12
de febrero de 2010
Señores arzobispos y obispos,
gracias por acompañarnos en esta peregrinación. Señores sacerdotes y diáconos. Amigos seminaristas y personas consagradas.
Queridos laicos. Hermanas y hermanos todos.
"Mi alma glorifica al
Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la
humildad de su esclava". Con estas palabras, que brotaron desde lo más profundo de su corazón, la Virgen María, que por obra
del Espíritu Santo había concebido en su seno Virginal al Hijo de
Dios,
reconocía
la obra maravillosa que el Creador había hecho en Ella.
Estas palabras, este cántico al Señor lo
hace en las Montañas de Judea cuando va a visitar a su prima santa
Isabel. “María es grande –dice el Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas Est - y es grande porque quiere enaltecer
a Dios en lugar de así misma... Sabe que contribuye a la salvación del mundo, no con una obra suya, sino sólo poniéndose plenamente
a disposición en las manos del Señor. No se coloca a sí misma en
el centro,
sino deja espacio a Dios, a quien encuentra tanto en
la oración como en el servicio al prójimo”.
Hoy, queridos hermanos, postrados a las plantas de
la primera discípula y misionera de Jesucristo en el continente
Santa María de Guadalupe, desde esta su casita imploramos su eficaz intercesión y siguiendo su ejemplo, unidos como una sola familia,
la familia de la iglesia
que peregrina en Puebla. Y esta familia suya debemos también exclamar,
también: “Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador”.
Damos gracias al Señor por nuestra Puebla,
bendecida por el anuncio del Evangelio; damos gracias al Señor por tantas muestras
de su divina misericordia a lo largo
de los siglos, y
por
los dones que recientemente
nos ha concedido.
Personalmente, agradezco al Señor que hace un año, en este mismo Santuario, en
el que fui ordenado obispo el 26 de marzo de 2004, para servir a esta Iglesia Primada de
México y en
presencia del Sr. Cardenal Don Norberto, del Sr. Nuncio Apostólico Christophe Pierre, del Sr. Arzobispo Don Rosendo Huesca
y de los señores arzobispos y obispos eméritos, de los sacerdotes de Puebla, de la vida
consagrada,
del seminario y de todos ustedes hermanos laicos de Cristo Jesús.
Y acompañado, también, por sacerdotes de VII Vicaría
de esta Arquidiócesis Primada, fueron
leídas las letras con las
cuales el
Santo Padre Benedicto XVI me designaba nuevo Arzobispo de
Puebla,
en esa ocasión tuve la oportunidad de encontrarme con ustedes en
esta casita del Tepeyac. En esa ocasión me reuní también con los
medios de comunicación, que también hoy nos acompañan
en esta peregrinación y a quienes saludo afectuosamente.
"Mi alma glorifica al
Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador". Ciertamente, como iglesia
que peregrina en Puebla, podemos unimos a este canto jubiloso de
la Madre de Jesús, agradeciendo a Dios las innumerables bendiciones,
que nos concedió al permitirnos poner en marcha en nuestra arquidiócesis
la Misión Continental, y celebrar la nuestra Asamblea Diocesana
de Pastoral, que, con el tema: "La Parroquia en misión permanente", reunió del 12 al 15 de octubre
en el nuestro Seminario Palafoxiano a más de mil personas, entre sacerdotes, diáconos, personas consagradas
y fieles laicos de Cristo Jesús, para ofrecer líneas de acción que nos permitan
renovar en los fieles, y en nosotros mismos, agentes de pastoral,
la conciencia de ser discípulos y alegres misioneros permanentes
de Jesucristo.
Hoy esa será una de nuestras ofrendas que
le presentaremos a la Santísima Virgen de Guadalupe: nuestras orientaciones
pastorales de esta Primera Asamblea de Pastoral, sobres este acontecimiento
les he escrito a mis hermanos sacerdotes, a mis hermanos y hermanas
de vida consagrada, a nuestras cuatro casas de formación del Seminario
y a todos los fieles laicos diciéndoles: La Primera Asamblea de
Pastoral, la parroquia en misión permanente, realizada en
nuestro Seminario Palafoxiano es un paso más en el caminar pastoral
de nuestra querida Arquidiócesis de Puebla, fueron días de oración
y de reflexión, de diálogo, aportaciones y convivencia. Las orientaciones
pastorales, fruto de este encuentro, se irán convirtiendo en el
corazón de nuestra acción pastoral en el futuro inmediato. Si entonces
experimentamos la presencia viva y la acción renovadora del Espíritu
Santo. Ahora tenemos la gracia de contar con este documento conclusivo
resultado del trabajo y comunión de los más de mil participantes:
sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos. Además dos sacerdotes
asesores de la Arquidiócesis de México: un obispo y un arzobispo
emérito. Monseñor Rosendo Huesca y monseñor Gilberto Balbuena.
Deseo que a partir de esta experiencia
caminemos juntos con espíritu misionero en sintonía con la Misión
Continental propuesta por la V Conferencia de Episcopado Latinoamericano
y del Caribe propuesto por Aparecida, cuyo documento final habrá
que seguir profundizando sin dar, por supuesto, que ya se conoce
lo suficiente. Como nos decía uno de nuestros asesores pastorales:
las orientaciones pastorales al final de la asamblea me parecen
muy claras y sustanciosas. Así mismo los comentarios y conclusiones
de decanatos, habrá que hacer que estas orientaciones, la línea
de la arquidiócesis, que todas las parroquias, decanatos, comisiones
y estructuras deben tener en cuenta para idear, reformular y en
dado caso inventar y así plantear el trabajo diario es continuar
una marcha pastoral prometedora. Esta memoria es así fuente de avance
diocesano futuro: no me queda, escribía a los participantes en esta
asamblea, más que felicitarlos y reconocer su espíritu de trabajo
en equipo que ha llevado a una diócesis a encontrarse, pensar y
reflexionar juntos, expresión viva de una comunión, que ahora se
va vitalizando.
En este día, también, "Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador". Porque quienes hemos recibido
de Dios el don inmerecido del Sacramento del Orden, podríamos hacer
nuestras estas palabras, particularmente en este Año Sacerdotal,
implorando la intercesión de María Santísima para que el Señor nos
renueve de tal manera que, como san Juan María Vianney, el
"santo Cura de Ars", seamos cada vez más plenamente
presencia y prolongación de la vida y de la acción de Jesús, Buen Pastor, Cabeza y Esposo de la Iglesia.
En este día, al contemplar a María consciente
de que el amor es la verdadera riqueza,
y de que se encamina presurosa a un pueblo de las montañas de Judea
para servir a su parienta Isabel, descubrimos que, como decía san
Ambrosio: "la gracia del Espíritu Santo no conoce dilaciones”. ¡No podemos esperar más!
Es preciso que los discípulos de Jesucristo, también seamos misioneros.
También, nos encaminemos presurosos a cumplir
la misión que el Señor nos ha encomendado ¡Que nada, ni nadie detenga
nuestra marcha las naves mar adentro sin temor a las tormentas confiados
únicamente en la promesa del Señor!
Es cierto que en el camino
vemos con frecuencia cómo aparecen obstáculos y se desatan tormentas. Tormentas que pueden provocar en nosotros
cierto desaliento. Pero, “la vida –como también nos dice el Papa Benedicto XVI- es
como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso”. Pero nos recuerda que en medio de la
oscuridad,
“Jesucristo es la luz, Jesucristo
es el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia”.
“Para llegar hasta Él necesitamos
también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de
Cristo,
ofreciendo
así orientación para nuestra travesía”. Ciertamente, una de esas luces es san Juan
Diego, quien habiendo recibido del Señor, por medio de Santa María de Guadalupe, una gran misión, cumplió con lo que se le pedía:
edificar un templo.
Edificar un "templo", significa en la mentalidad náhuatl construir
la nación, la comunidad, unida en el amor, que es Jesús, Dios y hombre
verdadero.
"Juan Diego al acoger el mensaje
cristiano sin renunciar a su identidad indígena,
descubrió la profunda verdad de la nueva humanidad, en la que todos están llamados
a ser hijos de Dios en Cristo. Así facilitó el encuentro fecundo
de dos mundos y se convirtió en protagonista de la nueva identidad
mexicana, íntimamente unida a la Virgen
de Guadalupe... Por ello, el testimonio de su vida debe seguir impulsando
la construcción de nuestra nación mexicana, promoviendo la fraternidad entre todos sus hijos y favoreciendo cada vez
más la reconciliación de México con sus orígenes, sus valores y tradiciones”.
Ahora que en este 2010 celebraremos los
bicentenarios de nuestra Independencia
y de la Revolución,
Juan
Diego se nos ofrece como un gran ejemplo a seguir en la construcción
de un futuro mejor. Ante la escalada de violencia y las crisis que
distintos ámbitos que nos agobian, es preciso recordar el ejemplo
de aquellos valientes que, unidos, con esperanza,
esfuerzo, paciencia y creatividad,
fueron labrando una Nación en la que se respetara la vida, la dignidad, la libertad y los derechos
de todo hombre y de toda mujer, desde
su concepción hasta su ocaso natural.
Con esta conciencia, sintiendo dirigida a nosotros
la encomienda dada por la Virgen Morenita a san Juan Diego, hoy
queremos presentar al Señor, por medio de Santa María de Guadalupe, también otra ofrenda el proyecto de un nuevo Santuario
Guadalupano y de un Centro de Espiritualidad, que será construido,
con el apoyo de todos, en los campos de nuestro Seminario Palafoxiano.
El equipo formador nos ha presentado un proyecto, el Consejo Episcopal
conoce ya este proyecto, muy pronto lo presentaré al presbiterio.
Los campos que están entre nuestro Seminario Menor y nuestro Seminario
Mayor van a ser destinados a la construcción de un Santuario Mariano,
de un Santuario Guadalupano. Y así nuestros hermanos, que peregrinan
el 12 de diciembre de todas nuestras parroquias de nuestra diócesis,
encontrarán ese espacio de culto y de expresión de amor a nuestra
Madre de Guadalupe.
"No se turbe tu corazón ni
te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí, que Soy tu Madre?". Estas palabras de la Santísima Virgen María son las que
nos dan confianza para presentarle ahora y como ofrendas estos
dos proyectos. María nos conduce a Cristo,
Ella, como lo escuchamos en la primera lectura, es la Madre del
amor, del conocimiento y de la santa esperanza. Para que como verdaderos
discípulos, permanezcamos a los pies del Divino Maestro,
escuchando su Palabra, recibiendo la fuerza de sus sacramentos,
especialmente la Eucaristía y platicando con Él en la oración, para que desde este
encuentro, nos encaminemos presurosos a servir a la familia, a los
jóvenes, a los pobres y a todos los hermanos, y ayudemos a quienes
son llamados por el Señor a escucharle y seguirle.
Hagámoslo, queridos hermanos, imitando a María, que no vino al Tepeyac a anunciarse así
misma,
sino a ser discípula y misionera
de Jesucristo.
Que así sea.