Versión
estenográfica de la
pronunciada
por Mons. Gerardo de Jesús Rojas López, Obispo
de la Diócesis de Nuevo
Casas Grandes Chihuahua, en ocasión
de la peregrinación de su diócesis a la Basílica
de Guadalupe.
22 de julio de 2009
Venimos de la Diócesis de Nuevo
Casas Grandes, del Estado de Chihuahua, (para las personas que nos acompañan
en este día) es una diócesis de las 6 que tiene el estado. Está al Noroeste,
a la parte Norte del Estado de Chihuahua, desde allá venimos.
Nos dice la Iglesia, que la
Eucaristía es sacrificio y sacramento. Sacrificio porque se ofrece una
víctima y sacramento porque Aquel que es ofrecido se nos da como alimento.
Entonces, la misa es sacrifico. ¿Y qué vamos a ofrecer junto con la
víctima, que es Cristo, Jesús? ¿qué le vamos a poner en las manos al
Señor para que lo ofrezca al Padre y nos bendiga? Porque Aquel que es
ofrecido se nos da como alimento.
En estos días el Evangelio
de Marcos, sobre todo los domingos, nos dice que Cristo, Jesús, escogió
a los que Él quiso para que estuvieran con Él. Luego los envió a predicar
de dos en dos y les dijo, no lleven ni dinero, ni morral, ni doble túnica.
Basta con que llevarán a Jesús para evangelizar, para llevar la Buena
Nueva no hacen falta tantas cosas: ni dinero, ni morral, ni doble túnica,
ni doble bastón. Dice Santa Teresa: donde está Dios no falta nada, sólo
Dios basta, basta Dios para poder evangelizar. Y así Jesús los envió
de dos en dos y les dijo vayan y toquen en las puertas de las casas
y digan: la paz sea en este hogar, la paz sea en esta casa. Y al volver,
dice el Evangelio del domingo, Jesús los recibió, ellos, dice san Marcos,
al volver se reunieron con Jesús y le platicaron todo, todo lo que habían
hecho y lo que habían dicho, también, y entonces Jesús les dijo: vengan
conmigo para que descansen un poco junto a mí. Esa es la secuencia de
los textos del Evangelio de estos días.
Entonces, si la Eucaristía
es un sacrificio ¿qué le vamos a ofrecer a Dios? dice el Evangelio:
al llegar los apóstoles con Jesús le platicaron todo. Entonces,
¿qué le vamos a ofrecer al Señor? Todo, como los apóstoles le dijeron
al Señor: todo lo que habían hecho y lo que habían dicho, le
platicaron todo.
Y en este día a los pies de
la virgen de Guadalupe ¿qué le vamos a ofrecer a Dios? Todo. Y le vamos
a platicar todo, y a la Virgen María también. Así iniciamos nuestra
peregrinación allá en Peralvillo al comenzar, a las 10 a.m., nuestra
caminata, nuestro peregrinar:
¡Oh
Señora mía!
¡Oh
Madre mía!
Yo
me ofrezco enteramente a ti
y
en prueba de fidelidad y afecto
me
consagró en este día y para siempre
te
consagró mis ojos, mis odios,
el
corazón en una palabra todo mi ser.
Así
como los apóstoles le platicaron todo a Jesús, hoy queremos consagrarnos
a la Virgen María, todos. Pero ¿qué le vamos a decir a la Virgen? cada
uno, los peregrinos que venimos de muy lejos, los que vienen de cerca,
también, traen muchas cosas que decirle a la Virgen. Hay muchos encargos,
nos han dicho: si vas a la Basílica díganle y háblele a la Virgen
de mí, de todo lo que hermanos y amigos, familiares, conocidos de comunidad
nos han encargado. Pues, hay que decirle todo a Jesús, como los
apóstoles y a la Virgen María, también, por eso nos hemos consagrado
a Ella. Dice el texto de san Juan, en el capítulo 2, sobre las Bodas
de Caná: que la Virgen María fue invitada junto con Jesús a una boda
a Caná de Galilea. Ella estaba muy atenta, se les acabó el vino y fue
la Virgen María con quien sabía, que podía solucionar el problema, se
fue directamente con Jesús. A decirle: Hijo no tienen vino.
Estos
días, el día de la Virgen del Carmen, decía el Evangelio, junto a la
cruz de Jesús estaba su Madre y el discípulo amado. Y Jesús le dice
al discípulo: hijo aquí tienes a tu Madre, desde aquella hora,
desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa. La Virgen como
discípulos amados ha estado en nuestra casa, como en Caná de Galilea.
Y hay que decirle a la Virgen, que así como en Caná de Galilea, Ella
le dijo a Jesús: Hijo no tienen vino. Digámosle a la Virgen,
que también allá en nuestra tierra, en nuestras parroquias, en la diócesis,
en aquel territorio se ha acabado el vino de la fraternidad, del respeto
humano, de la dignidad, de los valores, del perdón, de la sencillez,
se ha agotado el vino. Muchas muertes, muchos acribillados, muchos extorsionados,
tanta cosa, tan desastroso.
