Saludo
cordialmente al Señor Rector y al Cabildo de esta Basílica de Santa
María de Guadalupe, al Ilustrísimo Monseñor Enrique Glennie, Vicario
Episcopal de la Arquidiócesis de México y a todos ustedes queridos
hermanos y hermanas.
Vengo
como peregrino a este Santuario, corazón de México y de toda América,
desde Roma y traigo el saludo y el afecto del Santo Padre, Benedicto
XVI.
Estoy
feliz de poder encontrarme estos días con el Señor Cardenal Arzobispo
de México, Su Eminencia Norberto Rivera Carrera, con los Obispos
de México a quienes encontraré reunidos como Conferencia Episcopal
en los próximos días. También me alegra encontrarme con el Comité
Central y con todos los colaboradores que están preparando el VI
Encuentro Mundial de las Familias que se llevará a cabo en esta
Ciudad del 14 al 18 de Enero próximo. Estoy muy feliz de poder celebrar
la Santa Misa en esta Basílica dedicada a nuestra Madre de Guadalupe
y orar con todos ustedes.
Aquí
María se ha presentado como la madre de Dios, del "verdadero
Dios por quien se vive" y como madre espiritual de todos los
hombres. Aquí Ella ha venido, se apareció a San Juan Diego, habló
con él, hizo florecer las rosas y ha dejado su bendita imagen impresa
en esta humilde tilma, para abrir el camino al Evangelio, para que
los pobladores de estas tierras mirasen con confianza a Jesucristo
y lo acogieran en su propia vida y en su propia cultura.
En
este lugar por varios siglos hasta el día de hoy María ha continuado
"mostrando todo su amor" al pueblo mexicano y a todos
los peregrinos venidos de todas las partes del mundo. Aquí María
anima a todos a creer en el Señor Jesús y a vivir comprometidamente
el Evangelio, aún cuando, frecuentemente, cuesta mucho sacrificio.
El
Señor Jesús a través del texto del Evangelio de San Lucas que acaba
de ser proclamado, nos ha recordado precisamente esto: cuesta sacrificio
y es difícil ser sus discípulos; es necesario preferir su persona
y su voluntad a todos los afectos y a cualquier interés, a todas
las personas y a todas las cosas, incluso, a la propia vida terrena.
"Quien no lleva consigo su propia cruz y no viene detrás de
mi, no puede ser mi discípulo". Ser verdaderos cristianos es
hermoso, es maravilloso, pero cuesta mucho sacrificio y este noble
pueblo de México, lo sabe bien pues no ha tenido reparo en derramar
su propia sangre para proclamar la fidelidad a Jesucristo, a la
Iglesia Santa, al Evangelio. Es necesaria la ayuda del Espíritu
Santo que nos da luz, fuerza, amor y gozo para ser fieles, de manera
personal y comunitaria.
María
acompaña este camino personal y comunitario del pueblo. Nos aniña
a seguir a su Hijo Jesucristo e intercede para obtenernos la gracia
del Espíritu Santo.
A
Ella, que en las bodas de Caná cooperó con Jesús para que el agua
fuese cambiada en vino y se salvara y se renovara la alegría de
la familia, confiamos ahora nuestro camino de cristianos, las familias
de México y de todo el mundo, así como también de manera particular,
el éxito del VI Encuentro Mundial de las Familias.
Tú,
Santa María de Guadalupe, dirige a nosotros tus ojos misericordiosos
y une tus manos benditas en la plegaria de intercesión. Tú sabes
aquello que es verdaderamente bueno para todos, tú que defiendes
la vida de todo ser humano y la santidad del matrimonio, no permitas
que se
violente
más en este país y en todo el mundo la vida de los seres humanos.
Concédenos a todos reconocer el maravilloso proyecto de Dios sobre
el matrimonio y la familia y danos la fortaleza y el coraje de vivirlo
y anunciarlo. Tú eres la madre de todos, en ti está nuestra esperanza.