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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. José de Jesús Martínez Zepeda, Obispo de la Diócesis de Irapuato, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

8 de octubre de 2009

Un grupo de peregrinos en representación de toda la diócesis, para reconfortarnos en su presencia amorosa. María, Madre de la Iglesia, es modelo de seguimiento de su Hijo, estuvo en total disponibilidad, de recibir en su seno al Hijo de Dios, de servirlo con toda su vida y de anunciar las maravillas que el Altísimo realizó en su vida. Acompañó, después, a los apóstoles en los inicios de la evangelización, cuando llegó la Buena Nueva a nuestra Nación, Ella vino en auxilio del pueblo mexicano y pidió un templo, para mostrar, dijo: todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues, Yo soy su piadosa Madre. En su regazo nos reconfortan sus palabras: ¿no estoy Yo aquí que soy tu Madre? Al comenzar la lucha de la Independencia, su  bendita imagen fue enarbolada, como la primera bandera. Nuestra Señora de Guadalupe ha representado y acompañado las diversas etapas de la historia de este país, desde su Basílica en este lugar y en muchos otros templos, que la piedad le ha dedicado. Ha permanecido con nosotros, como un signo de consuelo y de esperanza.

Y a hasta Ella llegamos esta mañana, donde culmina esta peregrinación de nuestra diócesis. Hemos traído para ofrendar el cansancio de quienes caminaron esos días, la fatiga, el sudor, nuestro amor y nuestra fe. La alegría de haber completado felizmente la VI peregrinación a pie, al mismo tiempo traemos nuestras preocupaciones. La pobreza extrema de muchos de nuestros hermanos. Los efectos de la crisis económica, mundial. La sequía que ha levantado los campos de los campesinos, la influenza, la violencia del combate al narcotráfico. El lento aprendizaje de los procesos de la democracia, que ha hecho muy lento y tortuoso el camino de los acuerdos de los cambios que nuestro país necesita desde hace con tanta urgencia y que se van consiguiendo con tantas dificultades, tanto circo y tanta fatiga, retrasándonos en el conjunto de los países de América Latina. Cada día vamos bajando esa valoración, porque nuestros dirigentes tienen en primer lugar miras pequeñas, que miran a intereses de grupo, no a los intereses del país.

Traemos, también, entre nuestras preocupaciones el debilitamiento de la institución y de la vida de las familias, aumentan los divorcios, la intolerancia entre los nuevos esposos. La alteración de la jerarquía de los valores. La baja calidad de la educación, el desafío que tenemos delante de nosotros de recuperar un fuerte espíritu misionero. Y la tarea de realizar la Misión Continental, que nos permita vivir y comunicar la vida nueva en Cristo a nuestros pueblos  

El profeta Malaquías expresa en nombre de Dios un llamado: ustedes, dice al pueblo de Israel palabras que nos confrontan también a nosotros el día de hoy, me han ofendido con sus palabras. Han dicho: no vale la pena servir a Dios, que hemos ganado con guardar sus mandamientos o con hacer penitencia ante el Señor de los ejércitos, más bien tenemos que felicitar a los soberbios, pues, hacen el mal y prosperan, provocan a Dios y escapan sin castigo. El Señor le echa en cara su falta de fe y le asegura su intervención y su justicia: el día que Yo actué, dice el Señor de los ejércitos, ellos serán mi propiedad personal y yo seré indulgente con ellos, como un padre es indulgente con su hijo que lo obedece. Entonces, verán la diferencia entre los buenos y los malos, entre los que obedecen a Dios y los que no lo obedecen. Para ustedes los que temen al Señor brillará el sol de justicia, que les dará la salvación en sus rayos. Este conjunto de acontecimientos adversos y de desafíos grandes que exige generosidad, entrega, audacia generosa, perseverancia produce por momentos un efecto contrario, que parece que se acaban nuestras fuerzas. El fantasma de una regresión política amenaza con distinguir los rescoldos de la esperanza, en efecto. Los adolescentes y los jóvenes, que son más sensibles a estos vaivenes y todavía débiles en sus ideales han aumentado su salida por la puerta falsa del suicidio, en verdad no encuentran una razón para seguir viviendo en este país. El alcanzar los objetivos más valiosos, que requieren de mayor tiempo, perseverancia, dedicación o esfuerzo. No parece fácil de perseguir por tanto tiempo para la mayoría y nuestro pueblo es un pueblo que no tiene una gran memoria fácilmente se olvida sus proyectos, de las grandes catástrofes que le aquejaron y se deja guiar nuevamente de falsas promesas, expuestas en la publicidad.

Se quisieran resultados inmediatos con el menor esfuerzo y sin costos personales. Pero, lo mismos le pasó a Moisés, parece que esto fuera parte de la naturaleza humana, cuando este caudillo encabezó la liberación de Israel de la esclavitud, que sufría en Egipto pronto tuvo que luchar con su pueblo, que a pesar de haber conseguido la libertad, pasar por el mar donde quedaron atascados los carros de sus perseguidores, que ahí perdieron la vida y de a ver presenciado muchas maravillas más realizadas por Dios en su  favor comenzaron a lamentarse: ojala el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos juntos a las ollas de carne y nos hartábamos de pan. Pero, ustedes nos han traído a este desierto para hacer morir de hambre a toda esta gente. No apreciaban el precio de la libertad, preferían las cebollas que comían en Egipto, las ollas que disfrutaban allá, las maravillas del Señor, que en apariencia no significaban nada para ellos. Pues, parece ser esa la tendencia general y también se manifiesta en nuestros pueblo y en nuestra diócesis.

Pero, cuando parece que los veleros para seguir construyendo alternativas libertad y de progreso estuvieran definitivamente azolvadas la fe viene en nuestro auxilio y hoy Dios nos reafirma por medio del profeta Malaquías: tengan fe, crean en mí yo actuaré, yo estoy con ustedes. La Virgen María en su advocación de Guadalupe les ha dado muestras, como a ningún otro pueblo. Ella que es  poderosa los sigue acompañando desde la colina del Tepeyac. Ella los ayudará a encontrar el camino y a ir por el camino del progreso, de la paz y de la concordia.

Es necesario que nosotros no nos olvidemos del Señor, que no creamos a esas voces que pretenden cancelar a Dios del horizonte de la vida. De esas voces que pretenden encerrarnos en una visión puramente humana. Ya el Papa nos dice: esa visión humana nos llevaría a la ruina y a la muerte. Creamos al Señor y pongamos en Él nuestra esperanza, porque Él nos reitera el día de hoy: el día que Yo actué serán mi propiedad personal y Yo seré indulgente, entonces, verán la diferencia entre los buenos y los malos, entre los que obedecen a Dios y lo que no lo obedecen.

Convirtámonos, volvámonos al Señor, en engrosemos los grupos de quienes son temerosos y obedecen al Señor nuestro Dios, que la Virgen María nos cubra con su manto y nos alcance con su protección. Sigamos el ejemplo de Juan Diego, que a partir de la experiencia de las Apariciones consagró su vida a proclamar la salvación del Señor y las maravillas de María.

Nosotros en nuestros días tenemos delante la tarea de la nueva evangelización llevar adelante la Misión Continental.

Que el Señor nos conceda su gracia, nos de su fuerza y con la audacia de los apóstoles nos dediquemos al cumplimiento de su voluntad, que haga posible que sembremos en nuestro tiempo los signos de la presencia del reino de Dios entre nosotros.

Así sea.

 
 
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