2 de
junio de 2010
Muy queridos hermanos, aquí
palpamos los espiritual; aquí palpamos lo transcendente; aquí somos
testigos de lo que el mundo muchas veces no comprende, no conoce,
por lo que en ocasiones nosotros distraídamente no queremos comprender,
pero a los pies de María nos sentimos tocando lo del otro lado.
Por allá, como en 1999 Dios me concedió estar aquí en el 2°piso,
que aquí a espaldas del altar hay varios pisos, hay como 6 pisos.
En el 2° piso hubo una reunión, el Sr. Cardenal me pidió que lo
hiciera presente ahí con unos pintores, algunos críticos de arte,
desde luego el Vicario Episcopal de Guadalupe, que en aquel entonces
era Don Antonio Macedo, y ese grupo de personas estudiaron la imagen
de la Santísima Virgen, este Sagrado Original, este Ayate pintado
bien especial, muy diferente a como se pintan otras cosas. Y recuerdo
que uno de los críticos, que no era creyente, ni católico, ni cristiano,
ni de ninguna religión, y ahí nos los dijo, se acercó con una lupa,
porque a todos nos dieron una lupa y nos acercamos a ver de cerquita
el cuadro a ver las fibras del Ayate dijo: yo no sé de cosas sobrenaturales,
yo no soy creyente. Lo que yo puedo decir ante grupo es que esta
es una pintura del siglo XVI de autor desconocido. Y todos dijimos:
muchas gracias, eso para ustedes no les sirve, pero para nosotros
muy conocido. Él estaba palpando sin querer decirlo eso sobrenatural,
como el Dios desconocido que le paso a san Pablo, verdad.
Mis hermanos, que bueno que
estamos aquí; qué bueno que Dios nos permitió este año si venir,
por los 10 años, también por ser el Año Sacerdotal que estamos culminando.
También porque nos gusta venir siquiera una vez al año, así juntos
como diócesis, como todos nuestros hermanos de las otras diócesis
también lo hacen tienen su día al año que se vienen a los pies de
la Santísima Virgen para decirle: aquí está tu Juan Dieguito, bendíceme
y ya me voy porque no se necesita más. Ya ven que la Santísima Virgen
no entretiene mucho, subir al cerrito si acaso por algunas flores,
pero luego, luego nos bendice. Hasta las bandas de aquí, de abajo,
a lo mejor son significativas, con una pasadita que le des ahí por
sus pies Ella te bendice.
El año pasado nos quedamos
con las ganas de venir a los pies de nuestra Señora del Tepeyac,
acá en su Santuario de México, no pudimos por la famosa influenza,
pero ahora se nos hizo realidad. Venimos con el alma y el corazón
abiertos a volcar nuestras súplicas, nuestros ruegos; también nuestros
agradecimientos y nuestros logros.
Venimos trayendo con nosotros
los encargos de nuestros hermanos que no han podido acompañarnos
por miles de motivos: la enfermedad, el trabajo, los imprevistos,
la falta de dinero; y muchas cosas más. Traemos por ellos a los
pies de María, Nuestra Señora y Niña Santa, sus penas y dolores,
de ellos, sus gozos y alegrías, junto con los nuestros.
Este año es un poco diferente,
porque celebramos 10 años de la diócesis; y le ofrecemos muchas
cosas buenas que nos han pasado, le pedimos perdón por lo que no
nos ha salido tan bien y le encomendamos nuestros propósitos; como
la Misión diocesana, aunque vamos celebrar el sábado 12, allá en
la plaza de toros, el ser misioneros por el bautismo y unos que
empecían a visitar, otros ya andan visitando las casas y luego ya
vamos todos, nos vamos a juntar todos. Y María de seguro va estar
presente con nosotros, aquí estamos venimos a verla a Ella y Ella
luego va y nos ve, es más se va con nosotros acá adentro. Ella sabe
estamparse o Dios la estampa, porque le gusta estamparse, nos la
vamos a llevar estampada en nuestro ayatito interno. Como la misión
Diocesana les decía de nuestros propósitos y proyectos, los de muchos
grupos que trabajan con empeño y la salud de muchos hermanos nuestros
que están enfermos; algunos de ellos sacerdotes, religiosas y religiosos.
Le queremos dar gracias por los 10 años de obispo de Don Hipólito
y de Don Eduardo, que Dios los ayude e ilumine en su ministerio
episcopal. Que bendiga a sus familias, a sus formadores, a las comunidades
que los formaron y nos los dieron. Unas pequeñas reflexiones sobre
las palabras de María y las de san Juan Diego. Él, al igual que
nosotros llegaba a sus pies con muchos pendientes, él también andaba
a la carrera, como nosotros: “oye y ten entendido, hijo mío el
más pequeño, nos los está diciendo a nosotros, que es nada
lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa
enfermedad, las de su tiempo, ni otra alguna enfermedad y
angustia, las nuestras ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura
en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete
otra cosa; Como decía Jesús: lo que es imposible para nosotros,
es posible para Dios. Nuestros nubarrones los disipa Dios. Sean
enfermedades o preocupaciones, por más graves que sean. “Es nada
lo que te pasa” “¿no estoy yo aquí que soy tu madre?” ¡Qué emoción!
