| |
Esta
Iglesia de las Mixtecas, peregrinan por tierras de Oaxaca y Puebla,
hoy colinda con las Arquidiócesis de Puebla, Oaxaca y las Diócesis de
Tehuacan y Tlapa.
Las primeras noticias de la evangelización son: 1535–1538: Chila, 1544:
Acatlán y Coixtlahuaca, 1547: Juxtlahuaca, 1551: Tejupan, 1558: Tamazulapan
y Tecomaxtlahuaca, 1561: Mixtepec.
Rendimos homenaje, a quienes fueron los primeros evangelizadores de
nuestra Mixteca: los Dominicos, en especial a Gónzalo Lucero
y Bernardino Minaya 16 de julio de 1870, se propone la erección de la
Diócesis de las Mixtecas a Su Santidad Pío IX, le ofrecen para sede:
Acatlán, Pue; y Tlaxiaco, Oax; Su Santidad se decide por Huajuapan.
Urgido
por el Obispo de Puebla, Melitón Vargas, el Párroco de Huajuapan, Rafael
Amador y Hernández, continúa los trámites de la erección, el 1 de enero
de 1896.
Homilía
pronunciada por Mons. Teodoro
Enrique Pino Miranda, Obispo de Huajapan de León,
en ocasión de la peregrinación
de la Diócesis de Huajan de León,
Oaxaca a la Basílica de Guadalupe
19 de abril de 2006
Queridos hermanos y hermanas… saludo a todos los peregrinos
a esta monumental Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe y
de una manera especial a los peregrinos de la Diócesis de Huajuapan
de León: a los sacerdotes que están presentes en esta concelebración,
a las religiosas y esforzados laicos que una vez más se hacen
presentes en esta tradicional peregrinación de nuestra Diócesis
a esta hermosa y significativa casa de nuestra Madre que nos
cobija y nos alienta en nuestro cotidiano acontecer, como discípulos
del Señor.
Nuestro singular saludo quiere ser el reflejo de una Iglesia
que se levanta y se fortalece ante el acontecimiento evangélico:
CRISTO HA RESUCITADO. Para nosotros no es solo una
expresión obligada del momento, sino que brota de nuestro
mismo ser. Así nos lo manifiesta el mensaje pascual de su
Santidad Benedicto XVI: “Su resurrección, gracias al Bautismo
que nos “incorpora” a El, es nuestra resurrección. Lo había
preanunciado el profeta Ezequiel:
“Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros
sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel”
(Ez 37,12) Estas palabras proféticas adquieren un valor singular
en el día de Pascua, porque hoy se cumple la promesa del Creador;
hoy, también en esta época nuestra marcada por la inquietud
y la incertidumbre, revivimos el acontecimiento de la resurrección,
que ha cambiado el rostro de nuestra vida, ha cambiado la
historia de la humanidad.
Cuantos permanecen todavía bajo las cadenas del sufrimiento
y la muerte, aguardan, a veces de modo inconsciente, la esperanza
de Cristo resucitado”.
Por eso nuestra Iglesia en su liturgia revive en cada día de
la octava esta presencia permanente, como lo canta en el himno
de Laúdes: “gloriosa aurora de este nuevo día, despierta en
nuestras almas la alegría de ver nuestro Señor resucitado,
vencidos ya la muerte y el pecado”.
No es un pasado el que con gran gozo hacemos nuestro, sino
un presente que se abre con la esperanza propia del cristiano,
la misma que broto de labios de los mensajeros de Dios, aquella
mañana, para llenar de gozo el corazón de las mujeres: “¿Por
qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha
resucitado” (Lc. 24, 59).
Si aquellas mujeres se alegraron ¿cuánto más el corazón de
la Mujer que se hizo uno con él en el cumplimiento de su misión?
Por eso, hemos venido a celebrar con ella este acontecimiento.
