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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Excmo. Sr. José Guadalupe Galván Galindo, Obispo de la Diócesis de Torreón.

10 de agosto de 2005

Muy estimados sacerdotes, religiosas, hermanas y hermanos de nuestra querida Diócesis de Torreón. Ustedes peregrinos, procedentes de otros lugares, sean bienvenidos y gracias por acompañamos en esta celebración de nuestra peregrinación anual de la Diócesis de Torreón.

Como lo hemos hecho desde hace 47 años, nuevamente estamos aquí de todas nuestras comunidades representando a toda la Diócesis, pastores y fieles, postrados ante la Imagen bendita de Santa María de Guadalupe para presentarle esta manifestación de amor, de cariño, de fe y de gratitud.

Nos encontramos ante nuestra Madre Santísima de Guadalupe, aquí en el Tepeyac, lugar en donde el 12 de diciembre de 1531 vino a mostramos que era nuestra madre, escogiendo a uno de nuestros hermanos, a Juan Diego, hoy santo, para darse a conocer y damos su mensaje lleno de amor y ternura. A través del árate de Juan Diego y con el milagro de las rosas quiso quedarse entre nosotros dejándonos su imagen, muy amada por todos nosotros; en esta imagen sentimos su presencia, su cercanía y la mejor expresión de su amor maternal.

En actitud de peregrinos desde que salimos de nuestras comunidades, al salir temprano de la Glorieta de Peralvillo y al llegar a este Santuario, no buscamos otra cosa sino encontramos con Nuestro Señor Jesucristo por medio de su Madre. Queremos abrir nuestros corazones a una verdadera conversión, reafirmar nuestra comunión eclesial, propiciar la solidaridad como muestra de cercanía con los que menos tienen y a la vez poner en sus manos todos nuestros proyectos pastorales, como los hemos formulado entre todos y los hemos expresado en nuestro Plan Diocesano de Pastoral: COLABORAR EN LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IGLESIA SEGUIDORA DE JESUCRISTO POBRE, IMPULSADA POR EL ESPÍRITU SANTO, CIMENTADA EN EL EVANGELIO y URGIDA POR LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS QUE, CULTIVANDO UNA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN TRINITARIA PROMUEVA LA DIVERSIDAD DE CARlSMAS y MINISTERIOS PARA HACER PRESENTE EL REINO DE DIOS, DESENCADENANDO Y ACOMPAÑANDO PROCESOS EVANGELIZADORES INTEGRALES QUE RESPONDAN A LOS DESAFÍOS DE LA REALIDAD LAGUNERA.

Nuestra peregrinación diocesana la estamos realizando en el Año de la Eucaristía. Año convocado por el Papa Juan Pablo II y confirmado por el nuevo Papa Benedicto XVI.

En toda la Diócesis de Torreón, se ha estado celebrando este año de la Eucaristía. En las Parroquias, en los Decanatos y a nivel diocesano hemos orado ante el Santísimo Sacramento, lo hemos celebrado y adorado; y nos hemos esforzado para testimoniar con la vida cristiana y con la caridad fraterna la fecundidad del misterio eucarístico.

Nos ha servido la reflexión y el estudio para reafinar nuestra fe eucarística, conscientes de que la Iglesia vive de la Eucaristía desde sus orígenes. En ella siempre ha encontrado la razón de su existencia, es la fuente inagotable de su santidad, la fuerza de la unidad y el vínculo de la comunión, el impulso de su vitalidad evangélica, el principio de su acción evangelizadora, el manantial de la caridad, el estímulo de la promoción humana y la anticipación de su gloria en el Banquete eterno de las Bodas del Cordero.

En nuestra peregrinación diocesana a esta Basílica de Guadalupe queremos contemplar a la Santísima Virgen María íntimamente unida al misterio eucarístico; por muchas razones ella ha merecido ser llamada "Mujer eucarística".

La Virgen María vivió con espíritu eucarístico aún antes de que este sacramento fuera instituido, por el hecho de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. Durante nueve meses ella fue el sagrario vivo de Dios. Después, realizó un gesto eucarístico cuando presentó al Niño Jesús a los pastores, a los Magos y al sumo sacerdote en el templo. Un acto eucarístico fue su presencia y su solícita intercesión en Cana, en la hora del primer signo que el Hijo realizó ofreciéndose a través del milagro. Otro gesto similar realizó la Virgen Madre al pie de la cruz, participando en los sufrimientos de su Hijo y acogiendo en sus brazos el cuerpo para depositario en la tumba y esperar su resurrección. Un ofrecimiento de índole eucarística y eclesial fue su presencia en Pentecostés.

El Papa Benedicto XVI en su alocución del día 31 de mayo para celebrar la fiesta de la Visitación de la Virgen a santa Isabel afinó: "En cierto modo, podemos decir que su viaje fue la primera procesión eucarística de la historia. María, es sagrario vivo del Dios encarnado, es el Arca de la alianza en la que el Señor visitó y redimió a su pueblo. En el Año especial de la Eucaristía, que estamos viviendo, María nos ayuda sobre todo a descubrir cada vez más el gran sacramento de la Eucaristía".

Como la Virgen María, también la Iglesia hace presente al Señor Jesús por la celebración de la Eucaristía y lo ofrece a todos para que tengan vida en abundancia. Esta presencia eucarística de Jesús nos pide a cada uno de nosotros el saber reconocer también la presencia de Cristo en los hermanos y hermanas, especialmente en los pobres y en los marginados de la sociedad.

Nuestra peregrinación diocesana está enmarcada por las numerosas inquietudes y preocupaciones por la situación actual del país y por los problemas que nos toca vivir de cerca en nuestra Comarca Lagunera. Por ello acudimos a nuestra madre Santísima de Guadalupe pidiendo su protección y su ayuda para seguir trabajando juntos en bien de nuestras comunidades, estableciendo la armonía que Dios quiere para el hombre: en relación con sus hermanos, con la naturaleza, consigo mismo y con el mismo Dios. Que todos, pastores y fieles, sepamos asumir las responsabilidades que a cada quien nos corresponden.

Que Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra, cuide y guíe a nuestra Diócesis de Torreón. Que así sea.

 
 
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