Estimados,
hijos de esta hermosísima y muy querida Diócesis de Celaya.
Hoy,
como todos los años anteriores, después de venir a este
recinto sagrado en donde está la Morenita del Tepeyac, como
le llamaba Juan Pablo II.
Estamos
aquí todos, peregrinos a pie, estamos ciclistas, estamos
antorchitas, seguramente algunos adoradores que estuvieron
en la vigilia de anoche y familiares y amigos que han querido
venir a unirse a esta gran peregrinación para estar frente
a la imagen de nuestra madre, la santísima Virgen María.
Pero quiero que pongamos atención a lo que estamos haciendo.
Frente
al Tepeyac, donde se apareció la santísima Virgen María,
que se presenta como la madre de Aquel salvador, como la
madre de Aquel por quien se vive, de Jesucristo; por consiguiente
estamos frente a la Virgen de Guadalupe, la madre de Jesús.
Pero María de Guadalupe nos pone siempre ante su hijo. Y
ahora está Jesús, como en todas de las eucaristías, para
alimentarnos con la palabra, alimentarnos con la oración,
Él está con nosotros mientras oramos y sobretodo para alimentarnos
con su cuerpo y con su sangre.
Aquí
están los hermanos sacerdotes, podemos decir que hay una
representación de la diócesis en su totalidad: está el obispo,
están los sacerdotes, están los seminaristas, seguramente
algunas religiosas y está, sobretodo, el gran pueblo de
bautizados, la Iglesia completa es su existencia, en su
misión, en su ser.
Hermanos,
yo les decía a los peregrinos de pie y a los ciclistas,
algo que quiero repetir: Es hermoso el espectáculo que nosotros
podemos contemplar desde lo alto, ver lleno este atrio,
verlo con una gran diversidad de personas de colores, seguramente
movidos por la única fe y el amor a la Señora de Guadalupe.
Y estamos aquí porque queremos manifestarle nuestro amor,
somos sus hijos, y eso es hermoso.
Pero un buen peregrino no lo es solamente aquel que sale
para llegar y se acabó. El buen peregrino comienza a serlo
cuando regresa. Ahí es donde va a demostrar que ha peregrinado,
porque de nada sirve; venir aquí, estar ante la imagen,
confesarse en el camino, pedir perdón por los pecados; y
al poco tiempo volver a lo mismo, a la misma frialdad, indiferencia,
peregrinos que no van a misa los domingos, que sólo se confiesan
cuando vienen en peregrinación.
Pues,
sí, son peregrinos. Pero el peregrino auténtico demuestra
que lo es al volver. Cuando al regresar en su familia, en
su trabajo, ahí donde se mueve, todos pueden decir: es un
buen peregrino, porque vino cambiado de su encuentro con
Jesús en la Basílica de Guadalupe.
Ahora,
mis queridos hermanos, estamos aquí ante la imagen de la
Virgen. Ella nos está ofreciendo, una vez más, la posibilidad
de estar con su Hijo en esta eucaristía.
Y
todos los peregrinos que venimos a la Basílica siempre traemos
alguna intensión guardada, seguro que cada uno de ustedes
está aquí y está pidiendo algún favor o está dando gracias
a la Virgen de Guadalupe por algún favor recibido.
Yo
los invito a que pongamos en oración tres cosas que para
nosotros son importantes. Primero, una vinculada con la
peregrinación; un peregrino de los de bicicleta tuvo una
caída y murió en el camino se llamaba Juan Ramírez. No podemos
pasar por alto su muerte, no porque llegamos nosotros aquí
debemos olvidarnos de un peregrino, él venía también al
encuentro con María y se quedó en el camino, y tenemos que
pedir por él.
Segunda
petición que queremos hacerle a la Virgen María, no olvidemos
hoy a las 12:00 al primer minuto de nuevo día, entraron
en el estado de Guanajuato, y por consiguiente en nuestros
once municipios, las nuevas autoridades, los nuevos presidentes
municipales que durante tres años van a servir desde su
posición política. Hay que pedir por ellos. Tanto el apóstol
Santiago como san Pablo, exhortan a pedir por las autoridades.
