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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Lorenzo Cárdenas Aregullín, Obispo de la Diócesis de Papantla, Veracruz, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

18 de mayo de 2010

Amados hermanos, iniciamos la celebración con el pensamiento y con la idea de que la Virgen nos está mirando y que tiene ansias de saber, como nos ha ido en estos dos años, tiene deseos. Y este gesto lo manifiestan por un lado el Evangelio: el gozo de Isabel que le conforta el que María esté preocupada por ella, ya está en el sexto mes y ahí va corriendo, es un encuentro. Y la segunda lectura al llegar la plenitud de los tiempos, ya no hay más tiempo, es el tiempo definitivo porque Jesús viene a inaugurar ese tiempo, y no hay más. Y la prueba de eso es que el Padre envió a Jesús y a través de Jesús nos ha enviado al Espíritu Santo. Es una invitación a vivir, como hijos y a eso venimos con María de Guadalupe a manifestarle lo más profundo de nuestro yo, que ha ido recorriendo ese tiempo.

¿Hacia dónde vamos? cada uno de nosotros desde donde está, puede ver que la Virgen lo está viendo. Tan es así que en las pupilas de la Virgen aparecen, Fray Juan de Zumárraga, su sirvienta y otros más. Los ojos de la Virgen están vueltos al exterior, eso nos dice: que los ojos son para ver, cuando el ojo ya no ve a los demás, sino se ve así mismo ya no sirven los ojos. La actitud de María nos dice, que nuestro yo profundo a semejanza de los ojos es para descubrir a Jesús en los demás. Eso es lo fundamental.

Cada paso de nosotros, cada movimiento es un ir al encuentro de Jesús de manera que la experiencia de la Virgen nos dice como debemos actuar, ese es el tiempo definitivo se manifiesta en Jesús el Hombre para los demás; se manifiesta en María dándose a los demás. Para que nosotros a través de este encuentro afectivo, tierno, delicado. ¿Cuántas cosas no le venimos a decir? Ayer estaba por allá en una comunidad, un cornado otro muerto, por favor acuérdense allá delante de la Virgen, verdad. ¿Cuántas cosas no venimos a decirle a la Virgen? y la Virgen nos está diciendo: lo que tenemos que hacer es darnos a los demás. Una concepción de la vida, que Lucas, en su intención teológica, lo describe en el viaje de María a su prima Isabel. Lucas nos quiere decir: que la vida es para darse.

Los ojos de la Virgen nos recuerdan que la vida es para darse. El movimiento de Jesús, dejando el seno del Padre para hacernos hijos de Dios nos manifiesta, que la vida en Dios es entrega, es donación. Nosotros estamos trabajando en un proyecto comunitario, estamos promoviendo una espiritualidad de comunión. Es precisamente el gesto de María, salir a los demás. No se permite que nos encerremos en nosotros mismos, porque la vida de Dios es donación, la vida de Dios es entrega, la vida de Dios es comunión, participación, es solidaridad. Y si yo creo en ese Dios, si yo creo en Jesús, si yo creo en la presencia del Espíritu necesariamente tengo que llegar a esa conclusión: que no me puedo encerrar en mi manera de ser, de pensar y de sentir.

La Virgen rompe con todos los esquemas y sale, una muchachita de 12 años que atraviesa 10 km., a pie sin importarle absolutamente nada, y a que va a servir. Esa es la invitación ante una espiritualidad de comunión tenemos que entender que si yo participo de la vida de Dios, necesariamente tengo que salir de mí, porque esa es la vida de Dios. El Padre de la creación, que se comunica con el hombre a través de la creación, a través de Abraham, a través de la alianza y que se comunica finalmente en Jesús. Así es como se desarrolla actualmente el misterio de que Jesús sea Dios y sea Hombre. En la comunicación, en la participación, en la solidaridad. Para evitar infinidad de dificultades nos plantamos en la vida de Dios, que se va desarrollando a lo largo de la historia y el hombre con esa capacidad de escuchar a Dios, necesariamente tiene que abrirse. No es cuestión de gusto o de disgusto, es una necesidad, un instinto al infinito que Dios ha puesto en nosotros.

De manera que aprovechemos esta ocasión para platicar con la Virgen y decirle como nos ha ido. Algunos nos ha tocado la crisis muy fuerte; una crisis económica; otros una crisis moral; otros una crisis social, tantas cosas. Enfermedades, ¿verdad?, disgustos, preocupaciones. La Virgen está ansiosa de escucharnos. Y a la respuesta que se lee en sus ojos es precisamente el camino la solución a las crisis que están, precisamente, en la donación. Como comunidad cristiana tenemos que manifestar ante los demás, que la sociedad, la comunidad de Jesús que vive el amor es precisamente el manifestar a una sociedad que o vive como Dios quiere la vivencia del amor. Y el amor lo vamos a vivir al salir al encuentro del otro, porque en el otro está Cristo, esa es la misión por eso María de Guadalupe a través de sus ojos nos está recordando, cual es nuestra actitud; cual es la solución a tantos problemas. Tener esa capacidad de salir de nosotros, para que explote lo mejor, que hay en nosotros. Y a través de los demás formemos al Cristo, al Cristo terreno, que es nuestro compromiso manifestar a los demás el amor de Dios a través de amarnos los unos a los como hermanos.

Pongamos nuestro Plan Pastoral en la manos de la Virgen a través de esa mirada tierna, cariñosa, comprensiva, que le importa nada más el momento, el ahora para hacernos felices, para que así nosotros también llevemos adelante el Plan de Pastoral y trabajemos en la realización, como personas, como hermanos, como familia y como comunidad.

 
 
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