Monseñor
José Guadalupe Torres, Obispo de la Diócesis de Gómez Palacio.
Estimados padres de la Arquidiócesis de Gómez Palacio, laicos,
grupos apostólicos, religiosas. ¡Gracia y paz de parte de
Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor!
1.- Saludo.
Santa
María de Guadalupe: en nombre de presentes y ausentes de la
Arquidiócesis de Durango, te saludo con palabras de conocida
plegaria: “¡Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra! ¡Dios te Salve! A
Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos
gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”.
Es
adecuada esta plegaria para saludarte; porque Tú misma así
te reconociste en los diálogos con tu confidente Juan Diego,
aquellos días del 9 al 12 de diciembre de 1531: “Yo en
verdad, soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos los hombres
que en esta tierra estáis en uno... porque ahí les escucharé
su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus
diferentes penas, sus miserias, sus dolores”. (NM 29-30,32)
Santa
María de Guadalupe al visitarte en años anteriores, te encomendábamos
el proyecto de la Diócesis de Gómez Palacio. Hoy, con la presencia
del Señor Obispo, de los sacerdotes, de los seminaristas,
de los laicos de Gómez Palacio, traemos la fresca, fragante
y hermosa rosa recién florecida de la Diócesis de Gómez Palacio,
tan fresca y tan fragante como rosa fresca en la mañana del
12 de diciembre del 1531. Ella es fruto de tu amor por tus
hijos; es fruto de nuestras insistentes plegarias aquí ante
tu bendita Imagen.
Con
afecto de hijos y también con toda clase de necesidades, nos
presentamos ante Ti, Madre desbordante de compasión y de ternura,
cobijándonos bajo tu manto protector. Nos basta tu mirada
cariñosa y complaciente. Pero también necesitamos implorar
tu valimiento ante el Padre providente, poderoso y compasivo.
2.- La Palabra de Dios.
Primera
lectura, 2Cor 4,7 -15, tomada de san Pablo a los Corintios,
dice: “Nosotros llevamos un tesoro en vasos de arcilla,
para que aparezca que el poder extraordinario viene de Dios
y no de nosotros”. La grandeza del apostolado y su poder
salvífico, están encerrados en vasos pobres y frágiles; de
ahí que aunque zarandeados por las adversidades no somos abatidos
“y llevamos siempre y dondequiera en nuestro cuerpo la
muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste
en nuestro cuerpo”.
Por
distintas circunstancias, todos sentimos a veces nuestra poquedad
y nuestra fragilidad. Podemos sentimos perdidos; pero justo
entonces hemos de confiar en Cristo, pues, sabemos que participando
en su pasión, participamos en su vida, sufriendo comunicamos
vida a los demás. Por ello, ni la pequeñez, ni la imperfección
nos aparten de dar a Cristo lo mejor que podemos, testimonio
de palabras y de obras. Pues, hoy, la Iglesia vive entre contrastes:
debe anunciar la vida en un mundo que cree muerto a Dios y
mata a los hombres, debe proclamar el amor entre el odio,
la fraternidad, entre la lucha de clases. No confiar, pues,
en la poquedad de nuestro esfuerzo, sino en Cristo.
Segunda
Lectura, Mt 5,27-32 del Evangelio según san Mateo: “Habéis
oído que se dijo: no cometas adulterio; pero yo les digo;
quien mire una mujer, deseándola, ya cometió adulterio con
ella en su corazón". Buscando el cumplimiento de
la ley antigua, Jesús configura el matrimonio como comunidad
de amor eterno y no como unión disoluble al capricho o la
pasión. Él condena la disolución moral (la infidelidad o el
adulterio), también la disolución jurídica como el divorcio.
Él incluye la mirada impúdica que abre la puerta a la infidelidad.
Jesús apela a la conciencia que ninguna ley puede sustituir
o violar. EI adulterio es rechazado hasta la raíz de las intenciones
secretas. La mirada del creyente ha de ser sana; ello implica
graves sacrificios: y si las legislaciones eran tolerantes
para el hombre y drásticas para la mujer, Jesús los pone al
mismo nivel. La novedad de Cristo, la unión del hombre y de
la mujer, es expresión de amor, viene de Dios. No es pasión
egoísta, exclusiva búsqueda de placer. El amor es donación
reciproca, encuentro de libertades que se unen. Una atracción
física sin amor es alienación, inmadurez humana, porque no
expresa la persona a la persona, sino sólo el sexo al sexo,
es lesiva de la dignidad, tentativo de reducir al otro a una
cosa, una posesión, un bien de consumo.
3.- Síntomas positivos.