Siempre estamos dispuestos a criticar sus errores, pero
cuando los hemos encomendado en la oración. La Iglesia lo
hace por lo menos en una ocasión oficialmente, el Viernes
Santo pide por todas las autoridades. Pero nosotros hoy,
al estar aquí ante la Basílica, a sabiendas de que a partir
de media noche comenzaron estos nuevos presidentes y las
demás autoridades a ofrecer el servicio hay que pedir por
ellos: que no les falte la sabiduría, que no les falte la
prudencia, que no les falte la sencillez para que realmente
su gestión gubernamental pueda buscar el bien de todo el
pueblo.
Hoy,
sabemos que todavía hay muchas cosas que hacer en cada municipio,
bueno, pues nosotros tenemos que colaborar, pero aquí hoy
en este día en que nuestras autoridades comienzan a ejercer
su oficio queremos ponerlas ante la Virgen de Guadalupe,
decir cada quien: Señor no sé quien es mi presidente, a
lo mejor no lo conozco, pero te lo pongo: Virgen santísima
cubre con tu manto a las nuestras nuevas autoridades, que
puedan hacer bien su trabajo en favor de todos, pero especialmente
de los más necesitados.
Tercero,
hermanos, yo los invito a que pidamos por nuestros migrantes,
es sabido de todos que el estado de Guanajuato está entre
los primeros cinco expulsores de migrantes.
¿Qué
significa expulsor de migrantes? No es lo mismo que expulsados,
no, expulsor significa gente que decide emigrar al norte
y que va ahí porque en México no ha encontrado las mejores
posibilidades para un desarrollo armónico, integral, para
el bien de su familia. Yo creo que todos estos mexicanos
y centroamericanos que atraviesan la frontera y que caminan
por el desierto, que mueren por frío por el calor, no lo
están haciendo por gusto, es gente que no ha tenido las
mejores oportunidades en México, y sueñan con que ahí en
el norte podrá mejorar su vida. Algunos a costa de su vida
mueren en el desierto. Pero, vamos a pedir por ellos, por
los que están allá, sobretodo por nuestros familiares que
no tienen documentos y que son vistos como delincuentes.
Y sobretodo ahora, hermanos, que sabemos que han tomado
la decisión, las autoridades norteamericanas, para levantar
un muro que les va a costar 1200 millones de dólares, dinero
que bien puede ponerse al servicio del desarrollo humano
de los pobres, de la educación, se pone para dividir dos
países.
Un
muro de la ignominia, un muro de la ofensa y cuando decimos
esto no nos estamos refiriendo o hablando como si fuéramos
antinorteamericanos; no somos amigos, pertenecemos a la
misma humanidad, estamos en el mismo continente, pero hay
fuerzas que no quieren a los mexicanos, no quieren a los
migrantes. Y mientras en otros países los muros caen, mientras
en Europa se vino para abajo el muro de Berlín, para buscar
la integración de un Continente, aquí resulta que para evitar
que filtre gente que pueda poner en duda o pueda poner en
peligro la seguridad de toda una nación, nos ponen muros
para evitar que centroamericanos y mexicanos puedan atravesar
la frontera.
Esto
no lo puede ver bien la Virgen María, no lo puede ver. Y
alguna vez creó que aquí lo he dicho: ¿Por qué la Virgen
María se apareció en México y no en Estados Unidos? Porque
de haberse aparecido morenita la hubieran echado para México,
eso hubiera pasado. La Virgen vino acá, aquí la hemos recibido
bien, allá por el sólo hecho de verla extranjera la hubieran
llevado a la frontera.
Qué
bueno que la Virgen quiso quedarse con nosotros. Pero, hoy
es una realidad que tenemos muchos hermanos nuestros, hijos
de ustedes, esposos, familiares, primos, que están allá.
Muchos seguramente que no tiene documentos, muchos que están
mal pagados, porque por falta de documentos oficiales caen
en manos de cualquier coyote, de cualquier empleador que
les paga un salario de miseria, irrisorio, injusto. Seguramente
ustedes tienen hermanos ahí, familiares que están viviendo
bajo el temor de que un día la migración los tome y los
rechace y los devuelva a México.
