Versión
estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Lorenzo Cárdenas Aregullín, Obispo de
la Diócesis de Papantla, Veracruz,
en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica
de Guadalupe.
20 de mayo de 2008
Amados hermanos, vamos a reflexionar un momentito en torno
a la Palabra de Dios.
Nos fijamos de manera especial en el Evangelio, ya que estamos
promoviendo un plan de una pastoral comunitaria, cuya base es una
espiritual de comunión para que así como estamos ahorita todos sintiéndonos
hijos de María, así también nos sintamos hijos de ese Padre y podamos
vivir como hermanos unos y otros. Nuestra aportación va en esta
línea.
El año pasado decíamos: María, Madre y Maestra del discipulado,
que nos lleva al encuentro con Jesús. Vamos a ver ese encuentro
de María con su prima Isabel, qué nos dice en torno al proyecto
de una espiritualidad de comunión. Nos dice que María dejó su casa,
las cosas que Ella protegía, las cosas detrás de las cuales Ella
podría haber buscado protección. Nos dice, que cruzó las montañas,
es decir, hizo a un lado las inhibiciones, los miedos, los prejuicios,
las barreras que había entre Ella e Isabel en una palabra va Ella
misma, sin nada. Ojo con lo que nos está enseñando para ir al encuentro
del hermano. Decimos deja todo: su casa, las cosas que le rodean,
las seguridades en las cuales Ella vivía, rompe con las inhibiciones,
con sus miedos, con sus prejuicios, con las barreras para acercarse
al otro. Isabel hace lo mismo, salta de gozo en su seno el hijo;
es decir, ella toma conciencia de su ser y es ella misma. De manera
que la Virgen, fijándonos en Ella, nos enseña que para vivir en
comunión, para vivir en comunidad tenemos que recorrer un proceso
hasta llegar a ser uno mismo. Mientras, yo no sea yo, voy a encontrar
infinidad de obstáculos para no estar en comunión. Pero, María nos
toma de la mano, así como ustedes han dejado su casa, su seguridad,
sus protecciones y ahí venimos a ver a nuestra Madre.
Ese mismo proceso nos pide para encontrar a Dios en él otro,
pero la condición es que yo sea yo. Porque luego hacemos retiros
de espiritualidad comunitaria y a la hora de los problemas no somos
capaces de brincar los obstáculos. Imagínense, como me decía alguien
por ahí, de ahí de la diócesis. ¿Cuánto no debió sufrir nuestra
Madre para ir de Nazaret a visitar a su prima? Y eso es lo que tú
te imaginas, pero no había medio de transporte, no había esto, imagínate,
y Ella como estaba centrada en Dios es capaz de romper con su inhibiciones,
con sus miedos, con sus prejuicios, con las barreras en las cuales
a veces nosotros caemos para no comunicarnos con los demás. La Virgen
nos toma de la mano y dice: para llegar al encuentro con Jesús y
tener una espiritualidad de comunión, yo te voy a tomar de la mano
vente, y Ella nos va ayudar precisamente eso a romper todas las
barreras que nosotros nos hemos creado para salir al encuentro del
otro y se necesita el que yo esté dispuesto.
Considerando la segunda lectura: ¿qué cosa es la gracia? La
gracia es Jesús, en el anuncio de la voluntad del Padre y nos comunica
la gracia, que es la liberación de la libertad del hombre. De manera
que si yo estoy en gracia en relación con Dios soy capaz de romper
con todas esas barreras, si estoy en relación con Dios. Porque es
lo que Dios ha querido al darnos la gracia, liberarnos del pecado
y liberarnos para servir a los demás. La gracia es algo dinámico,
estar en relación con Dios. Y la segunda lectura nos relata precisamente
la voluntad del Padre que se realiza en la encarnación, y que ahora
exige o pide de parte nuestra el que aceptemos ese liberarnos de
nuestro egoísmo, de nuestros miedos, de nuestras frustraciones,
de nuestros complejos a eso viene la gracia. Como les decía ayer
en la clase, si yo voy con la Virgen lo primero que me va a quitar
son esas telarañas de la cabeza, eso es lo primero que quiere nuestra
Madre. Que rompamos todo lo que impide la fraternidad, no esperar
al otro, no, a mí se me da la gracia, estoy en relación con Dios
y yo lo pongo en juego. De manera que si me acerco a cualquier cosa
y de manera especial a María y a todo lo que tenga relación con
Dios lo primero es que nos quite las telarañas de la cabeza. Le
vienes a rezar el rosario, la Virgen nos va a decir primero se tú,
primero toma conciencia de quien eres porque hay muchas cosas que
nos impiden libremente acercarnos al otro.
De manera que en esté día, setenta años, nuestros abuelitos,
verdad, setenta años de estar viniendo a los pies de María de Guadalupe,
ahora con mayor razón, dice, ánimo, tomen conciencia de que son
mis hijos, de que yo los amo “No estoy yo aquí que soy tu Madre”.
¿A qué viene ese amor? A que yo tome conciencia de que soy amado
y lo que la Virgen quiere es que yo, sea yo, y me quiete todas esas
telarañas, verdad, porque luego llegamos así aquí a la Villa y pues
¿ese de dónde es? salúdalo y después le preguntas, salir al encuentro
del otro. La Virgen cruza seis kilómetros a pie, si se quiere, ¿qué
va encontrar en el camino? quien sabe, a Ella no le interesa porque
está centrada en Dios y al estar centrada en Dios todo lo demás
pasa a segundo lugar.
En una espiritualidad de comunión, si estoy centrado en Dios
lo demás pasa a segundo lugar. Por ahí están nuestros hermanos de
Cuautémoc, problema que tuvieron por allá, con el pecho limpio,
a saludarse, a convivir, no paso nada eso es lo que nos enseña María
de Guadalupe. Quédense con la imagen seis kilómetros a pie, imagínense,
dos mil años. Y ahí va María, la adolescente, la doncella rompiendo
inhibiciones, miedos, barreras, prejuicios, es Ella misma centrada
en Dios y por eso es capaz de ir al encuentro del otro para formar
comunidad. De manera que si María es Madre y Maestra de la comunión,
ahora el Evangelio nos da esa oportunidad para ir reflexionando.
Una doncella que atraviesa seis kilómetros rompiendo lo que tú te
puedas imaginar. ¿Para qué? para ir al encuentro y en ese encuentro
encontrar a Dios.
La evangelización es encontrar a Dios que me ama para que yo
pueda amar a los demás. Pues, María nos enseña la espiritualidad
de comunión centrados en Dios se nos da la capacidad, la gracia
para que uno sea uno mismo y tenga esa capacidad de abrirnos a los
demás. De manera que nos vamos a unir en oración para que juntos:
presbiterio y pueblo formemos esa comunidad, esa Iglesia que Jesús
quería y esa iglesia que el Padre soñó antes de crear el mundo para
que fuese centrada en el amor.
Pidámosle, pues, con intensidad porque está muy duro de romper
esos obstáculos, esa barreras, así estamos bien, ¿verdad?, nos cuesta
salir de nuestra comodidad, de nuestras seguridades, ¡que no nos
invadan nuestro ambiente! Nos cuesta. Pero la Virgen nos dice que
tenemos que estar centrados en Dios. No a las expectativas mías,
ni de los demás, sino de Dios y eso nos da la capacidad para romper
todas las barreras y formar una comunidad en la cual se manifiesta
el amor de Dios de unos a otros, es decir, la Iglesia, cuya base
es una espiritualidad de comunión.