“Te ruego encarecidamente, Señora y Niña mía, que a alguno de
los principales, conocido, respetado y estimado le encargues que
lleve tu mensaje para que le crean porque yo soy un hombrecillo,
soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja,
soy gente menuda, y Tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora,
me envías a un lugar por donde no ando y donde no paro.” “Ten
entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes
puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es
de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con
tu mediación se cumpla mi voluntad”.
Pareciera en ocasiones que
para nosotros fuera imposible conseguir lo que tanta falta nos hace,
o lograr convencer a familiares, o en el ambiente de trabajo, o
dificultades inesperadas; se nos cierra el mundo. María lo sabe
y ella también intercede, ya lo vemos, para desatorar nuestros problemas.
Este es otro motivo de confianza y seguridad en Santa maría de Guadalupe,
nuestra Madre y Señora. “Deseo vivamente que se me erija aquí
un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio
y defensa pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros
juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos
que me invoquen y en Mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar
todas sus miserias, penas y dolores”. Los nuestros, nuestras
miserias y dolores, aquí estamos.
Esta es la razón por la cual
nosotros nos atrevemos a venir a sus pies y contarle, pedirle, ofrecerle
y darle gracias cada año, por lo menos cada año y otras allá en
la concordia, y otras ahí en nuestra parroquia, en nuestra capillita
o sino ahí en nuestra casa con la mano en el corazón, con el cuadro
que tenemos ahí. Eso significa el cuadro que nos regalo el padre
Luis Felipe, que nos la llevemos con nosotros, porque Ella quiere
andar con nosotros. Nada más para eso quería el templo, aquí está
este templo, este grandote y todos los otros más chiquitos o más
grandotes, como es el corazón de una diócesis, que es el corazón
que cada uno de nosotros. Ahí donde a María le gusta vivir, remediar
nuestras miserias, penas y dolores. “Ella me dijo, al obispo,
por qué te las había de entregar; y así lo hago, para que en ellas
veas la señal que pides y cumplas su voluntad; y también para que
aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje”. Eso se llama
autoestima de la buena, sí para que le hagas caso a lo que Ella
te está mandando, pero también para que veas que yo digo la verdad.
Y luego reforzada, imagínense.
Nosotros estamos en Misión
permanente.... Tenemos muchas cosas que aprender para hablar apropiadamente
de nuestro Señor, para cumplir la Misión que también Santa María
de Guadalupe nos da. Es como a San Juan Diego, nos envía con mensajes
de Ella, que a final de cuentas es para ir a Jesús, recuerden que
todo lo que hace María es para ir donde su Hijo, es la Misión de
Ella: “Hagan lo que Él les diga”, como en Caná. La Misión
es para conocer a Cristo, recibir su mensaje y luego cumplirlo,
vivirlo, eso lo tenemos muy aprendido, por eso les decía que todos
estamos en momento de misión y le pusimos permanente porque está
muy difícil que digamos ya acabamos, ya todos están en gracia de
Dios, ya todos respetan mucho a nuestro Señor, nuestro mundo ya
cambio. Tenemos que cumplir el envío de María, porque todos los
que somos hijos de Dios, que estamos aquí somos enviados, así lo
pensamos en Pentecostés y en la Asunción y en la Santísima Trinidad
y ahora que viene el Corpus y el Sagrado Corazón somos enviados
a dar testimonio, a anunciar como María que Cristo está vivo en
medio de nosotros.
Recordemos que aquí a los pies
de la Santísima Virgen han venido con toda seguridad otros hermanos
nuestros a pedirle también que los acompañe en su Misión; y es que
no sólo nosotros estamos en Misión, es toda América, es todo el
Continente Americano. Entonces, al venir aquí, al Tepeyac, también
es para encontrarnos con nuestros hermanos que buscan cumplir al
igual que nosotros el envío, que es el envío de Jesús, como lo pensamos
en la Pascua, como lo pensamos en Pentecostés.
Entonces, concluyendo, al igual
que nuestros hermanos, todos los del continente de las demás diócesis,
también de los que se quedaron allá, a nombre de ellos le decimos:
“Dulce Madre no te alejes, tu vista de nosotros no apartes; ven
con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes. Ya que nos
proteges tanto como verdadera Madre, haz que nos bendiga el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo".
Amén.