Hemos venido para volver a escuchar su mensaje, que en los
oídos de san Juan Diego, sirvió para disipar sus dudas en
el ambiente de su cultura: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío,
el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa
María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, del
Creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación,
el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra” (Nican Mopohua
26) Fue ella, la que hizo resonar en el corazón de nuestra
cultura y precisamente en este lugar el mensaje de la Resurrección:
“el Dios por quién se vive” ¿acaso nos llega la vida de alguien
que no la posee?.
Aunque las semillas del Evangelio ya habían sido esparcidas
en muchos puntos de nuestro México, las dificultades para
su crecimiento y fortalecimiento no eran pocas. Fue ella nuestra
Madre la que abrió el camino de una evangelización que ellos
sintieron cercana, por los signos con los cuáles nuestra Madre
se presento. El milagro se produjo y se sigue produciendo
en un pueblo que le manifiesta su amor y su cariño, porque
ha encontrado en su mediación la experiencia, de un Cristo
vivo que alivia, que fortalece, pero que sobretodo abre los
corazones a la esperanza.
Vivimos un México que nos pide redención
Hoy la Liturgia del día nos transmite el acontecimiento de
los apóstoles Pedro y Juan al entrar al templo de Jerusalén.
Lugar que los primeros cristianos hicieron suyo, cuando todavía
no llegaba la ruptura con el judaísmo. . Era templo al cuál
convergían las miradas de todo el Pueblo, sobre todo en la
fiesta de la Pascua.
Allí estaba un paralítico que al verlos extiende su mano solicitando
una ofrenda. Pedro le dice: “no tengo oro ni plata, pero te
voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo Nazareno,
levántate y camina” y el milagro se realiza, cuando aquel
hombre se incorpora. Nuestra Madre le dice a san Juan Diego:
“mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita
sagrada. En donde les mostraré, los ensalzaré al ponerlo de
manifiesto. Lo daré a las gentes en todo mi amor personal,
en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación; porque
yo en verdad soy vuestra madre compasiva” (NM 26-29). ¿Qué
nos hacen ver estos relatos? Pedro manifiesta al paralítico
asi como a los testigos del milagro que Jesús está vivo.
Es el mismo de Nazareth, cuyo poder sigue actuando. María continúa
esa misma acción: ¿acaso no somos testigos, como lo han sido
la larga tradición de cerca de 500 años de hechos semejantes?
¡A cuántos hemos visto desfilar cargando con sus penas y sufrimientos
franquear esta puerta?. ¿A cuántos Dios le ha tocado el corazón
por mediación de María no solo con sus milagros físicos, sino
con el alivio de su espíritu?. Es que la acción amorosa de
Dios no se limita al tiempo, o al espacio, sino que se sigue
mostrando hoy con la misma intensidad.
Hoy cuando muchos se preguntan cuál es el aporte de la Iglesia
en las actuales situaciones de sufrimiento de nuestro pueblo,
nos podemos acercar a las palabras de su Santidad Juan Pablo
II en la NMI 29: “No, no será una fórmula lo que nos salve,
pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: “Yo
estoy con vosotros”…
Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición
viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay
que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria
y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento
en la Jerusalén celeste”.
La tarea evangelizadora de la Iglesia es hacer presencia de
Cristo. A la luz de su Evangelio la Iglesia Latinoamérica
hoy se encuentra en un estado de preparación hacia la V Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe con el
lema: Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros
pueblos en El tengan vida” “Yo soy el Camino, la Verdad. y
la Vida” (Jn. 14,16) en esta preparación invita a todo el
pueblo de Dios a vivir en unión íntima con Jesús y su mandato
misionero, sin olvidarnos de una realidad que clama, sobre
todo en los vacíos que la misma evangelización ha dejado en
el caminar de los pueblos, sin olvidar la gran esperanza que
brota de los signos del resucitado en muchos aspectos de la
vida de nuestra Iglesia.
Bien conviene escuchar la voz de nuestro actual Pontífice
Benedicto XVI en su mensaje Pascual: “Que el espíritu del
Resucitado suscite un renovado dinamismo en el compromiso
de os Países de Latinoamérica, para que se mejoren las condiciones
de vida de millones de ciudadanos, se extirpe la execrable
plaga de secuestros de personas y se consoliden las instituciones
democráticas, en espíritu de concordia yde solidaridad activa”.
