Cada vez que acudimos
a la misa tenemos la oportunidad de escuchar la palabra de Dios
y reflexionarla, en esta ocasión en que estamos en misa en la
casa de Nuestra Madre, yo les invito a reflexionar en la palabra
de Nuestra Madre María que está dentro de la palabra de Dios;
es decir, dentro de la misma revelación de lo que Dios nos comunica
a nosotros, pero por medio de la Virgen María.
Invito a ustedes queridos padres de
la diócesis que nos acompañan, a todos ustedes mis hijos de esta
querida Diócesis de Piedras Negras y a todos los que hoy se encuentran
aquí, los invito a todos a que reflexionemos en tres palabras,
en tres frases de la Santísima Virgen que definitivamente las
hemos reflexionado, pero que siempre nos traen algo nuevo.
Son las tres preguntas que llegan no
sólo a la mente sino al corazón y estas tres preguntas se quedan
profundamente en nosotros, tres preguntas que dirige la Virgen
María: vamos a pasar a la primera, aquella pregunta que le hace
la Virgen al Arcángel Gabriel cuando este le anuncia el plan de
Dios, para que Ella sea la Madre del redentor, se acuerdan la
pregunta que el hace la Virgen al Arcángel, que es una pregunta
que le está haciendo a Dios, pero se la hace directamente al Arcángel,
le dice: ¿cómo podré yo ser madre si he prometido yo ser virgen?,
es decir, como podrá ser esto si yo permanezco virgen, ese como
de la virgen, no encuentra respuesta en su lógica o en su cabeza.
Esto nos hace ver a María tan cercana
a ti y a mi, que también muchas veces nos preguntamos ¿cómo? porque
hasta dónde yo alcanzo en mi cabeza, en mi inteligencia, no alcanzo
a descubrir ¿como voy a solucionar este problema que tengo?; ¿cómo
voy a conseguir la meta que me propuse y que la veo tan lejana?;
¿cómo le voy a hacer para educar a mis hijos en este tiempo tan
difícil y que parece que no me hacen caso?; ¿cómo le voy a hacer
para compones mi matrimonio, que ya se ha venido desbaratando
con el paso de los años?; ¿cómo le voy a decir a aquella persona
esto que necesito comunicarle?; ¿cómo va a seguir mi familia adelante,
cuando parece que se está viniendo a bajo?; ¿cómo seguiremos viviendo
tranquilos en nuestra Patria, cuando vemos tanta inseguridad?;
¿cómo vamos a estar mejor, si en algunos campos vamos para abajo
y lamente, mis hermanos, mis hijos, mis padres, la mente no nos
alcanza?, a ver ¿cómo le vamos a hacer?
Entonces nos sentimos como la Virgen
María y escuchamos la respuesta que se le dirige a Ella y que
hoy también se nos dirige a nosotros: no hay nada imposible
para Dios. El Arcángel se lo dice muy claro a María: es el
Espíritu Santo descenderá sobre ti y te cubrirá con su sombra.
Hoy en nosotros también María con su presencia, su experiencia,
con su vida nos dice lo mismo que Ella escucho: Hijos no hay
nada imposible para Dios, es importante que ustedes piensen
el cómo, porque ustedes tendrán que buscar la respuesta a toda
situación que estén viviendo, pero no se olviden que más allá
de si lógica, más allá de su poder, más allá de sus fuerzas esta
Dios, con su lógica, con su omnipotencia, con su gracia y no hay
nasa imposible para Él.
Si este día tú quieres presentarle
al Señor un ¿cómo? de tus cosas, de tus asuntos, de tu vida, preséntaselo
por medio de Nuestra Madre del cielo, pero también escucha a quien
te dice: nada es imposible para Dios.
Luego viene la segunda pregunta de María, es cuando Ella anda
tan angustiada junto con José su esposo, porque han perdido a
su hijo Jesús a la edad de doce años y después de buscarlo lo
encuentran en el templo entre los doctores.
