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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Lázaro Pérez Jiménez,
Obispo de Celaya, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Celaya a la Basílica de Guadalupe.

10 de octubre de 2006

Estimados, hijos de esta hermosísima y muy querida Diócesis de Celaya.   Hoy, como todos los años anteriores, después de venir a este recinto sagrado en donde está la Morenita del Tepeyac, como le llamaba Juan Pablo II.

Estamos aquí todos, peregrinos a pie, estamos ciclistas, estamos antorchitas, seguramente algunos adoradores que estuvieron en la vigilia de anoche y familiares y amigos que han querido venir a unirse a esta gran peregrinación para estar frente a la imagen de nuestra madre, la santísima Virgen María. Pero quiero que pongamos atención a lo que estamos haciendo.  

Frente al Tepeyac, donde se apareció la santísima Virgen María, que se presenta como la madre de Aquel salvador, como la madre de Aquel por quien se vive, de Jesucristo; por consiguiente estamos frente a la Virgen de Guadalupe, la madre de Jesús. Pero María de Guadalupe nos pone siempre ante su hijo. Y ahora está Jesús, como en todas de las eucaristías, para alimentarnos con la palabra, alimentarnos con la oración, Él está con nosotros mientras oramos y sobretodo para alimentarnos con su cuerpo y con su sangre.

Aquí están los hermanos sacerdotes, podemos decir que hay una representación de la diócesis en su totalidad: está el obispo, están los sacerdotes, están los seminaristas, seguramente algunas religiosas y está, sobretodo, el gran pueblo de bautizados, la Iglesia completa es su existencia, en su misión, en su ser.

Hermanos, yo les decía a los peregrinos de pie y a los ciclistas, algo que quiero repetir: Es hermoso el espectáculo que nosotros podemos contemplar desde lo alto, ver lleno este atrio, verlo con una gran diversidad de personas de colores, seguramente movidos por la única fe y el amor a la Señora de Guadalupe. Y estamos aquí porque queremos manifestarle nuestro amor, somos sus hijos, y eso es hermoso.

Pero un buen peregrino no lo es solamente aquel que sale para llegar y se acabó. El buen peregrino comienza a serlo cuando regresa. Ahí es donde va a demostrar que ha peregrinado, porque de nada sirve; venir aquí, estar ante la imagen, confesarse en el camino, pedir perdón por los pecados; y al poco tiempo volver a lo mismo, a la misma frialdad, indiferencia, peregrinos que no van a misa los domingos, que sólo se confiesan cuando vienen en peregrinación.

Pues, sí, son peregrinos. Pero el peregrino auténtico demuestra que lo es al volver. Cuando al regresar en su familia, en su trabajo, ahí donde se mueve, todos pueden decir: es un buen peregrino, porque vino cambiado de su encuentro con Jesús en la Basílica de Guadalupe.

Ahora, mis queridos hermanos, estamos aquí ante la imagen de la Virgen. Ella nos está ofreciendo, una vez más, la posibilidad de estar con su Hijo en esta eucaristía.

Y todos los peregrinos que venimos a la Basílica siempre traemos alguna intensión guardada, seguro que cada uno de ustedes está aquí y está pidiendo algún favor o está dando gracias a la Virgen de Guadalupe por algún favor recibido.

Yo los invito a que pongamos en oración tres cosas que para nosotros son importantes. Primero, una vinculada con la peregrinación; un peregrino de los de bicicleta tuvo una caída y murió en el camino se llamaba Juan Ramírez. No podemos pasar por alto su muerte, no porque llegamos nosotros aquí debemos olvidarnos de un peregrino, él venía también al encuentro con María y se quedó en el camino, y tenemos que pedir por él.

