8
de octubre de 2009
Un grupo de peregrinos en representación
de toda la diócesis, para reconfortarnos en su presencia amorosa.
María, Madre de la Iglesia, es modelo de seguimiento de su Hijo, estuvo
en total disponibilidad, de recibir en su seno al Hijo de Dios, de
servirlo con toda su vida y de anunciar las maravillas que el Altísimo
realizó en su vida. Acompañó, después, a los apóstoles en los inicios
de la evangelización, cuando llegó la Buena Nueva a nuestra Nación,
Ella vino en auxilio del pueblo mexicano y pidió un templo, para mostrar,
dijo: todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues, Yo soy
su piadosa Madre. En su regazo nos reconfortan sus palabras: ¿no
estoy Yo aquí que soy tu Madre? Al comenzar la lucha de la Independencia,
su bendita imagen fue enarbolada, como la primera bandera. Nuestra
Señora de Guadalupe ha representado y acompañado las diversas etapas
de la historia de este país, desde su Basílica en este lugar y en
muchos otros templos, que la piedad le ha dedicado. Ha permanecido
con nosotros, como un signo de consuelo y de esperanza.
Y a hasta Ella llegamos esta
mañana, donde culmina esta peregrinación de nuestra diócesis. Hemos
traído para ofrendar el cansancio de quienes caminaron esos días,
la fatiga, el sudor, nuestro amor y nuestra fe. La alegría de haber
completado felizmente la VI peregrinación a pie, al mismo tiempo traemos
nuestras preocupaciones. La pobreza extrema de muchos de nuestros
hermanos. Los efectos de la crisis económica, mundial. La sequía que
ha levantado los campos de los campesinos, la influenza, la violencia
del combate al narcotráfico. El lento aprendizaje de los procesos
de la democracia, que ha hecho muy lento y tortuoso el camino de los
acuerdos de los cambios que nuestro país necesita desde hace con tanta
urgencia y que se van consiguiendo con tantas dificultades, tanto
circo y tanta fatiga, retrasándonos en el conjunto de los países de
América Latina. Cada día vamos bajando esa valoración, porque nuestros
dirigentes tienen en primer lugar miras pequeñas, que miran a intereses
de grupo, no a los intereses del país.
Traemos, también, entre nuestras
preocupaciones el debilitamiento de la institución y de la vida de
las familias, aumentan los divorcios, la intolerancia entre los nuevos
esposos. La alteración de la jerarquía de los valores. La baja calidad
de la educación, el desafío que tenemos delante de nosotros de recuperar
un fuerte espíritu misionero. Y la tarea de realizar la Misión Continental,
que nos permita vivir y comunicar la vida nueva en Cristo a nuestros
pueblos
El profeta Malaquías expresa
en nombre de Dios un llamado: ustedes, dice al pueblo de Israel
palabras que nos confrontan también a nosotros el día de hoy, me
han ofendido con sus palabras. Han dicho: no vale la pena servir
a Dios, que hemos ganado con guardar sus mandamientos o con hacer
penitencia ante el Señor de los ejércitos, más bien tenemos que felicitar
a los soberbios, pues, hacen el mal y prosperan, provocan a Dios y
escapan sin castigo. El Señor le echa en cara su falta de fe y
le asegura su intervención y su justicia: el día que Yo actué, dice
el Señor de los ejércitos, ellos serán mi propiedad personal y yo
seré indulgente con ellos, como un padre es indulgente con su hijo
que lo obedece. Entonces, verán la diferencia entre los buenos y los
malos, entre los que obedecen a Dios y los que no lo obedecen. Para
ustedes los que temen al Señor brillará el sol de justicia, que les
dará la salvación en sus rayos. Este conjunto de acontecimientos adversos
y de desafíos grandes que exige generosidad, entrega, audacia generosa,
perseverancia produce por momentos un efecto contrario, que parece
que se acaban nuestras fuerzas. El fantasma de una regresión política
amenaza con distinguir los rescoldos de la esperanza, en efecto. Los
adolescentes y los jóvenes, que son más sensibles a estos vaivenes
y todavía débiles en sus ideales han aumentado su salida por la puerta
falsa del suicidio, en verdad no encuentran una razón para seguir
viviendo en este país. El alcanzar los objetivos más valiosos, que
requieren de mayor tiempo, perseverancia, dedicación o esfuerzo. No
parece fácil de perseguir por tanto tiempo para la mayoría y nuestro
pueblo es un pueblo que no tiene una gran memoria fácilmente se olvida
sus proyectos, de las grandes catástrofes que le aquejaron y se deja
guiar nuevamente de falsas promesas, expuestas en la publicidad.