Y tú te acuerdas de aquella pregunta
de María a Jesús ¿porqué te has portado así con nosotros hijo?
tu padre y yo angustiados te buscábamos. Sí María en la anunciación
presentó el ¿cómo? ahora en el templo presenta el ¿por qué? ¿cómo
nos sentimos cercanos a María? Como la sentimos tan parecida a
nosotros, que también cuantas veces nos tempos preguntado ¿por
qué, igual que María? ¿por qué me paso esto a mí?, ¿por qué se
fue esa persona que yo amo tanto, de esta vida? ¿por qué estoy
yo en esta situación?, ¿por qué no he podido salir adelante? Y
viene uno y otro ¿por qué? Y junto con estos por qué se presenta
igual que en la Virgen María el miedo, el pánico, la angustia,
el terror, porqué, porque son porqués que no podemos respondernos,
que tampoco alcanza nuestra inteligencia a responderlos y por
eso a veces nos lo preguntamos una, cinco, diez y cien veces y
cada vez que no lo preguntamos nos quedamos peor, porque otra
vez volvemos a escarbar y no encontramos nada.
Cuando María le pregunta a Jesús adolescente
el porque, Cristo le responde con otra pregunta y le responde
con otro porque, te acuerdas, ¿por qué me buscaban, no sabían
que debo ocuparme en las cosas de mi Padre? Cuando tú cuestionas
a Dios, el Señor te dice que te cuestiones tú.
Cuándo tú le preguntas s Dios, el Señor te responde que te preguntes
tú, que te preguntes porqué no has acabado de descubrir que hay
un plan de Él, que va por encima de el plan tuyo, que porqué quieres
que se cumpla tu plan y no el de Él, porque aparentemente tú plan
te va a traer mayores beneficios que el que Él te presente y Cristo
le dice: ¿por qué mamá? ¿por qué papas? Que acaso no debo seguir
el plan que Dios Padre tiene para mí.
Y es María que hoy te dice y me dice:
que cada vez que le preguntes a Dios ¿porqué?. Y cada vez que
le preguntes a la vida un ¿porqué? tu también te preguntes ¿Por
qué te has olvidado de ese proyecto que el Señor, en el cual te
ha incluido, en el cual estas presente, ya que esa respuesta pregunta,
ante esa pregunta respuesta de Dios, no nos queda sino decir que
el Señor siempre tiene el porqué y para que y que ante cada porqué
nuestro existe un para que de Dios, que el Señor lo permite por
su amor para que nosotros cumplamos su proyecto.
En estas dos preguntas de María ¿cómo es posible esto? Y ¿por
qué te has portado así con nosotros? hay una respuesta común,
incluye a Dios, no estas sólo, acuérdate que Dios y tú trabajan
juntos, viven juntos, deben planear juntos, deben ver juntos,
deben de amar juntos. Viene finalmente la tercera pregunta
de María.
Si aquí la vemos tal igual que nosotros y nosotros nos sentimos
tan cercanos a Ella, en la tercera pregunta, todavía más, lo decimos
en nuestras palabras: se voló la barda; porque la tercera pregunta
la hizo aquí a unos metros de donde estamos, aquí en el Tepeyac,
aquí en México, y cosa igual no ha hecho con ninguna otra nación.
La tercera pregunta la hace a uno de
nuestros antepasados, a Juan Diego. Ahora como Ella ya ha entendido
la respuesta y la sabiduría de Dios, ahora Ella le pregunta a
Juan Diego cuando lo ve preocupado, angustiado, inquieto por la
salud de su tío Bernardino y lo ve tan preocupado por tantas cosas
que tiene que hacer.
Ahora María le lanza la pregunta a Juan Diego, después de decirle
Hijo Mío, porqué te inquietas, porqué te preocupas, le lanza esta
gran pregunta: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
Esta tierra, aquí donde estamos hoy,
donde Dios nos permite haber estado presentes hoy, esta tierra
escuchó esa pregunta de María. Este Cerrito del Tepeyac junto
al cual estamos fue testigo de esta pregunta de María. Ella la
que plasmó su Imagen en este hermoso Ayate de Juan Diego que hoy
nuestros ojos agradecidos lo contemplan.