Segunda petición que queremos hacerle a la Virgen María, no olvidemos hoy a las 12:00 al primer minuto de nuevo día, entraron en el estado de Guanajuato, y por consiguiente en nuestros once municipios, las nuevas autoridades, los nuevos presidentes municipales que durante tres años van a servir desde su posición política. Hay que pedir por ellos.  Tanto el apóstol Santiago como san Pablo, exhortan a pedir por las autoridades. Siempre estamos dispuestos a criticar sus errores, pero cuando los hemos encomendado en la oración. La Iglesia lo hace por lo menos en una ocasión oficialmente, el Viernes Santo pide por todas las autoridades. Pero nosotros hoy, al estar aquí ante la Basílica, a sabiendas de que a partir de media noche comenzaron estos nuevos presidentes y las demás autoridades a ofrecer el servicio hay que pedir por ellos: que no les falte la sabiduría, que no les falte la prudencia, que no les falte la sencillez para que realmente su gestión gubernamental pueda buscar el bien de todo el pueblo.

Hoy, sabemos que todavía hay muchas cosas que hacer en cada municipio, bueno, pues nosotros tenemos que colaborar, pero aquí hoy en este día en que nuestras autoridades comienzan a ejercer su oficio queremos ponerlas ante la Virgen de Guadalupe, decir cada quien: Señor no sé quien es mi presidente, a lo mejor no lo conozco, pero te lo pongo: Virgen santísima cubre con tu manto a las nuestras nuevas autoridades, que puedan hacer bien su trabajo en favor de todos, pero especialmente de los más necesitados.

Tercero, hermanos, yo los invito a que pidamos por nuestros migrantes, es sabido de todos que el estado de Guanajuato está entre los primeros cinco expulsores de migrantes.

¿Qué significa expulsor de migrantes? No es lo mismo que expulsados, no, expulsor significa gente que decide emigrar al norte y que va ahí porque en México no ha encontrado las mejores posibilidades para un desarrollo armónico, integral, para el bien de su familia. Yo creo que todos estos mexicanos y centroamericanos que atraviesan la frontera y que caminan por el desierto, que mueren por frío por el calor, no lo están haciendo por gusto, es gente que no ha tenido las mejores oportunidades en México, y sueñan con que ahí en el norte podrá mejorar su vida. Algunos a costa de su vida mueren en el desierto. Pero, vamos a pedir por ellos, por los que están allá, sobretodo por nuestros familiares que no tienen documentos y que son vistos como delincuentes. Y sobretodo ahora, hermanos, que sabemos que han tomado la decisión, las autoridades norteamericanas, para levantar un muro que les va a costar 1200 millones de dólares, dinero que bien puede ponerse al servicio del desarrollo humano de los pobres, de la educación, se pone para dividir dos países.

Un muro de la ignominia, un muro de la ofensa y cuando decimos esto no nos estamos refiriendo o hablando como si fuéramos antinorteamericanos; no somos amigos, pertenecemos a la misma humanidad, estamos en el mismo continente, pero hay fuerzas que no quieren a los mexicanos, no quieren a los migrantes. Y mientras en otros países los muros caen, mientras en Europa se vino para abajo el muro de Berlín, para buscar la integración de un Continente, aquí resulta que para evitar que filtre gente que pueda poner en duda o pueda poner en peligro la seguridad de toda una nación, nos ponen muros para evitar que centroamericanos y mexicanos puedan atravesar la frontera.

Esto no lo puede ver bien la Virgen María, no lo puede ver. Y alguna vez creó que aquí lo he dicho: ¿Por qué la Virgen María se apareció en México y no en Estados Unidos? Porque de haberse aparecido morenita la hubieran echado para México, eso hubiera pasado. La Virgen vino acá, aquí la hemos recibido bien, allá por el sólo hecho de verla extranjera la hubieran llevado a la frontera.

Qué bueno que la Virgen quiso quedarse con nosotros. Pero, hoy es una realidad que tenemos muchos hermanos nuestros, hijos de ustedes, esposos, familiares, primos, que están allá. Muchos seguramente que no tiene documentos, muchos que están mal pagados, porque por falta de documentos oficiales caen en manos de cualquier coyote, de cualquier empleador que les paga un salario de miseria, irrisorio, injusto. Seguramente ustedes tienen hermanos ahí, familiares que están viviendo bajo el temor de que un día la migración los tome y los rechace y los devuelva a México.

