Con gozo y alegría,
en nombre de nuestra Iglesia Particular que peregrina en el
Sur de Sinaloa, en Mazatlán, nos encontramos hoy en esta
emblemática y entrañable casa solariega de María,
y nos sentimos confortados e iluminados por Ella, pues como
dice el Documento de Aparecida: "con ella, providencialmente
unida a la plenitud de los tiempos llega a cumplimiento la esperanza
de los pobres y el deseo de salvación, concibiendo, educando
y acompañando a su hijo hasta su sacrificio definitivo.
Desde la cruz Jesucristo confió a sus discípulos,
representados por Juan, el don de la maternidad de María,
que brota directamente de la hora pascual de Cristo: "y
desde aquel momento el discípulo la recibió como
suya" (Jn. 19, 27). Perseverando junto a los Apóstoles
a la espera del Espíritu, cooperó con el nacimiento
de la Iglesia misionera, imprimiéndole un sello mariano
que la identifica honradamente, como Madre de tantos, fortalece
los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación
y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo
se experimenten una familia, la familia de Dios".
Desde lo más profundo de nuestro ser le agradecemos a
nuestro Padre Dios el don de María, Madre Tierna y Cariñosa,
Discípula perfecta de Jesucristo, Inspiración
sugerente del Evangelio, Consoladora de nuestras penas e intercesora
de nuestras necesidades.
Santa María de Guadalupe, nos exhorta a ser como ella,
una auténtica creyente, mujer de profunda fe, que como
Abraham fue obediente a la Palabra y la voluntad de Dios, tener
fe no es sólo nombramos cristianos católicos,
sino vivir la vida en el plan de Dios, esforzándonos
por ser veraces, justos, responsables, trabajadores, respetuosos
de la dignidad humana de los demás y preocupados por
ser generosos y caritativos. Tener fe es ser comprometidos,
tener fe es dar nuestro personal aporte para construir familias
unidas, centros de trabajo eficientes y una sociedad armónica.
La fe no es sólo sentimiento es donación y entrega.
Nuestra Señora en su vida terrena se condujo con una
decidida fe, llena de buenas obras "unas bolsas que no
se destruyen y acumuló en el cielo una riqueza que no
se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome
la polilla", porque Dios era su tesoro supremo.
Que nosotros también inspirándonos en ella que
no pongamos nuestro corazón e interés en los bienes
transitorios y el dinero, bienes inconsistentes y vulnerables,
sino que nuestra principal preocupación sea cultivar
una gran comunión e intimidad con Dios Padre, Hijo y
Espíritu Santo. Dios es nuestro origen y debe ser nuestro
término, y nuestra existencia será acertada si
Él es la primacía de nuestro amor, nuestro tesoro.
Si Dios tiene este primer lugar, la relación con Él
necesariamente nos impulsará a vivir la caridad y la
fraternidad con nuestros semejantes y seremos como María
que ama a Dios sobre todas las cosas y ama y sirve universalmente
a todos los hombres y mujeres.
Ella toda su vida creció en profundizar su intimidad
con Dios, fue siempre dócil a las invitaciones del Señor,
siempre se condujo ante la voluntad divina con el "Hágase
en mi según tu palabra" y fue hasta el último
de sus días terrenos una persona fraterna, servicial,
y acompañó con solicitud la Iglesia naciente,
fue hija exquisita del Padre y hermana de todos los semejantes.
Que también nosotros seamos esmerados hijos de Dios y
hermanos entre nosotros
Queridos hermanos y hermanas, que cumplamos nuestra misión
en este mundo, que hagamos una buena administración,
y que estemos siempre atentos, listos, con la túnica
puesta y las lámparas encendidas, cuidando no cansamos,
no desfallecer en nuestro seguimiento de Cristo, evitando caer
en el mal y el pecado. No exponernos, sino suplicar al Señor
que perseveremos en el bien y nos esforcemos por ello, y si
por desgracia caemos levantamos con la ayuda misericordiosa
de Dios y proseguir con ánimo tras las huellas de Cristo
que es el Camino, la Verdad y la Vida. Así cumpliremos
nuestro llamado, gozaremos el bien, ofreceremos a los demás
lo que somos y tenemos, nos realizaremos y nos disponemos al
encuentro definitivo con el Padre.
Que Santa María de Guadalupe ruegue al Señor para
que todos nosotros vivamos más y más el Evangelio,
y para que así nuestra tierra sinaloense sea el inicio
de la Tierra Nueva y de los Cielos nuevos. Que Dios Nuestro
Señor bendiga abundantemente a nuestra Diócesis
de Mazatlán, y que nuestro próximo Año
Jubilar sea ocasión de mayor evangelización a
fin de celebrar dignamente los cincuenta años de nuestra
vida diocesana.
¡SANTA MARÍA DE GUADALUPE, REINA y PATRONA
DE MÉXICO,
SALVA NUESTRA PATRIA Y CONSERVA NUESTRA FE!
Que así sea.