Y es María que hoy te pregunta a ti
también, que has venido de cerca o de lejos, hija, hijo ¿por qué
andas con tantas cosas de preocupación en tu interior? ¿No estoy
yo aquí que soy tu madre?, ¿No estas tú sobre mi regazo y bajo
mi protección? Aquí está María hoy con esa pregunta, que ya no
la dirige a Dios, ni al Arcángel Gabriel, ni a Juan Diego, ahora
te la dirige a ti como tu Madre, aquí estas frente a Ella y aquí
está Ella frente a ti y te esta invitando es esta pregunta a confiar
plenamente en Ella.
Madre tuya, Madre de los mexicanos,
Madre de todos los creyentes, ante Ella, nuestra Madre, con quien
nos sentimos nosotros tan cercanos, hoy te manifestamos nuestra
gratitud porque esta aquí y porque estamos aquí, esto es lo principal
que hoy agradecemos porque siempre está aquí Mamá para lo que
se nos ofrezca, como no decirle gracias y hoy le decimos: ¿gracias
Mamá porque nos permitiste venir a tu casa, que es nuestra cada!.
Dile desde el fondo de tu alma, ¡gracias Mamá que bueno que hoy
nos podemos encontrar tu y yo a los ojos!. Sabemos que en esa pupila de tus ojos
en los estudios que se hacen se descubren las imágenes de las
personas que te vieron por primera vez. Sabemos que hoy estamos
ya no en la pupila de tu ojo, pero si en la pupila de tu corazón
y que tú nos estas contemplando en este momento.
Gracias Madre por los cuatro años de
vida de nuestra Diócesis de Piedras Negras, por todo lo que nos
has permitido vivir durante este tiempo, gracias por la solidaridad
tan fuerte de la cual nosotros fuimos testigos en el tornado que
vivió nuestra Ciudad de Piedras Negras, hace un poco tiempo. Gracias porque nos manifestaste tu
amor y porque manifestaste la verdadera hermandad y la solidaridad
de tantos hermanos fuera y dentro de la diócesis. Gracias Madre
porque hemos podido terminar nuestro obispado con el apoyo de
todos los fieles de nuestra diócesis, desde donde ahora nosotros
tenemos el centro de vida de nuestra Iglesia.
Gracias Madre por el avance en nuestro
Proyecto de Pastoral, porque cada vez estamos más cerca de ir
aterrizando en proyectos concretos en beneficio de nuestro pueblo.
Gracias Madre porque tú nos has conseguido de Dios en todas las
comunidades tantas que están dedicadas a ti en nuestra diócesis
y tantas que sin estar dedicadas a ti estas tú presente en ellas,
es decir, en todas.
Gracias porque en todas las parroquias,
rectorías, en nuestro seminario, en nuestras comunidades en todas
nos has manifestado tu amor maternal. Gracias Mamá María de Guadalupe
por lo que a cada uno de los que estamos aquí nos has conseguido
de Dios, gracias por todo y gracias por todos, gracias porque
nos sigues acompañando. Ponemos ante ti María nuestros proyectos,
nuestros planes, te encargamos a nuestros sacerdotes a los que
están aquí en esta concelebración y a todos los que están allá
en sus comunidades, te encargamos a nuestros seminaristas y a
todos los que muy pronto, la próxima semana estarán en nuestro,
preseminario, bendícelos y ayúdalos.
Te encargamos Madre nuestras familias,
a los que hemos dejado allá en casa, tu hazte presente en ellos,
así como con la presencia de Juan Diego ante ti, tu bendijiste
a su tío Bernardino, así también con mi presencia aquí, bendice
a todos los de mi familia, a todos los nuestros, que por ti consiga
toda clase de y toda bendición del Señor y por último María nos
presentamos ante ti para llevarnos la bendición del Padre junto
con tu bendición, para llevarnos la bendición a nuestra tierra,
nuestros hogares, nuestra Diócesis y a nuestro pueblo que junto
contigo vaya tu amor de Madre acompañándonos para que colaborando
contigo vayamos cumpliendo la voluntad de Aquel que nos ha hecho
presentes en esta nuestra casa que es tu casa.
A ti Madre, hoy, junto con nuestra
oración te manifestamos nuestro amor, nuestro cariño y nuestra
gratitud con el aplauso fuerte que presentan nuestras manos y
que expresa nuestra alma. |
|