Digámosle
a la Virgen que le día a Jesús su Hijo: todo aquel vino que se ha acabado,
y sin duda el Señor nos lo dará. Lo acabamos de escuchar en la primera
lectura: cuando el pueblo aclamó a Dios, Él le escuchó, desde hace
días, decía la lectura del Éxodo, cuando Dios habló con Moisés
he oído el clamor de mi pueblo. Dios escucha, pues, pidámosle a
la Virgen María, que le diga a Jesús, que también en nuestra tierra
se ha acabado el vino, se ha acabado el vino del perdón, del respeto,
de tantas cosas. Pero, también, decía la lectura del domingo: y en
Cristo Jesús se acaba todo odio y todo rencor. Como no pedirle esta
tarde a la Virgen María, que le diga a Jesús: que no haya odio en los
corazones de aquellos seres queridos, que les han mando un hijo, un
esposo, un familiar, un amigo, un vecino, de la impotencia, de todo
aquello que el corazón siente y trae.
Cristo,
Jesús, nos dice, en los evangelios de estos días: vengan conmigo
para que descansen poco junto a Mí. Y hay que platicarle todo. Y
la Virgen María nos va a decir: ¿no estoy Yo aquí que soy tu Madre?
¿qué más necesitas? Dile lo que necesitas ¿qué necesitas? todo.
Según el
Evangelio: le platicaron todo lo que había dicho y lo que habían
hecho. Pues, eso vamos hacer en esta Eucaristía a platicarle todo.
Los
niños pequeños, las niñas pequeñas platican con su mamá son con quien
más platican y le platican todo. Le platican que se cayeron y trae un
raspón, que les pegaron, que no les dieron, que los regañaron, pero
también cosas bellas, cosas valiosas. Estas con tu Madre, la Virgen
María, como niño, como niña platícale lo que te han hecho, platícale
de tu dolor, de tu sentimiento, de tu necesidad, pero también de cosas
bellas, de cosas hermosas. Ella, como Jesús nos escucha todo.
Entonces,
¿qué le vamos a ofrecer al Señor? todo lo que traemos: tristezas, angustias,
necesidades, pero también gozos y alegrías. Le traemos a la Virgen María
nuestros corazones y con ello todo aquello que nos han pedido que le
ofrezcamos. Cerca de 500 personas, que venimos de lejos a ofrecernos
a Dios y a consagrarnos a la Virgen con todo lo que hemos caminado este
año en nuestra diócesis y también con el último sacerdote, que hemos
ordenado, el padre David, que ha venido también a darle gracias a Dios
y a estar con nosotros. A ofrecerse también y a consagrarse a la Virgen
María, a la Virgen de Guadalupe.
Bien,
pues, sí, la Eucaristía es sacrificio todo eso lo ofrecemos a Dios en
las manos de Jesús para que lo ofrezca al Padre y si es sacramento,
porque Aquel que es ofrecido se nos da como alimento ¿qué nos alimenta?
¿y cómo nos alimenta su Palabra? Vemos que en Moisés hay un proceso,
un proceso muy claro en presencia viva de Dios. Vemos, también, que
en María Magdalena, la fiesta que celebramos hoy hay un proceso muy
bello. Le ama tanto a su Señor, que le va a buscar, no lo encuentra
entre las lágrimas, lo confunde y no sabe que ahí está, pero hay un
amor muy grande es todo un proceso y la Iglesia así nos enseña. La fe
un proceso a través de la evangelización, de la catequesis, de la liturgia
y del apostolado o de la misión. La fe nace a través de la evangelización,
con la evangelización nace la fe, con la catequesis crece la fe, con
la liturgia celebramos la fe y con la misión difundimos la fe. Es todo
un proceso.
¿Y
qué es la evangelización? es un encuentro amoroso con Cristo Jesús,
es un encuentro de corazón a corazón. Dice, al Escritura, y lo toma
santa Teresa: porque de tal manera que mi amado es para mí y yo soy
para mí amado. ¿Cómo nace la fe? A través del amor. Y si no hay
amor no nace la fe. Y eso lo distinguimos y lo detectamos muy fácil,
aquí hay muchos padres de familia. Los padres de familia saben muy bien,
cuando se enamora su hija o su hijo. ¿Qué pasa cuando una hija se enamora?
Se arregla muy bien, se pinta, se peina, se viste con el mejor vestido
y luego le pregunta a la mamá ¿cómo se cocina las comidas que a ella
le gusta y al novio también? ¿cómo se plancha? ¿cómo hay que tender
la cama? y la mamá hasta se sorprende, a esta ya me la cambiaron, claro
está enamora. Cuando está enamorada cambia todo y quiere hacer todo,
y se come a la mamá a besos y anda feliz y contenta, está enamorada.
Pero, no está enamorada ¡Dios mío!, pero que dolor y que angustia, porque
han neurótica y no aguanta a nadie y le pega al niño y no quiere ayudarle
a la mamá, no está enamorada. Pero, cuando está enamorada todo cambiar
y quiere encontrarse con su novio y se afana y aprende muchas cosas.
