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Homilía
pronunciada por Mons. José Luis Mendoza Corzo, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, en la peregrinación de las Diócesis de Chiapas, Tapachula, Tuxtla y San Cristóbal, en la Basílica de Guadalupe.

27 de mayo de 2007

Al celebrar hoy la Solemnidad de Pentecostés, aquí en la Casa de la Madre tenemos la oportunidad, también en el contexto de la celebración de la V Conferencia Episcopal Latinoamericana, tenemos la oportunidad de reflexionar, y en eso los invito, en los dos puntos importantes de preparación a dicha conferencia, me refiero al discipulado y a la misión, y en ello quisiera invitarlos a todos ustedes que pensáramos en este momento que todos hemos sido llamados por el Señor.

Es importante que cada uno de nosotros tome conciencia de ese llamado que Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros, precisamente para que nos alegremos de que somos discípulos del Señor.

Puedo contarles; como a mí el Señor me llamó, siendo del campo, por medio de unas religiosas que me invitaron a entrar al seminario, la invitación a ser sacerdote, pero fue mi párroco el que claramente me dijo: te invito al preseminario y complementando estas mediaciones en mi preseminario quienes nos dieron las reflexiones fue el primer Obispo de la Arquidiócesis de Tuxtla en ese momento José Trinidad Sepúlveda y su Obispo Auxiliar también en ese momento que era Mons. Felipe Aguirre Franco, de tal manera que a los siete días de la experiencia, yo emocionado le decía al Señor; aquí estoy, con las palabras de Samuel: “Aquí estoy Señor porque me llamaste”.

Si cada uno de nosotros tomáramos conciencia de en qué momento el Señor nos tocó, en qué momento el Señor nos llamó, sería muy grande y un testimonio muy importante para nosotros y para animarnos como discípulos del Señor, porque algunos dirán: bueno, ahora que fue llamado y fue elegido obispo; y pensaran cuando fue, en qué momento, y yo, reflexionando hermanos, digo; fue desde que a estas hermanas religiosas me hicieron la invitación, fue cuando mi párroco me invitó al preseminario, fue cuando el señor obispo, los señores obispos me hicieron sentir la necesidad de evangelizar.

Bien, cada uno de nosotros tiene su propia historia, y lo invito que delante de la Madre lo reflexionemos, porque yo puedo decir; que nuestro seminario de la Arquidiócesis de Tuxtla, se llama Santa María de Guadalupe, y ahí precisamente la Madre, está siempre presente también en nuestro caminar vocacional.

Pero también, los invito a que consideremos el otro aspecto que es importante; la misión. Ciertamente el Señor nos ha llamado, pero nos ha llamado a una tarea importante, que es la obra de Jesús, en la cual nosotros como Iglesia, debemos sentirnos responsables y corresponsales de esta tarea.

El Papa Juan Pablo II, cuando nos dio a luz la Exhortación Apostólica Christi Fidelis Laici, donde nos dice este texto evangélico de san Mateo: “a nadie le esta permitido estar de ocioso”. El Señor a todos nos llama a trabajar en su viña, lo importante es que nosotros que hemos venido, como dijo Monseñor, desde lejos, de Chiapas.

Hoy delante de la Madre, renovemos nuestro compromiso, esa misión que el Señor nos ha confiado en nuestra provincia, allá en nuestra diócesis, en nuestra parroquia, en nuestra comunidad a nadie nos esta permitido estar de flojo, tenemos comprometernos más en serio con el Señor.

Hemos escuchado en la Palabra de Dios, como los mismos apóstoles del Señor estaban encerrados por miedo a los judíos, pero cuando recibieron al Espíritu Santo nos les importó, ya nada, no les importó la cárcel, los azotes. Ellos se lanzaron valientes a anunciar a Jesús, Aquel que habían crucificado y que había muerte, ha Resucitado. Digamos que es la verdad de este primer anuncio, reconociendo a Jesús como el Señor, como el Cristo, como el ungido del Señor.

