Apreciado Sr. Obispo emérito José de
Jesús Castillo Rentería, queridos hermanos sacerdotes, diáconos,
religiosos, religiosas y laicos.
Hoy nos encontramos radiantes de felicidad
al llegar a este recinto sagrado, a la Basílica de nuestra
Señora de Guadalupe y celebrar la Eucaristía, conmemorando
la vigésima séptima peregrinación de nuestra Iglesia Particular
de Tuxtepec, Oaxaca.
Hemos llegado de las distintas parroquias
y decanatos de nuestra hermosa Diócesis de Tuxtepec, de los
decanatos Norte, Centro, La Asunción, Chinanteco y Mazateco,
a todos nosotros peregrinos, nos une el amor a nuestra Madre
la Virgen de Guadalupe, y el deseo de querer colaborar con
su Hijo Jesucristo en la construcción de una sociedad más
humana, justa y fraterna.
Estamos aquí con sencillez, para manifestarle
a nuestra madre la morenita del Tepeyac.
El gran cariño que le tenemos, para darle las gracias por
su presencia amorosa, por el gran apoyo que sentimos de ella
en nuestras vidas, en la vida de nuestras comunidades y de
nuestro México, a la vez, pedirle aliento y fortaleza para
continuar caminando con alegría y esperanza.
Hemos venido con mucha fe a la casa
de nuestra Madre para estar con ella, para escucharla y platicarle
acerca de nuestra vida, con sus alegrías y tristezas, logros
y fracasos, salud y enfermedad.
Queremos conversar con ella de tantas
cosas, pedirle por la salud de algún familiar o amigo; tal
vez de la situación económica tan difícil por las que atraviesan
nuestras familias y comunidades.
La preocupación que tenemos por los hermanos y hermanas migrantes
que han salido a ciudades dentro del País o a los Estados
Unidos de Norteamérica.
En busca de dinero para sacar adelante a sus familias, y que
muchas veces tienen el peligro de no conservar su familia
e ir perdiendo la fe sus costumbres y tradiciones; de los
problemas familiares.
La violencia intrafamiliar, la falta de amor y diálogo entre
los esposos que repercute en la educación de los hijos; las
adicciones que van aumentando como el alcoholismo y la drogadicción...
La falta de empleo, de educación, de vivienda, de salud...
en fin, son tanta cosas que traemos en nuestro corazón, pero
tengamos la seguridad que ella nos escucha con mucha atención
y cariño, y nos bendice porque nos ama ¿Qué no estoy yo aquí
que soy tu madre?
El Evangelio que acaba de ser proclamado
nos presenta la figura excelsa de María, el porque de su grandeza
y lo fundamental de su misión.
María lleva ya en su seno al Hijo de Dios. Su misión es comunicarlo.
Por eso va presurosa a casa de Isabel.
Al llegar María y saludar a su prima, ésta queda llena del
Espíritu Santo, reconoce a María y su misión:
"Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu
vientre. ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga
a verme?".
Reconoce igualmente la cooperación
de María a esa magna obra: "Dichosa tú que has creído,
porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor
y María prorrumpe en el canto maravilloso "Mi alma glorifica
al Señor... porque puso los ojos en la humildad de su esclava".
Esto mismo es lo que celebramos hoy:
Hace 475 años, María cumplió en nosotros su papel de Madre,
de portadora de Cristo.
Cuando estaba naciendo nuestra raza, nuestra nacionalidad,
viene a darnos a su Hijo, que quería nacer en nuestra tierra.
Ella nos sigue diciendo, como a San Juan Diego: "Sábelo,
ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que soy la perfecta
siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien
se vive.
Ella nos sigue pidiendo que nuestro
cristianismo sea una realidad viva y efectiva, no sólo una
herencia o tradición.
Que conozcamos más a Cristo. Que lo sigamos siéndole fieles.
Que lo anunciemos, siendo perseverantes en nuestro compromiso
cristiano.
Que construyamos el Reino de Dios con bases de justicia, de
honradez, de ética y de trabajo.
Hoy la Virgen de Guadalupe, nuestra
madre, nos invita a que regresemos a nuestras casas, a nuestras
parroquias, a nuestros decanatos, a nuestra Diócesis, fortalecidos
y animados, con nuevos y renovados bríos, con nuevas esperanzas
e ilusiones de ser mejores personas y mejores cristianos.
En esta ocasión privilegiada que nos
reunimos en torno a la Mesa del Señor como Iglesia Diocesana,
quiero invitarles a que participen en cada una de sus parroquias
en la etapa de preparación de la V Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se realizará durante
el mes de Mayo de 2007.
En Aparecida, en Brasil, y que lleva como título "Discípulos
y Misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en él
tengan vida" "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida"
(Jn 14,6).
Esta etapa de preparación de la V Conferencia, que nos une
a Jesús y nos envía, quiere ser el primer paso de un proceso
de vivificación y conversión, de comunión fraterna y de un
vigoroso despertar misionero en cada una de las diócesis de
América Latina.
También los exhorto queridos hermanos
y hermanas, que ante la proximidad de las elecciones del 2
de Julio, en que se elegirán Presidente (a) de la República,
Diputados (as) y Senadores (as), se conozcan sus propuestas.
Y se vote para elegir autoridades cuya acción "esté siempre
al servicio de la promoción integral de la persona y del bien
común".
Les invito a que organicemos en la
Diócesis campañas de oración por México y sus gobernantes,
para que la fe y la confianza en la Providencia divina, nos
conduzcan a la serenidad, la reflexión y al voto razonado
y crítico.
Queridos hermanos y hermanas, que esta
gratificante visita a la Casa de nuestra Madre del Tepeyac,
nos fortalezca y nos ayude a seguir caminando juntos, para
seguir con entusiasmo y nuevo ardor, colaborando en la construcción
del Reino de Dios. Así sea.