Nosotros,
también, si estamos enamorados con Jesús ¿cómo arreglamos el alma? ¿cómo
nos preparamos? ¿cómo investigamos? ¿cómo queremos estar cerca de Él?
A veces cuando sólo celebramos la fe, sin un nacimiento y sin un crecimiento
las eucaristías no son amor, se nos hacen aburridas y a veces no vamos
a misa, claro, no estamos enamorados, pero si hay un enamoramiento cuanta
búsqueda, como María Magdalena. Si ustedes se han robado a mi Señor
¿dónde lo han puesto? yo iré por Él. Estaba enamorada de Jesús,
porque mucho amó, mucho se le ha perdonado. Entonces, hemos de amar
mucho a Jesús, hemos de amar mucho al Señor para que mucho nos perdone.
La
evangelización es el nacimiento a la fe, y cuando el nacimiento a la
fe se da como Dios quiere, le amaremos con todo el corazón, con toda
el alma y con todas nuestras fuerzas. Y el crecimiento, la catequesis
es el crecimiento en la fe, eso lo sabemos. ¿A dónde iba san Juan Diego
cuando se encontró con la Virgen? a la catequesis, a lo que enseñan
los sacerdotes, a la doctrina. ¿Cómo amaba Jesús? ¿y cómo amaba la Virgen?
claro, tuvo un proceso: nació a la fe, creció en la fe, celebró la fe
y difundió la fe. ¿Cómo les hablaría a los demás de la Virgen María
para que se enamoraran de Ella? a través de sus capacidad. Nosotros
también a través de un nacimiento en la fe, que amamos a Dios y de un
crecimiento de todo aquello que la Iglesia, la parroquia, la diócesis
ofrece a través de los grupos y equipos de trabajo, de evangelización
y catequesis. Y así podremos celebrar la fe, que es la Eucaristía con
mucho gozo y con mucha alegría. Y la misión, la evangelización. Hoy
aparece que Jesús le dice a María Magdalena: ve y dile a mis hermanos,
que estoy vivo y que he resucitado y que les amo con todo el corazón,
ve y dile a los demás, que sumo a mi Padre y su Padre, ve y dile.
La
Virgen María después de que san Juan Diego tuvo ese encuentro con Dios,
ese crecimiento, esa catequesis, esa celebración le dice a la Virgen:
ve y dile a Fray Juan de Zumárraga, que necesito, que quiero una casa
para mostrar en ella todo mi amor y escuchar todas sus necesidades que
es lo que estamos haciendo. Estamos en la casa de la Virgen María
y Ella nos demuestra todo su amor y escucha nuestro dolor y nuestra
plegaría para consolarnos y bendecirnos. Y platicarle todo, como los
apóstoles, como los discípulos.
Hoy,
también, el Señor nos invita a que nos encontremos con Él, que crezcamos
en la fe, que la celebremos en esta Eucaristía, pero nos ha de pedir,
que como a María Magdalena vayamos a decirles: que Jesús está vivo;
vayamos a decirle que Cristo Jesús está impreso en nuestros corazones;
que Cristo Jesús está en nuestra vida; que está impreso el rostro de
Jesús, las virtudes de Jesús, la gracia de Dios. Que está vivo y que
nos ama. Que podamos como san Juan Diego difundir el amor de la Virgen
María y hablarles de María Santísima.
Bien,
pues, sí la Eucaristía es un sacrificio, porque se ofrece una víctima
y es sacramento porque Aquel que es ofrecido se nos da como alimento,
le ofrecemos al Señor todo y a la Virgen María le decimos: que como
en Caná de Galilea, le diga a su Hijo Jesús que se han agotado la tinajas
y el vino, de todo lo que Ella sabe que necesitamos: del perdón, del
respeto a la vida, del derecho a la vida, de tantas cosas que nos hacen
falta. Y es sacramento porque Aquel que es ofrecido se nos da como alimento
¿y cómo nos alimenta hoy Jesús en el Evangelio? con ese proceso de nacer
a la fe a través de la evangelización y el amor de crecer en la fe a
través de la catequesis y la enseñanza, de celebrar la fe a través de
la Eucaristía y de difundir la fe a través de la misión, a través del
apostolado, a través de nuestra tarea. Que como la Magdalena vayamos
a decirle a nuestros hermanos: que Jesús está vivo, que Él nos dará
la vida, que Él nos salvará, que Él nos santificará, que es nuestro
Redentor. Que vayamos como san Juan Diego a decirle a todos:
la Virgen tiene una casa donde escucha los lamentos y las quejas, pero
también donde demuestra todo su amor, nos bendice y nos santifica.
Decía
el Evangelio que Cristo, Jesús habla a sus discípulos y les dice: vengan
conmigo, descansen un poco, aquí junto a Mí. Y la Virgen María también
nos invita.
Descansando,
pues, bajo la mirada de Jesús, junto a Él y en las manos de la Virgen
María donde nos lleva en sus manos juntas, donde nos bendice y nos santifica
y nos mira con misericordia. Que ahí la Virgen María nos cuide, pida
a Jesús por nosotros, nos bendiga, nos santifique y nos de su paz.