No piense nadie que diciendo indios, ha de entenderse hombres de tronchos; y si no, llegue y pruebe. Atribúyase la gloria a quien se debe, que es principalmente a Dios y a su admirable disposición, que si Moctezuma en México y el Inga en el Perú, se pusieran a resistir a los españoles la entrada, poca parte fuera Cortés, ni Pizarro, aunque fueron excelentes capitanes, para hacer pie en la tierra."[15].  

                                    Fray Jerónimo de Mendieta, otro historiador franciscano de la época, traslada a México lo que Acosta aduce de Chile: "Y aun los españoles en días pasados les tuvieron harto miedo (A los chichimecas) [...] pelean desnudos [...] es cosa increíble con qué espantable ferocidad menosprecian el resto de los que se les ponen delante, aunque sean hombres armados y caballos encubertados [...] son tan alentados, ligeros y sueltos en el correr, que por maravilla los alcanzan los caballos. Muchos ejemplos se podían contar del estrago que han hecho en los españoles, pero basta uno solo que acaeció cerca de un paso que llaman la Entrada de las Bocas, adelante de Zacatecas, donde no muchos de los chichimecas desnudos, con sus solas flechas de caña, dejaron muertos a una capitanía de más de cincuenta soldados, armados ellos y sus caballos a uso de guerra, con arcabuces y lanzas, sin escapárseles uno solo que llevase la nueva"[16].  

Si eso hicieron "no muchos de los chichimecas desnudos", calculemos que habría podido hacer una nación de 30 millones
[17], en el ápice de apogeo militar...  Sencillamente, ni con ametralladoras hubieran podido superarlos unos cuantos españoles, amén de que éstos tampoco fueron simples saqueadores y bandidos, sino gentes convencidas de su misión y limitada por una consigna, que casi siempre respetaron, de nunca atacar sin ser atacados... Para entender, pues, algo tan insólito como es la historia del nacimiento de México, convendrá empezar examinando algo más de cerca a sus protagonistas.



