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Homilía
de
Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, IV Obispo de Tula, en la peregrinación de la Diócesis de Tula, Hidalgo a la Basílica de Guadalupe.

20 de enero de 2007

(Pronunciada por Mons. Miguel Ángel Rangel, Vicario Episcopal de Tula )

Venir a visitar a Nuestra Madre del Cielo en el mismo sitio donde hace 475 años se dirigiera llena de ternura maternal a San Juan Diego, será siempre motivo de alegría y de agradecimiento.

Venimos como diócesis, como Pueblo de Dios que peregrina en Tula, para poner en manos de Nuestra Madre Santísima, todos nuestros anhelos, nuestras esperanzas, pero también nuestras angustias y preocupaciones.

Hoy de manera muy especial, dice nuestro obispo, quisiera poner en manos de la Santísima Virgen María de Guadalupe la Nueva Etapa que con esperanza se abre en el caminar pastoral de nuestra querida Diócesis de Tula, preparada desde antes por mis muy dignos antecesores: Jesús Sahagún de la Parra, José Trinidad Medel Pérez, Octavio Villegas Aguilar y con la colaboración corresponsable de muchos de ustedes.

Con profundo reconocimiento y admiración agradezco ante las plantas de Nuestra Madre, todo el caminar de la diócesis, desde sus inicios en el año de 1961, con todos los esfuerzos y vicisitudes que tuvieron que pasar por medio de tantas carencias, y que poco a poco fueron gestando la Iglesia Particular que ahora formamos.

Lo que ahora somos es fruto y resultado de lo que en diversas etapas anteriores se fue sembrando con mucho amor y entrega generosa por quienes fueron desgastando sus vidas por la difusión del Evangelio en estas tierras del Valle del Mezquital, entre nuestros hermanos hñähñú.

Como olvidar los primeros pasos de la diócesis en los 60's; o la Comunidad de los Servicios del Valle en los 70's; la elaboración del primer Plan Diocesano de Pastoral en sus cuatro periodos que marcaron las líneas de trabajo pastoral en las décadas de los 80's y de los 90's; posteriormente los trabajos del primer Sínodo Diocesano del 1998-2002, como un antecedente muy importante que ha dado paso al actual Plan Diocesano de Pastoral en su quinto periodo 2004-2009.

Con la gran esperanza de construir una Iglesia comunitaria que impulse la evangelización integral, que responda a los desafíos actuales de la diócesis y que nos comprometa a ser testigos creíbles del Reino de Dios, concretizando todo ello en las prioridades diocesanas: migración, familia, iglesia comunitaria,  tareas fundamentales, tarea permanente de la formación y la urgencia de las vocaciones.

Nuestra tarea es ahora "caminar juntos" hombro con hombro para dar seguimiento a este Plan Diocesano de Pastoral, con la coherencia y valentía propia de Discípulos y Misioneros, del Señor y confiando en la maternal intercesión de María, Hija predilecta del Padre y estrella de la Nueva Evangelización.

Una de mis primeras preocupaciones, es conocer y evaluar lo que ya se está haciendo para poner en marcha este plan, y por ello junto con los padres foráneos se está elaborando una programación de visitas a todas la parroquias de la diócesis y tener en cada una de ellas un encuentro con todos los agentes de pastoral que están trabajando en cada una de las prioridades y de otras pastorales específicas.

La celebración de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en el contexto de nuestro caminar, tendrá que ser el faro que ilumine nuestras tareas pastorales hacia los años venideros.

Mi lema episcopal: "Iglesia discípula y misionera", inspirado precisamente en el tema de la V CELAM, quiere retomar el espíritu que debe movernos a la puesta en práctica de nuestro Plan Diocesano de Pastoral.

Por ello, nos dice, quisiera invitarles a contemplar a María de Guadalupe, nuestra Madre, como prisma del cual se irradia la luz del misterio de Cristo en diversidad de colores. Acercarnos a ella siempre será algo fascinante y motivante para nuestra vida de fe.

Ella es la primera discípula de Jesús y la primera mensajera del Evangelio. Desde la Encarnación del Verbo ella grabó profundamente en su corazón el Evangelio. San Lucas nos dice cómo ella "gravaba todas estas cosas en su corazón" (Lc 2, 19).