El mismo documento de participación nos recuerda la acción
de la Virgen de Guadalupe: “Dios quiso valerse de la aparición
de la Virgen de Guadalupe, de su maternidad, su amor personal
y su mirada compasiva, para abrir las puertas del corazón
del los pueblos autóctonos a Jesucristo, Noticia del Padre
para su vida.En ella descubrieron el amor de Dios y su benevolencia
hacia todos ellos” “ 23.
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
¿Cómo no alegrarnos en este momento ante su testimonio de Evangelio
inculturado?
Lo reconocieron al partir el pan
El Evangelio nos habla de aquellos discípulos que partieron
de Jerusalén sin prestar oídos serios al acontecimiento, sino que
mas bien manifiestan desaliento ante ver destruidas sus expectativas;
pero el Señor los acompaña, comparte, exhorta…” ellos creyeron después
de una laborioso itinerario del espíritu. . En realidad, aunque se
viese y se tocase su cuerpo, solo la fe podía franquear el misterio
de aquel rostro” NMI19. Y así fue; al partir el pan.
Es para nosotros, hombres y mujeres de fe, un testimonio de nuestra
fe en Cristo Resucitado, la Eucaristía. Ella misma debe de ser para
nosotros el llamado permanente a permanecer de pie, como aconteció
con esos discípulos: “Se levantaron inmediatamente y regresaron a
Jerusalén”.
Con ese espíritu hoy nos hemos querido acercar a este recinto
de nuestra Madre para testimoniarle nuestro afecto y nuestra gratitud
y para vivir junto con ella el perenne anuncio de la Resurrección.
Unidos como familia alrededor del altar, sentimos correr por nuestras
venas las urgencias que nos lastiman, pero no queremos que sea el
desaliento el que nos contagie, sino la fuerza del Resucitado.
Queremos que los signos de vida se multipliquen para vencer las redes
de la “cultura de la muerte” Queremos que nuestra fe, se sienta más
comprometida con la ciudad de los hombres, ya que no hay espacio humano
que no deba ser llenado por el Evangelio. Queremos que como hombres
de fe seamos capaces de participar en los próximos comicios, haciendo
prevalecer la verdad y la justicia, ya que no somos ajenos a lo que
el pueblo siente y vive.
Queremos que la inmensa brecha que se sigue abriendo entre los pocos
que tienen mucho y los muchos que tienen poco, se acorte en una solidaridad
que emana de los valores del Evangelio. Queremos que nuestra religiosidad
popular tan abundante no sea motivo de enajenación, sino base segura
que alimente el caminar de nuestros pueblos. Queremos que los derechos
humanos sean respetados, como para podernos sentar en la mesa como
hijos de un mismo Padre, sin discriminaciones de ninguna clase.
Queremos hacer brillar la coherencia entre los que dicen creer, aunque
sus acciones no corresponden a su fe. Queremos que la acción evangelizadora
no sea patrimonio de unos cuántos, sino ambiente que cobije a todos
haciendo brillar los valores del Evangelio en la Cultura. Queremos
que el cariño y amor a nuestra Madre vaya más allá, haciendo resaltar
los valores de la mujer, que tantos atropellos ha vivido y sigue viviendo
en nuestro medio. Queremos que nunca más se siga violentado la convivencia,
con el uso de armamentos que siguen cegando vidas.
Queremos que nuestros pueblos, tengan las oportunidades suficientes
para una mejor calidad de vida, dejando a un lado el fenómeno de la
migración que junto con sus bienes está dejando una secuela de males.
Queremos en una palabra, vivir como pueblo de fe, que ha puesto su
esperanza en el Señor y lucha y se esfuerza por mejor su condición
humana.
Oh María, danos tu mirada y pasea tu mano cariñosa sobre nosotros
para que fortalecidos en esta visita lleguemos a nuestro ambiente
con los ojos que han contemplado al Salvador y han encontrado en él,
la fuerza para seguir nuestro peregrinaje a la casa del Padre.
Danos oh María tu bendición….
|
|