Hermanos, hoy que estamos celebrando la Solemnidad de Pentecostés, en nosotros desde nuestro bautismo, nuestra confirmación se nos ha ungido con este Espíritu Santo, tenemos que tener ese entusiasmo que el Papa Juan Pablo II a hablar de la nueva Evangelización, nos decía en el nuevo ardor, que teníamos que tener esa parresía, ese entusiasmo de llevar la buena nueva a los demás. Claro decía: para llevar esta buena nueva tenemos que ser santos; y por lo tanto, no podemos esquivar este llamado también a la santidad, y en la cual nosotros, espontáneamente nos brotara este gozo, esa alegría por ser testigos del Señor, por llevar la buena nueva a los demás.

Yo los invito a los hermanos de la Diócesis de Tapachula, a los hermanos de la Diócesis de San Cristóbal, de Tuxtla, a toda nuestra provincia de Chiapas, los invito que, si hemos venido aquí a visitar a Nuestra Madre Santísima, no esquivemos la invitación del Señor a ser responsables y corresponsales de la misión confiada a su Iglesia. Cada uno de nosotros en su parroquia, cada uno de nosotros en su diócesis, se comprometa.

Yo siento así que, nuestra Madre no estará contenta si nada más hemos venido de tour, hemos venido nada más de paseo, no estoy ofendiendo a nadie, pero a veces habemos algunos que podemos tener no una intención muy recta, y decir: voy porque después de aquí vamos a ir para allá, vamos a ir por acá y nos sale más barato el viaje. Yo invito a que los que hemos venido como peregrinos, que nos comprometamos en serio con el Señor, sobre todo que en nuestro ambiente, en donde nos desenvolvemos nos comprometamos con Dios en esta tarea importante.

Y un tercer punto, que yo considero importante también, es que: si somos discípulos del Señor y estamos llamados a cumplir esta misión, tenemos también la obligación de vivir lo que llamamos la comunión, la común unión y la común unidad. Es bastante serio y lastimoso, que a veces en nuestras mismas comunidades parroquiales, o incluso, me atrevo a decir en nuestra diócesis hay divisiones, y no estoy hablando de memoria, hermanos, varios me podrán decir; tal vez en tu diócesis, pero yo considero, que la división siempre la hemos traído arrastrando, desde antes. Y que triste es que nosotros, que somos llamados por el Señor, nosotros que estamos comprometidos con el Señor, en lugar de ser agente de unión, de unidad, de comunión a veces somos los que dividimos.

La invitación, pues, al celebrar hoy la venida del Espíritu Santo que diríamos: es el don que vincula al Padre y al Hijo y que se hace la común unidad por excelencia, la común unión por excelencia, nosotros también, hermanos, tenemos que ser agentes de esta comunión, de esta comunidad.

Invitó, y yo creo que aquí nuestros señores obispos, nuestros sacerdotes, nuestros diáconos, y todos ustedes estamos con ese compromiso de que en nuestra provincia se viva esa comunión, se viva esa común unidad. Bendito sea Dios, que ya hemos tenido nuestra primera reunión como provincia, que puedo decir; ya es un inicio de querer vivir esta comunión y esta común unidad, pero desde nuestras trincheras, desde nuestro ambiente, estamos ser llamados a ser agentes de comunión de vivir esta común unidad.

La Santísima Virgen María es nuestro modelo, la fiel discípula del Señor, Ella que desde un principio que recibió el Espíritu Santo, porque por obra del Espíritu Santo el Verbo se hizo carne y habito entre nosotros. Ella que estuvo pronta, y dijo: “yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mí según tu Palabra”. La mujer dichosa, que escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica.

La mujer que reunida con los apóstoles en el Cenáculo recibió el Espíritu Santo y también fue de las que sin miedo anunció a su Hijo. Ella hoy nos invita a que también lo veamos como nuestro modelo y que no nada más le vengamos a pedir por nuestras necesidades, que no nada más la veamos como intercesora, mediadora, que no nada más rindamos el culto de veneración, sino que también le demos el culto de imitación. María es el modelo de ser discípulo, María es modelo de la misión, María es modelo de comunión, la reunión de Ella en torno a los apóstoles.

Queridos hermanos, el estado de Chiapas, de nuestra provincia de Chiapas quiero, pues, invitarlos a que le digamos: sí al Señor, que estamos dispuestos a cumplir su voluntad, que con María Santísima le digamos: “yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mi según tu Palabra”.

Que así sea.

 
 
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