Muy
queridos hermanos y hermanas, para nosotros tiene un significado
muy importante hacer memoria en este momento y en este lugar
del Papa Juan Pablo II. Él después de su primera visita a la
Virgen de Guadalupe, llegó a decir: “Visité el Santuario de
Guadalupe en enero de 1979, durante mi primera peregrinación
apostólica. Aquella peregrinación inspiró, en cierto sentido,
todos los siguientes años de mi pontificado”.
Hoy queridos hermanos, nos toca a nosotros como Diócesis de
Chilpancingo-Chilapa estar ante la mirada maternal de María
de Guadalupe en nuestra tradicional peregrinación diocesana.
Deseamos de todo corazón que este encuentro con la Madre del
Verdadero Dios por quien se vive, deje una profunda huella en
la mente, en el corazón y en la voluntad de todos los miembros
de nuestra comunidad diocesana.
Nuestra diócesis forma parte muy importante del Estado de Guerrero
y es de todos ampliamente conocido que últimamente ha penetrado
muy lamentablemente la violencia, fruto del avance del narcotráfico,
que de ser productor, sea convertido en un estado consumidor
de la droga. Es también notable la pobreza material en una gran
mayoría de la población. Muchas otras realidades negativas aquejan
a nuestro Estado y por consiguiente a nuestra diócesis.
El bajo nivel en la educación, una deficiente atención de la
salud, el descuido del medio ambiente. Además de que abundan
los conflictos políticos, magisteriales y ya también los religiosos.
Somos conscientes de los esfuerzos que a nivel federal y estatal
se han venido realizando para enfrentar estas situaciones. Sin
embargo, constatamos que no son suficientes.
Estamos plenamente convencidos de que el único proyecto que
puede subsanar desde la raíz estas realidades negativas es el
Plan de Salvación que nos ofrece Jesucristo, porque es un proyecto
de amor, de justicia, de paz. Esta propuesta de Jesús, es la
misma que nos vino a traer María de Guadalupe hace ya 475 años;
cuando desde el cielo una hermosa mañana, la Guadalupana bajó
al Tepeyac.
Es por todo esto que hoy estamos aquí, para decirle a la Virgen
que queremos hacer nuestro ese proyecto, como lo hicieron en
su tiempo nuestros santos mártires: san David Uribe y san Margarito
Flores. Y los siervos de Dios: Mons. Ramón Ibarra y Mons. Leopoldo
Díaz Escudero. Más recientemente tenemos el testimonio de nuestros
obispos: don Fidel Cortés, don José María Hernández, don Efrén
Ramos y don Felipe Aguirre.
Ahora hemos retomado ese plan diocesano para renovarlo de acuerdo
a las realidades actuales. Deseamos fervorosamente que el Acontecimiento
Guadalupano anime e ilumine nuestro Plan Diocesano de Pastoral
en su realización porque sabemos que es un acontecimiento salvífico
que trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc.
Llega hasta lo más profundo del ser humano. Además, toma encuenta
la participación precisamente de este ser humano; concreto e
histórico, con sus defectos y virtudes.
Porque es un acontecimiento que interviene fuera y más allá
de lo que la humana naturaleza permitiría. Una de las más claras
manifestaciones de que es en realidad un acontecimiento salvífico
es la conversión del corazón, es el mover en un verdadero arrepentimiento
al ser humano, desde lo más profundo del alma, del espíritu
y de la razón, por encontrarse con Dios quien siempre es el
primero en tomar esta iniciativa haciendo realidad un cambio
de vida pleno y total.
Tenemos esperanzas muy fundadas de que María desde su santuario
de Aparecida, allá en Brasil, nos dará nuevas luces y fervorosos
entusiasmos con la celebración de V Conferencia General de Latinoamérica
y del Caribe para que verdaderamente podamos ser discípulos
y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él
tengan vida.
Virgen María de Guadalupe en esta misa; queremos consagrarte
toda nuestra Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, nuestro Plan
Diocesano de Pastoral que está por salir de la imprenta, nuestro
presbiterio, deseoso de una formación permanente, nuestro seminario,
nuestras religiosas, nuestra numerosa población indígena con
sus ricas tradiciones y costumbres, los niños, los adolescentes,
los jóvenes, las familias con sus diferentes movimientos y grupos
de apostolado; a todos, Virgen Santísima, bendícenos.
Así sea. |
|