No,
podemos permitir esto hermanos, hay que pedirle a la Virgencita
que toque el corazón de quienes están tomando estas normas,
estas leyes tan rígidas y pensar que a los ojos de Dios
no hay fronteras, que a los ojos de Dios no hay muros, que
no importa el color de la piel, ni la nación, ni la cultura,
todos somos sus hijos y todos sus hijos tienen derecho a
buscar un mejor nivel de vida. De modo que desde aquí nosotros
nos oponemos frente a la imagen de la Virgen a que se levanten
muros, que es una ofensa para el pueblo mexicano, sobretodo
para el pueblo pobre.
Voy
añadir una cuarta petición: Por México, ya vemos que las
cosas, pues, no marchan del todo bien, hay conflictos,
lo peor sería no verlos, todavía existe un problema en un
estado, y nosotros no lo vamos a definir por lo que llegan
hacer. Tenemos que pedirle a la Virgen que ilumine a quienes
tienen la solución en las manos y que todo esto se haga
sin violencia y sin muerte.
Aquí
tenemos cuatro peticiones importantes que tenemos que hacer
a la Virgen el día de hoy, primero por Juan Ramírez; segundo
vamos a pedir por las autoridades que hoy comienzan a fungir
como tales; tercero pedir por nuestros migrantes que se
ven amenazados en Estados Unidos y al mismo tiempo rechazando
ante la Virgen el levantamiento de muros que son una ignominia
para México y en cuarto lugar pedir también por la pronta
pacificación de México. Para que pronto todos los mexicanos
aunque tengamos distintas maneras de pensar, de ver, de
juzgar, distintas ideas, distintos partidos, pero que por
encima de todo nos sintamos mexicanos, hijos de una patria
que merece lo mejor.
Ahora,
para concluir hermanos, quiero decirles que hace dos días
se publicó oficialmente que la próxima reunión que va a
tener en Santo Padre con obispos representantes de todo
el mundo, en una asamblea que se llama Sínodo, que ya habido
por lo menos 16 desde el año 1965. El Papa ha pedido como
tema, un tema hermosísimo, los obispos van a reflexionar
con el Papa sobre la importancia de la Palabra de Dios en
la vida de la Iglesia. La Palabra de Dios escrita, la Palabra
de Dios predicada, la importancia es alimento, el catecismo
de Iglesia Católica dice: que la Iglesia siempre ha puesto
para reverenciar la Eucaristía y la Biblia, la Palabra de
Dios. Pero, no se trata sencillamente de pensar que la Palabra
de Dios la tenemos porque contamos con una Biblia en la
casa.
Hoy,
hemos visto un ejemplo hermosísimo que el mismo Jesús avala:
Jesús llega a una casa donde están dos hermanas, una muy
preocupada por darle a Jesús lo mejor para el momento en
que llega la comida y la otra se queda sentada escuchando
a Jesús.
La que está haciendo la comida se queja porque la deja sola
su hermana y no va ayudarla. Pero, Jesús dice; Martha a
ti te ocupan muchas cosas, te preocupas por muchas cosas
y una es necesaria, y Martha escogió la mejor parte, ¿cuál
es está mejor parte? Sentarse como discípulo a los pies
de Jesús, para dejarse formar, educar, evangelizar por Él.
Jesús estaba dando la buena noticia a María, y Jesús dice
a tomado la mejor parte.
Bueno,
pues nosotros mientras nos preparamos al sínodo de obispos
del próximo año, aquí le decimos a la Morenita, que así
como Ella también es ejemplo de escucha de contemplación
de la Palabra que nos tenga siempre ese corazón abierto
para cuantas veces se proclamé el Evangelio tomar la actitud
de María en silencio para dejarnos evangelizar por la buena
noticia de Jesucristo. Y
que en esta Eucaristía al encontrarnos con Cristo, nos regresemos
fuertemente, muy fuertemente cimentados en esta Iglesia
que es una comunidad que peregrina en un lugar hermoso que
se llama Diócesis de Celaya.
Que
Dios le bendiga hermanos, felicidades por haber venido aquí
a esta peregrinación. |
|