Notas

[1] Cfr. Propositio 6.
[2] JUAN PABLO II, Discurso inaugural de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, (12 de octubre de 1992), 24: AAS 85 (1993), 826.
[3].- Cfr. NATIONAL CONFERENCE OF CATHOLIC BISHOPS, Behold Your Mother Woman of Faith, Washington 1973, 37.
[4] Cfr. Propositio 6.
[5] Juan Pablo II, "Exhortación Epostólica Ecclesia in America", Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 1999, cap. I, no. 11, pp. 19-20.
[6] JUAN PABLO II, Discurso inaugural de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, (12 de octubre de 1992), 24: AAS 85 (1993), 826. Vuelto a citar en el domcuneto Ecclesia in America, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 1999, cap. I, no. 11, pp. 19-20. 1999, no, 11
[7] POUPARD Paul, Cardenal Presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, Intervención en la 7a. Congregación General, presente el Santo Padre, el 20 de noviembre de 1997. (En GARCIA GONZALEZ L.C. Javier: "Historia del Sínodo de América", Ed. Nueva Evangelización, México 1999, p. 190).
[8] Discurso de S.S. Juan Pablo II a los indios en Latacunga, Ecuador, el jueves 31 de enero de 1995. Cita el Documento de Puebla, no. 405.
[9] Cfr. Decreto AD GENTES DIVINITUS del Concilio Vaticano II, nos. 11 y 28..
[10] Recordemos, a guisa de ejemplo entre mil, lo que proclaman paladinamente Durán y Sahagún como finalidad de sus escritos: "Hame movido, cristiano lector, a tomar esta ocupación  de poner y contar por escrito las idolatrías antiguas y religión falsa con que el demonio era servido, antes de que llegase a estas partes la predicación del santo Evangelio, el haber entendido que los que nos ocupamos en la doctrina de los indios nunca acabaremos de enseñarles a conocer al verdadero Dios, si primero no fueran raídas y borradas totalmente de su memoria las supersticiones, cerimonias y cultos falsos de los falsos dioses que adoraban, de la suerte que no es posible darse bien la sementera del trigo y los frutales en la tierra montuosa y llena de breñas y maleza, si no estuvieran primero gastadas todas las raices y cepas que ella de su natural producía." [...] "Jamás podremos hacerles conocer de veras a Dios, mientras de raíz no les hubiéremos tirado todo lo que huela a la vieja religión de sus antepasados" (DURAN O.P. Fr. Diego: "HISTORIA DE LAS INDIAS DE NUEVA ESPAÑA E ISLAS DE TIERRA FIRME", Ed. Porrúa, Biblioteca Porrúa nos. 36 y 37, México 1967, Ier tomo. Prólogo, nos. 1 y 12 pp. 3 y 5.). Y llega a más, pues adelante afirma: "Y si los españoles, entre las grandes crueldades y atroces que hicieron en matar hombres y mujeres y niños, mataran cuantos viejos y viejas hallaran, para que los nacidos después acá no tuvieran noticia de lo antiguo, fuera quizá, haciéndolo con celo de Dios, pecado y crueldad más remisible..." (Ibidem, cap. 7, no. 37, pag. 79.) 
Y Sahagún: "El médico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo (sin) que primero conozca de qué humor, o de qué causa proceda la enfermedad [...] Los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supersticiones idolátricas y agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas no son aun perdidos del todo. Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es saber cómo las usaban en tiempos de su idolatría..." (SAHAGUN Fray Bernardino de: Historia General de las Cosas de la Nueva España, Editorial Porrúa, Colección "Sepan Cuantos.." no. 300, México, 1975, Prólogo. Pag. 17.).).
[11] DURAN O.P. Fr. Diego: "Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme", Ed. Porrúa, Biblioteca Porrúa nos. 36 y 37, México 1967, tomo II, cap. 3, no. 6, p. 28.
[12] "Caso, cierto de notar, que, desembarcando el Marqués del Valle en esta tierra con sólo trescientos hombres, [...], se atreviesen a acometer a millones de indios que en la tierra había, [...] y que todos aquellos millones de gentes tuviesen un corazón tan asombrado y cobarde que huyesen de los trescientos." (DURAN: "Historia de las Indias...", tomo II, cap. 1, no. 10, p. 15.
[13] Es elocuente lo que comenta Fray Bernardino de Sahagún en su Prólogo: "Aprovechará mucho toda esta obra para conocer el quilate de esta gente mexicana, el cual aún no se ha conocido, porque vino sobre ellos aquella maldición que Jeremías de parte de Dios fulminó contra Judea y Jerusalem, diciendo, en el Cap. 5°: yo haré que venga sobre vosotros, yo traeré contra vosotros una gente muy de lejos, gente muy robusta y esforzada, gente muy antigua y diestra en el pelear, gente cuyo lenguaje no entenderéis ni jamás oísteis su manera de hablar; toda gente fuerte y animosa, codiciosísima de matar. Esta gente os destruirá a vosotros y a vuestras mujeres e hijos, y todo cuanto poseéis, y destruirá todos vuestros pueblos y edificios. Esto a la letra ha acontecido a estos indios con los españoles: fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por bárbaros y por gente de bajísimo quilate -como según verdad, en las cosas de policía echan el pie delante a muchos otras naciones, que tienen gran presunción de políticos, sacando algunas tiranías que su manera de regir contenía- En esto poco que con gran trabajo se ha rebuscado parece mucho la ventaja que hicieran si todo se pudiera haber." (SAHAGUN O.F.M. Fr. Bernardino de: "Historia General de las Cosas de la Nueva España", Editorial Porrúa, Col.  "Sepan Cuantos" no. 300, 3a. edición, México 1975, Prólogo, pp. 18-19.).
[14] ACOSTA Joseph de: "Historia Natural y Moral de las Indias". Primera edición en Sevilla, 1590.  Fondo de Cultura Económica, México, 1a. reimpresión de la 2a. Edición, 1979, libro VII, cap. 26, pág. 371.
[15] ACOSTA: "Historia Natural...". libro VII, cap. 28, p. 375.
[16] MENDIETA O.F.M. Fr. Jerónimo de: "Historia Eclesiástica Indiana". obra escrita a finales del siglo XVI, Editorial Porrúa, México 1971, 2a. edición facsimilar, libro V, prólogo, pp. 732-3.
[17] El cálculo de 30 millones es de Clavijero. (CLAVIJERO S.J. Francisco Javier: "Historia Antigua de México", Editorial Porrúa, Colección "Sepan Cuantos..." no. 29, México 1976, libro X, 7a. disertación, no 2, pp. 561-570.).
 
 
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