En ella están presentes todas las características del discipulado y de la misión: escucha amorosa y atenta de la Palabra, una obediencia sin límites a la voluntad del Padre y la fidelidad de acompañar a su Hijo hasta la cruz.

Después de la Resurrección de su Hijo ella permaneció junto a la comunidad apostólica, animando la oración e implorando la venida del Espíritu Santo.

Ella ocupa un lugar especial como imagen de la Iglesia que el Señor quiere: una "Iglesia discípula y misionera".

Discípula y misionera dos realidades plenamente unidas hasta tal punto que lo primero no se entiende sino en función de lo segundo. El seguimiento de Jesús, que es lo característico del discipulado, nos transforma y nos convierte a todos en mensajeros alegres de la noticia de Jesús.

María la madre de Jesús, del Maestro, nos enseña a ser discípulos y a ser misioneros diciéndonos una vez más: "hagan lo que Él les diga" (Jn 2,5). Escuchemos también y dejemos que resuenen estas palabras de María: “hagan lo que Él les diga”.

Ella nos invita a vivir en la escuela del único Maestro (Mt 23, 8), como discípulos concientes que escuchan la palabra con atención y responden a ella en el seguimiento de Jesús.         

Así como María visitó a su prima Isabel, como acabamos de escuchar en el Evangelio, y estuvo atenta a sus necesidades y dispuesta a servirle, así también nos ha visitado a todos los habitantes de estas tierras desde los comienzos de la evangelización, tocando las fibras más sensibles del corazón de nuestro pueblo y presentándose como: "La Madre del Verdadero Dios por quien se vive". Desde entonces con su rostro moreno, bellísimo inculturó el Evangelio y se ha convertido en el símbolo que da identidad a toda nuestra Patria. Quiso ser una más de nuestra raza, trayéndonos en su seno a Jesucristo el verdadero sol de justicia.

A ella, la verdadera discípula y modelo de todos los seguidores de Jesús, nuestro padre obispo, quisiera que le consagremos en este día a todos los niños, a todas niñas de nuestra diócesis para que desde su tierna edad encuentren en ella el reflejo más hermoso del gran amor que Dios nos tiene y desde ahora la amen y la conozcan con amor filial.

También nuestro obispo quisiera que le consagremos a los adolescentes y jóvenes, esperanza de la Iglesia y del mundo, para que la Pastoral Juvenil y Vocacional encuentren en Jesucristo joven, la respuesta a sus anhelos más profundos convirtiéndose en verdaderos protagonistas de la civilización del amor.

Que le consagremos a todos los que sufren a causa de la enfermedad, del abandono, de la pobreza, de la marginación, del maltrato, del desempleo, del analfabetismo, de la inmigración, para que sientan la cercanía de su presencia maternal al igual que lo hizo con Juan Bernardino, tío de San Juan Diego, devolviéndoles la paz y la alegría de vivir con renovado entusiasmo con la esperanza puesta siempre en Dios.

Pongamos en sus manos los sectores de nuestra diócesis a quienes no hemos podido anunciar el Evangelio de manera oportuna y eficaz: la pastoral indígena, la pastoral obrera, la pastoral de la salud, la pastoral del tiempo libre, la pastoral penitenciaria, la pastoral de los derechos humanos, la pastoral de la ecología, la pastoral de los medios de comunicación social, etc. y pidámosle que sin descuidar las prioridades de nuestro Plan de Pastoral, vayamos buscando caminos para atender desde nuestra caridad pastoral y con verdadera solicitud estas diversas realidades que reclaman nuestra respuesta.

Que todos los agentes de pastoral: sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos comprometidos, cristianos renovemos, aquí, una vez más nuestro compromiso de trabajar por hacer presente a Jesucristo vivo en el corazón y en los labios de los que forman la Iglesia de Dios que peregrina en la Diócesis de Tula.

Que María Santísima de Guadalupe, la primera y la más perfecta discípula y misionera, nos acompañe y nos guié por las sendas de la nueva evangelización hasta inculturar la buena noticia de la salvación en el corazón de todos nuestros hermanos y hermanas.

Que así sea.

 
 
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