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Homilía
pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, en la
Visita a la Basílica de Guadalupe con vistas al VI Encuentro Mundial de las Familias a realizarse en México, del 14 al 18 de enero de 2009.

5 de noviembre de 2008

Saludo cordialmente al Señor Rector y al Cabildo de esta Basílica de Santa María de Guadalupe, al Ilustrísimo Monseñor Enrique Glennie, Vicario Episcopal de la Arquidiócesis de México y a todos ustedes queridos hermanos y hermanas.

Vengo como peregrino a este Santuario, corazón de México y de toda América, desde Roma y traigo el saludo y el afecto del Santo Padre, Benedicto XVI.

Estoy feliz de poder encontrarme estos días con el Señor Cardenal Arzobispo de México, Su Eminencia Norberto Rivera Carrera, con los Obispos de México a quienes encontraré reunidos como Conferencia Episcopal en los próximos días. También me alegra encontrarme con el Comité Central y con todos los colaboradores que están preparando el VI Encuentro Mundial de las Familias que se llevará a cabo en esta Ciudad del 14 al 18 de Enero próximo. Estoy muy feliz de poder celebrar la Santa Misa en esta Basílica dedicada a nuestra Madre de Guadalupe y orar con todos ustedes.

Aquí María se ha presentado como la madre de Dios, del "verdadero Dios por quien se vive" y como madre espiritual de todos los hombres. Aquí Ella ha venido, se apareció a San Juan Diego, habló con él, hizo florecer las rosas y ha dejado su bendita imagen impresa en esta humilde tilma, para abrir el camino al Evangelio, para que los pobladores de estas tierras mirasen con confianza a Jesucristo y lo acogieran en su propia vida y en su propia cultura.

En este lugar por varios siglos hasta el día de hoy María ha continuado "mostrando todo su amor" al pueblo mexicano y a todos los peregrinos venidos de todas las partes del mundo. Aquí María anima a todos a creer en el Señor Jesús y a vivir comprometidamente el Evangelio, aún cuando, frecuentemente, cuesta mucho sacrificio.

El Señor Jesús a través del texto del Evangelio de San Lucas que acaba de ser proclamado, nos ha recordado precisamente esto: cuesta sacrificio y es difícil ser sus discípulos; es necesario preferir su persona y su voluntad a todos los afectos y a cualquier interés, a todas las personas y a todas las cosas, incluso, a la propia vida terrena. "Quien no lleva consigo su propia cruz y no viene detrás de mi, no puede ser mi discípulo". Ser verdaderos cristianos es hermoso, es maravilloso, pero cuesta mucho sacrificio y este noble pueblo de México, lo sabe bien pues no ha tenido reparo en derramar su propia sangre para proclamar la fidelidad a Jesucristo, a la Iglesia Santa, al Evangelio. Es necesaria la ayuda del Espíritu Santo que nos da luz, fuerza, amor y gozo para ser fieles, de manera personal y comunitaria.

María acompaña este camino personal y comunitario del pueblo. Nos aniña a seguir a su Hijo Jesucristo e intercede para obtenernos la gracia del Espíritu Santo.

A Ella, que en las bodas de Caná cooperó con Jesús para que el agua fuese cambiada en vino y se salvara y se renovara la alegría de la familia, confiamos ahora nuestro camino de cristianos, las familias de México y de todo el mundo, así como también de manera particular, el éxito del VI Encuentro Mundial de las Familias.

Tú, Santa María de Guadalupe, dirige a nosotros tus ojos misericordiosos y une tus manos benditas en la plegaria de intercesión. Tú sabes aquello que es verdaderamente bueno para todos, tú que defiendes la vida de todo ser humano y la santidad del matrimonio, no permitas que se

violente más en este país y en todo el mundo la vida de los seres humanos. Concédenos a todos reconocer el maravilloso proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia y danos la fortaleza y el coraje de vivirlo y anunciarlo. Tú eres la madre de todos, en ti está nuestra esperanza.
 
 
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