Agradecemos
los dones cristianos de que disfrutamos desde nuestra iniciación
cristiana. Nos reconocemos como hijos de Dios por las aguas
bautismales que nos introdujeron en la vida nueva. Nos reconocemos
discípulos de Cristo y testigos de su Evangelio, queremos
reconocemos como cristianos adultos y misioneros en la Misión
Arquidiocesana y Continental, en continuidad con la línea
misionera como comenzó la primera evangelización del Continente.
Y hay que reconocer, que como antiguamente existía el pequeño
resto fiel de los pobres de Yahvé con los impulsos de la Misión
Arquidiocesana y Continental, también ahora, aparece y desarrolla
ese pequeño resto fiel que sirve como cimiento y fermento
de una religiosidad más viva y dinámica.
Por
ello, la mayor parte del Continente americano está iniciando
la Misión Continental. Nosotros vamos ya en la cuarta etapa
de la Misión y quisiéramos verla viva, dinámica y floreciente.
Habiendo
comenzado el presente año con el Encuentro Mundial de las
Familias, quisimos en Durango, dedicar no sólo una semana,
sino todo el año 2009 como etapa de la Familia. Más aún, quisimos
acompañar la etapa con una visita pastoral, recorriendo parroquia
por parroquia con los objetivos de despertar a la población
al sentido de la conversión cristiana y de la participación
misionera, motivar al Año de la Familia y al despertar de
todas las vocaciones.
Simultáneamente
a la Misión, cumpliéndose el Jubileo por los 2000 años del
nacimiento de san Pablo, estamos por terminar el año dedicado
a san Pablo.
Ahora,
acercándose el 150 aniversario de la muerte de san Juan María
Vianney, el Santo Cura de Ars, estamos por iniciar un Año
Jubilar Sacerdotal, que te encomendamos Santa María de Guadalupe.
Este año sea ocasión privilegiada para que todos en la arquidiócesis
y en Gómez Palacio meditemos en la participación sacerdotal
que a cada quien compete, según el Sacramento del Bautismo
y de la Confirmación o del sacramento del Orden.
Oremos
en este año para que el Buen Dios conceda a la Iglesia abundantes
vocaciones de todo don, carisma, o ministerio. Especialmente,
oremos al Buen Dios, para que nos regale abundantes vocaciones
presbiterales y misioneras para renovar estos carismas en
la Iglesia. El año sacerdotal, nos dé ocasión de varios y
variados acontecimientos, para estimulo de nuestra identidad
cristiana y sacerdotal. Aprovechemos el año sacerdotal, para
fortalecer nuestra fidelidad en la vida y en el ministerio
sacerdotal.
4.- Carencias sobresalientes.
Sobre el aspecto político.
Primeramente,
se está caldeando el ambiente político electoral en tonos
agresivos de descalificaciones más que en tonos propositivos.
Incluso hay sugerencias de promover el abstencionismo participando
con un voto en blanco, lo cual equivale a nulificar el voto.
Santa
María de Guadalupe ven en apoyo nuestro, ven en apoyo a la
participación de la Iglesia en la política propositiva de
alentar a los ciudadanos a cumplir su derecho-deber cívico
votando con responsabilidad, pues, entre más escasa sea la
votación menor será la esperanza de adelanto democrático.
La pobreza del campo. Rogativas.
Como
cada año, queremos recordarte especialmente a los trabajadores
del campo que son la mayoría de los habitantes de nuestra
iglesia durangueña y zacatecana. Queremos encomendarte particularmente
a los pobres y queremos decirte que a veces llueve poco y
sufrimos. Y a veces llueve mucho y también sufrimos, como
el año pasado. Nos mortifica la sequía y nos mortifica la
inundación.
Hace
calor y oímos decir que se agudizará la crisis económica internacional.
Santa María de Guadalupe, mira la pobreza de nuestros campos
y atiende nuestras rogativas por las lluvias benéficas para
obtener los frutos de la tierra. Hoy mismo, en la sede episcopal
de la arquidiócesis, los fieles peregrinarán por las calles
hasta tu Santuario, en rogativa por las lluvias, atiende a
nuestros ruegos.
Carencia notable es la apostasía silenciosa.
Una
gran parte de nuestros hermanos católicos, tibiamente conservan
la fe y algo de costumbres o tradiciones, pero vienen flaqueando
y declinando en una apostasía silenciosa de la fe católica
y se vuelcan a corrientes prácticas y de vida que un poco
o un mucho dejan que desear del nombre cristiano. Gustan de
prácticas cristianas elementales como recibir el Bautismo,
confirmar sus hijos, acercarlos a la Primera Comunión y algún
otro elemento de religiosidad popular. Pero su vivencia cristiana
no es testimonial, más bien es ambivalente o incoherente.
