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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Alejo Savala Castro,
en la peregrinación de la Diócesis de Chilpancingo- Chilapa a la Basílica de Guadalupe.

9 de febrero de 2007

Muy queridos hermanos y hermanas, para nosotros tiene un significado muy importante hacer memoria en este momento y en este lugar del Papa Juan Pablo II. Él después de su primera visita a la Virgen de Guadalupe, llegó a decir: “Visité el Santuario de Guadalupe en enero de 1979, durante mi primera peregrinación apostólica. Aquella peregrinación inspiró, en cierto sentido, todos los siguientes años de mi pontificado”.

Hoy queridos hermanos, nos toca a nosotros como Diócesis de Chilpancingo-Chilapa estar ante la mirada maternal de María de Guadalupe en nuestra tradicional peregrinación diocesana. Deseamos de todo corazón que este encuentro con la Madre del Verdadero Dios por quien se vive, deje una profunda huella en la mente, en el corazón y en la voluntad de todos los miembros de nuestra comunidad diocesana.

Nuestra diócesis forma parte muy importante del Estado de Guerrero y es de todos ampliamente conocido que últimamente ha penetrado muy lamentablemente la violencia, fruto del avance del narcotráfico, que de ser productor, sea convertido en un estado consumidor de la droga. Es también notable la pobreza material en una gran mayoría de la población. Muchas otras realidades negativas aquejan a nuestro Estado y por consiguiente a nuestra diócesis.

El bajo nivel en la educación, una deficiente atención de la salud, el descuido del medio ambiente. Además de que abundan los conflictos políticos, magisteriales y ya también los religiosos. Somos conscientes de los esfuerzos que a nivel federal y estatal se han venido realizando para enfrentar estas situaciones. Sin embargo, constatamos que no son suficientes.

Estamos plenamente convencidos de que el único proyecto que puede subsanar desde la raíz estas realidades negativas es el Plan de Salvación que nos ofrece Jesucristo, porque es un proyecto de amor, de justicia, de paz. Esta propuesta de Jesús, es la misma que nos vino a traer María de Guadalupe hace ya 475 años; cuando desde el cielo una hermosa mañana, la Guadalupana bajó al Tepeyac.

Es por todo esto que hoy estamos aquí, para decirle a la Virgen que queremos hacer nuestro ese proyecto, como lo hicieron en su tiempo nuestros santos mártires: san David Uribe y san Margarito Flores. Y los siervos de Dios: Mons. Ramón Ibarra y Mons. Leopoldo Díaz Escudero. Más recientemente tenemos el testimonio de nuestros obispos: don Fidel Cortés, don José María Hernández, don Efrén Ramos y don Felipe Aguirre.

Ahora hemos retomado ese plan diocesano para renovarlo de acuerdo a las realidades actuales. Deseamos fervorosamente que el Acontecimiento Guadalupano anime e ilumine nuestro Plan Diocesano de Pastoral en su realización porque sabemos que es un acontecimiento salvífico que trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc. Llega hasta lo más profundo del ser humano. Además, toma encuenta la participación precisamente de este ser humano; concreto e histórico, con sus defectos y virtudes.

Porque es un acontecimiento que interviene fuera y más allá de lo que la humana naturaleza permitiría. Una de las más claras manifestaciones de que es en realidad un acontecimiento salvífico es la conversión del corazón, es el mover en un verdadero arrepentimiento al ser humano, desde lo más profundo del alma, del espíritu y de la razón, por encontrarse con Dios quien siempre es el primero en tomar esta iniciativa haciendo realidad un cambio de vida pleno y total.

Tenemos esperanzas muy fundadas de que María desde su santuario de Aparecida, allá en Brasil, nos dará nuevas luces y fervorosos entusiasmos con la celebración de V Conferencia General de Latinoamérica y del Caribe para que verdaderamente podamos ser discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida.

Virgen María de Guadalupe en esta misa; queremos consagrarte toda nuestra Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, nuestro Plan Diocesano de Pastoral que está por salir de la imprenta, nuestro presbiterio, deseoso de una formación permanente, nuestro seminario, nuestras religiosas, nuestra numerosa población indígena con sus ricas tradiciones y costumbres, los niños, los adolescentes, los jóvenes, las familias con sus diferentes movimientos y grupos de apostolado;  a  todos, Virgen Santísima, bendícenos.

Así sea. 

 
 
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