Se quisieran resultados inmediatos
con el menor esfuerzo y sin costos personales. Pero, lo mismos le
pasó a Moisés, parece que esto fuera parte de la naturaleza humana,
cuando este caudillo encabezó la liberación de Israel de la esclavitud,
que sufría en Egipto pronto tuvo que luchar con su pueblo, que a pesar
de haber conseguido la libertad, pasar por el mar donde quedaron atascados
los carros de sus perseguidores, que ahí perdieron la vida y de a
ver presenciado muchas maravillas más realizadas por Dios en su favor
comenzaron a lamentarse: ojala el Señor nos hubiera hecho morir
en Egipto, cuando nos sentábamos juntos a las ollas de carne y nos
hartábamos de pan. Pero, ustedes nos han traído a este desierto para
hacer morir de hambre a toda esta gente. No apreciaban el precio
de la libertad, preferían las cebollas que comían en Egipto, las ollas
que disfrutaban allá, las maravillas del Señor, que en apariencia
no significaban nada para ellos. Pues, parece ser esa la tendencia
general y también se manifiesta en nuestros pueblo y en nuestra diócesis.
Pero, cuando parece que los
veleros para seguir construyendo alternativas libertad y de progreso
estuvieran definitivamente azolvadas la fe viene en nuestro auxilio
y hoy Dios nos reafirma por medio del profeta Malaquías: tengan
fe, crean en mí yo actuaré, yo estoy con ustedes. La Virgen María
en su advocación de Guadalupe les ha dado muestras, como a ningún
otro pueblo. Ella que es poderosa los sigue acompañando desde la
colina del Tepeyac. Ella los ayudará a encontrar el camino y a ir
por el camino del progreso, de la paz y de la concordia.
Es necesario que nosotros no
nos olvidemos del Señor, que no creamos a esas voces que pretenden
cancelar a Dios del horizonte de la vida. De esas voces que pretenden
encerrarnos en una visión puramente humana. Ya el Papa nos dice: esa
visión humana nos llevaría a la ruina y a la muerte. Creamos al
Señor y pongamos en Él nuestra esperanza, porque Él nos reitera el
día de hoy: el día que Yo actué serán mi propiedad personal y Yo
seré indulgente, entonces, verán la diferencia entre los buenos y
los malos, entre los que obedecen a Dios y lo que no lo obedecen.
Convirtámonos, volvámonos al
Señor, en engrosemos los grupos de quienes son temerosos y obedecen
al Señor nuestro Dios, que la Virgen María nos cubra con su manto
y nos alcance con su protección. Sigamos el ejemplo de Juan Diego,
que a partir de la experiencia de las Apariciones consagró su vida
a proclamar la salvación del Señor y las maravillas de María.
Nosotros en nuestros días tenemos
delante la tarea de la nueva evangelización llevar adelante la Misión
Continental.
Que el Señor nos conceda su
gracia, nos de su fuerza y con la audacia de los apóstoles nos dediquemos
al cumplimiento de su voluntad, que haga posible que sembremos en
nuestro tiempo los signos de la presencia del reino de Dios entre
nosotros.
Así sea.