Digamos que silenciosamente se van apartando de la práctica
religiosa católica. De modo que así como practican algunos
elementos; así abandonan otros, como práctica de la Confesión
o del Matrimonio dejan la moral y la misma asistencia a la
Misa dominical. Es típico por ejemplo: la celebración de la
Eucaristía con escasez de jóvenes.
Relativismo, reduccionismo, secularismo, inseguridad y violencia.
Como
consecuencias del ateísmo galopante en el mundo, se divulgan
por todas partes del planeta, también en nuestro territorio,
visiones relativistas y reductivas por las que cada quien
quiere medir la verdad con la medida de su propia captación
mental, colaborando cada quien al creciente secularismo que
nos envuelve.
Secuelas
del secularismo y de la lucha por el control del narcotráfico
son los fenómenos cada vez más violentos de inseguridad, violencia
y extorsión en formas cada vez más crudas, síntomas de una
humanidad insensible, cruel e inhumana, como podemos palpar
en los refinados métodos para arrancar la vida a inocentes
e indefensas criaturas desde el seno de sus madres.
Refinados
métodos para ajusticiar, a quienes les compiten el cultivo,
la comercialización o la distribución de los enervantes. Refinada
saña para liquidar a quien compite en el afán de enfermar
con las adicciones el sistema nervioso de tantos adolescentes,
jóvenes y adultos. Enfermizo afán de ser más que otros, arrebatándoles
los puestos de mando en los pueblos. En esta misma semana
sucedió en la ciudad de Durango, una estruendosa balacera,
prolongada por horas, resultando personas muertas, heridas,
detenidas y diversos decomisos.
Santa
María de Guadalupe: míranos con compasión, no nos desampares
Madre nuestra, nos quedas tú y la virtud de la esperanza.
9.- Sentido de la esperanza.
La
esperanza es la Virtud Teologal por la que aspiramos al Reino
de los Cielos y a la vida eterna, como felicidad nuestra,
poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos
no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la Gracia del
Espíritu Santo.
Por
eso, los bautizados no cesamos de anunciar al mundo la esperanza,
partiendo de la predicación del Evangelio de Jesucristo. Nos
sentimos en el deber de infundir confianza y proclamar ante
todos las razones de la Esperanza Cristiana, sobre todo donde
más fuerte es la presencia de una cultura antievangélica que
rechaza toda apertura a lo trascendente.
Donde
falta la esperanza, la fe misma es cuestionada. Incluso el
amor se debilita cuando la esperanza se apaga. Esta, en efecto,
es un valioso sustento para la fe y un incentivo eficaz para
la caridad, especialmente en tiempos de creciente incredulidad
e indiferencia. La esperanza toma su fuerza de la certeza
de la voluntad salvadora universal de Dios que “quiere
que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
pleno de la verdad” (l Tim. 2,4), y de la presencia constante
del Señor Jesús, “El Emmanuel siempre presente con nosotros”.
(Mí. 28,20).
Ante
el fracaso de las esperanzas humanas la Iglesia reafirma su
convicción de que sólo la luz del Resucitado y el impulso
del Espíritu Santo ayudan al hombre a poner su confianza en
Dios, “Esperanza que no defrauda”. (Rom. S.S). “Y
mantenerla siempre viva y alimentarla constantemente”
(Rom. IS,4) (Pastores Gregis 3 y 4).
La
Virgen María que vivió junto a su Divino Hijo cada fase de
su misión en la tierra nos ayude a acoger con fe el don de
la Pascua y nos convierta en testigos felices, fieles y gozosos
del Señor Resucitado, (L'Ossevatore Romano en español N° 16
Pág., 14).
10.- Peregrinando con María.
Toda
la vida del cristiano es peregrinación. Sin embargo en algunos
momentos esta dimensión se hace más viva y especialmente intensa.
Peregrinar es caminar con un rumbo fijo, es avanzar hacia
una meta, hacia un lugar que representa un encuentro espiritual.
En
la vida de la Iglesia las peregrinaciones han sido una práctica
constante e inmensamente fructífera que las simboliza a Ella
misma, pues, es pueblo peregrino que camina sostenida por
la Eucaristía hacia la patria celestial.
Esta
peregrinación comporta siempre una cuota inevitable de riesgo,
que se comprende con la conciencia de nuestra debilidad y
nuestro pecado. Es parte del diario morir en Cristo que la
fe nos permite asumirlo con esperanza. Y es en este tiempo
en que debemos mirar de una manera especial a nuestra Madre: