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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Pbro. Javier Cortés Ochoa, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Apatzingan, a la Basílica de Guadalupe.

10 de noviembre de 2010

Como aquel leproso, solo uno de aquellos diez tiene la capacidad de agradecer al Señor, el don de la fe, el don de la salud.

Hoy hermanos, de la diócesis de Apatzingán, de las parroquias de Tepalcatepec, que están aquí, de Buena Vista, de la Ruana, de Tasumbos, del Carmen, de Apatzingán,  de Catedral, de Paracuaro, de Lombardía y Nueva Italia.

El sentido de este caminar, de este venir, es tomar el sentimiento de ese leproso, y decirle al Señor a través de nuestra Madre  Santísima de Guadalupe: gracias por el don de la fe.

Vean, no solamente el traer nuestras miserias aquí a su casa, pero sobretodo la alegría de tener la fe que María de Guadalupe ha sembrado en nuestro país,  en nosotros Mexicanos.

Hoy es un día para pedirle en nombre propio de los que estamos aquí, pero también en nombre de los que ustedes representan, cada uno de ustedes trae consigo en su corazón no dos, no diez (como es tu familia). Hermanos, son miles de cristianos que de la diócesis necesita  en tu nombre, en tu boca, en  tu persona, decirle a nuestra  Madre:  gracias por el don de la fe, que nos salva y nos cura de tantas cosas.

Hermanos traemos a la presencia de ella todo lo que somos, y tenemos, las tristezas de nuestra Tierra Caliente, las dificultades que vivimos, pero hermanos más que nada la alegría del tener una madre que intercede por nosotros y que estamos seguros como aquel hombre como aquel leproso que nos va a curar, que nos va apoyar, que nos va ayudar de salir de la situaciones difíciles de violencia que vivimos.

Si tenemos la fe de ese hombre, hermanos y hermanas, es posible que María de Guadalupe nos ayude a salir de esa situación de esclavitud, de la violencia, de los vicios, de narcotráfico, del alcoholismo, de la infidelidad, del divorcio, etc.  Solamente nos falta esa fe.

Hermanos, hermanas, hoy le vamos a pedir al Señor, a través de nuestras Madre Santísima de Guadalupe, que esta fe que tenemos, que la seguridad que le pedimos ella nos lo va a conceder, recuerda que todo milagro depende de la fe que tú y yo tengamos en el señor, y en Nuestra Madre del cielo, -“Todo se cumplirá de acuerdo a tu fe”-, así dice el Señor –“¡Vete tu fe te ha curado, te ha salvado se hará lo que tu fe diga!-“.

Hermanos,  que este encuentro en esta eucaristía que ponemos en las manos del Señor, nuestro agradecimiento se convierta en fe para nosotros, en fe para nuestra familia, en fe para nuestros pueblos, una fe que es la seguridad de que el señor está con nosotros.

¿Qué dice María de Guadalupe?  ¿Qué estoy yo aquí que soy tu madre? No es la fuerza del ejército, no es la fuerza de la armada, no es la fuerza de la violencia, no es la fuerza de las pistolas o metrallas lo que cambiara nuestras situaciones y ustedes lo saben. Es el amor de Dios a través de María de Guadalupe.

 Si hace 500 años ella fue capaz de intervenir de hacer el cambio de nuestro pueblo mexicano no será posible que ella también cambie nuestra situación yo creo que sí y sabemos que sí, creemos que sí. Por eso ante todo hermanos en esta eucaristía démosle gracias al Señor por poder tener de intercesora a esta gran madre, que se note ese agradecimiento, que note nuestra presencia y una vez más este año la Diócesis de Apatzingán regresamos como aquel leproso y decirle: ¡Gracias, Madre!  ¡Gracias, Padre Dios!  ¡Gracias, Señor Jesús!  ¡Gracias Espíritu Santo!

Que así sea.

 
 
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