No, podemos permitir esto hermanos, hay que pedirle a la Virgencita que toque el corazón de quienes están tomando estas normas, estas leyes tan rígidas y pensar que a los ojos de Dios no hay fronteras, que a los ojos de Dios no hay muros, que no importa el color de la piel, ni la nación, ni la cultura, todos somos sus hijos y todos sus hijos tienen derecho a buscar un mejor nivel de vida. De modo que desde aquí nosotros nos oponemos frente a la imagen de la Virgen a que se levanten muros, que es una ofensa para el pueblo mexicano, sobretodo para el pueblo pobre.

Voy añadir una cuarta petición: Por México, ya vemos que las cosas, pues,  no marchan del todo bien, hay conflictos, lo peor sería no verlos, todavía existe un problema en un estado, y nosotros no lo vamos a definir por lo que llegan hacer. Tenemos que pedirle a la Virgen que ilumine a quienes tienen la solución en las manos y que todo esto se haga sin violencia y sin muerte.

Aquí tenemos cuatro peticiones importantes que tenemos que hacer a la Virgen el día de hoy, primero por Juan Ramírez; segundo vamos a pedir por las autoridades que hoy comienzan a fungir como tales; tercero pedir por nuestros migrantes que se ven amenazados en Estados Unidos y al mismo tiempo rechazando ante la Virgen el levantamiento de muros que son una ignominia para México y en cuarto lugar pedir también por la pronta pacificación de México. Para que pronto todos los mexicanos aunque tengamos distintas maneras de pensar, de ver, de juzgar, distintas ideas, distintos partidos, pero que por encima de todo nos sintamos mexicanos, hijos de una patria que merece lo mejor.

Ahora, para concluir hermanos, quiero decirles que hace dos días se publicó oficialmente que la próxima reunión que va a tener en Santo Padre con obispos representantes de todo el mundo, en una asamblea que se llama Sínodo, que ya habido por lo menos 16 desde el año 1965.  El Papa ha pedido como tema, un tema hermosísimo, los obispos van a reflexionar con el Papa sobre la importancia de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia. La Palabra de Dios escrita, la Palabra de Dios predicada, la importancia es alimento, el catecismo de Iglesia Católica dice: que la Iglesia siempre ha puesto para reverenciar la Eucaristía y la Biblia, la Palabra de Dios. Pero, no se trata sencillamente de pensar que la Palabra de Dios la tenemos porque contamos con una Biblia en la casa.

Hoy, hemos visto un ejemplo hermosísimo que el mismo Jesús avala: Jesús llega a una casa donde están dos hermanas, una muy preocupada por darle a Jesús lo mejor para el momento en que llega la comida y la otra se queda sentada escuchando a Jesús.

La que está haciendo la comida se queja porque la deja sola su hermana y no va ayudarla. Pero, Jesús dice; Martha a ti te ocupan muchas cosas, te preocupas por muchas cosas y una es necesaria, y Martha escogió la mejor parte, ¿cuál es está mejor parte? Sentarse como discípulo a los pies de Jesús, para dejarse formar, educar, evangelizar por Él. Jesús estaba dando la buena noticia a María, y Jesús dice a tomado la mejor parte.

Bueno, pues nosotros mientras nos preparamos al sínodo de obispos del próximo año, aquí le decimos a la Morenita, que así como Ella también es ejemplo de escucha de contemplación de la Palabra que nos tenga siempre ese corazón abierto para cuantas veces se proclamé el Evangelio tomar la actitud de María en silencio para dejarnos evangelizar por la buena noticia de Jesucristo. Y que en esta Eucaristía al encontrarnos con Cristo, nos regresemos fuertemente, muy fuertemente cimentados en esta Iglesia que es una comunidad que peregrina en un lugar hermoso que se llama Diócesis de Celaya.

Que Dios le bendiga hermanos, felicidades por haber venido aquí a esta peregrinación.

 
 
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