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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Ricardo Watty Urquidi, Obispo de la Diócesis de Tepic, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

20 de mayo de 2010

Muy queridos hermanos míos, obispos, me da mucho gusto participar esta Eucaristía con ustedes presidiéndola, al señor obispo anterior a mí que estuvo durante 27 años en la Diócesis de Tepic ayudando a que esta diócesis hiciera presencia de Jesús en aquellos lugares de Jalisco y Nayarit. Y también está con nosotros a quien todo su sacerdocio vivió allá en Tepic, es de Tepic, y a hora es obispo auxiliar de México. Me da mucho gusto y me acababa de decir el señor canónigo: es la presencia de Tepic en México, el Sr. Lerma. Pero, también se me paso decir al inicio, que juntamente con él hay una colonia de Tepic; hay mucha gente de Tepic acá en la Diócesis de Tepic que está acá en México y a veces nos recibe con tanto gozo, con tanta amabilidad, también le saludamos con cariño.

Desde siempre, no eternamente, sino que desde la humanidad creada no quiso vivir conforme Dios deseaba vino la promesa de la Salvación. Si bien vino el desorden en la vida humana y sigue habiéndolo. La promesa de Dios, el Hijo nacido de una mujer, ese será el Salvador. En la Primera Lectura escuchamos del profeta Isaías, como en un momento de la historia se le pide a Ajas, que pida una señal de que Dios está con su pueblo, no la quiere pedir, pero Isaías, Dios mismo se la promete. Es un Hijo nacido de una mujer, será el Dios con ustedes, el Emmanuel. Y llegó el momento importante de que esa promesa hecha desde el inicio y reiterada a lo largo de la historia humana se hizo realidad y es el Evangelio que escuchamos. Dios en el momento histórico va a realizar la promesa hecha y toma una mujer de su pueblo; una mujer sencilla y le anuncia. Lo primero que le dice: no temas van a nacer de ti el Hijo del Altísimo y esto va a ser por obra del Espíritu Santo. Ella no busca otras razones simplemente dice, algo que es muy propio de la mujer y del hombre, que solamente en su unión amorosa pueden dar un hijo. Y en este caso no, porque ella no había conocido hombre, ya estaba desposada con José: no te preocupes concebirás y darás un Hijo y ese hijo será mío, por obra del Espíritu. Ese es el gran milagro del amor que Dios nos tiene dándonos a su Hijo a través de una mujer, para salvarnos, único Salvador del mundo. Pero esa es la única mujer, gran mujer, como tantas, muchas, no tanto como ella, habrá habido en la historia y en especialmente en la historia mexicana. Mujeres que han sido capaces de dar su vida, como su María se entregó totalmente al plan de Dios: hágase en mí según tu Palabra.

Ante esa gran mujer, en esta imagen, tenemos nuestra Madre, a esa María que hace 2000 años dijo: sí. Pero allá en 1521 vino el ejército español y ya venía con él un grupo de misioneros, ya era la Iglesia en cierta forma que venía a entregar Aquel que la Iglesia debe entregar y es: Jesús. Y empezó a predicar el Evangelio, empezó a entregar a Jesús allá nuestra madre patria, como decimos, que ahora también se cierne en dificultades y oscuridades. Llegaron, pero 10 años después vino María, porque Dios la envió; porque su Hijo la envió; porque el Espíritu Santo la envió para que se hiciera presente de esa manera única, con la cual se ha hecho presencia. María de Guadalupe. ¡Qué gran regalo hemos recibido! A María en la tilma de Juan Diego; a María de una figura mestiza; vestida de indígena, de cosmos y manifestando algo que Ella sólo está por ser Madre de Jesús y sólo está para ser Madre de Jesús e indicarnos que ahí está Jesús. Ella  en su seno tiene consigo a Jesús y nos lo entrega en el Tepeyac, y comienza una promoción mucho más fuerte de la evangelización, por la presencia de María en esa imagen bellísima, milagrosa que nosotros tanto veneramos y que hoy venimos aquí a su casita, la casita que Ella nos dijo en que se quería quedar, para que nosotros pudiéramos venir todos los que fuéramos habitantes de estas tierras o por ellas transitar.

¿Qué podemos contemplar en María? Si no es, como en alguna ocasión Jesús dijo, de su Madre: si bien es bienaventurada por haber dado a su Hijo Jesús. Es más bien bienaventurada porque escuchando la Palabra de Dios, la cumplió, cambió sus proyectos, por el proyecto de Dios y vivió el proyecto de Dios hasta la cruz y darnos a Jesús. Esta es nuestra Madre, aquí estamos bajo su mirada maternal y estamos confiados plenamente en que ella nos ayudará.

En Tepic vivimos circunstancias especiales, decimos: sí, como en todo México y en muchos aspectos como todo el mundo. Pero estamos ahí y las preocupaciones de la Iglesia y de cada uno de nosotros son las de allí. Y hemos de estar atentos a lo que sucede, y atentos no en lo particular sino también el lo general. Y sabemos muy bien, queridos hermanos y hermanas, que nuestras familias también están sufriendo el desgarramiento de esta postmodernidad, que decimos vivimos ahora. O de los cambios culturales, de las transformaciones, nuestras familias se ven más dispersas; nuestros jóvenes se ven más asediados acosados por muchos aspectos que les distraen y les atraen, pero quizá olvidando muchas veces su propia dignidad y los valores que en familia han recibido, aún en la Iglesia también. Y así también desgarramientos políticos; desgarramientos sociales; desgarramientos económicos; desgarramientos. ¿Dios ha pensado nuestra Salvación así? ¿qué Dios no lo ha pensado dándonos la presencia de Jesús por María? ¿y dónde está Jesús en nuestros corazones? ¿dónde está Jesús en nuestras casas? ¿dónde está Jesús en nuestros ambientes sociales? ¿dónde está Jesús, a quien María, aceptó tener y dar carne en su seno? el Salvador del mundo ¿dónde está y quién lo va a llevar? María en un cuadro en la casa; María, la bella imagen en nuestra casa nacional, no, María a nosotros nos dice así, como en las Bodas de Caná: hagan lo que Jesús les dice. Y Jesús nos dijo vayan por todo el mundo, no se queden conmigo vayan y les dio a los discípulos y nos sigue dando al Espíritu Santo, que el próximo domingo celebraremos la nueva venida: Pentecostés. ¿Para qué? ¿para que quedemos igual?

Sacerdotes, religiosas, laicos, laicas, ¿vamos a seguir igual, con lo de siempre?  No, en Aparecida se nos insistió y hemos vivido impulsos para lograr ese nuevo Pentecostés, Espíritu Santo que irrumpa y que nos lleve a ser misión, es la Misión Continental transmitida y a la vez comprometida desde la Conferencia Episcopal de Aparecida. ¿Y cómo estamos realizando la misión? ¿cómo estamos realizando esa misión? que primariamente la tuvo María, encarnar al Hijo de Dios y dárnoslo en la cruz. ¿Dónde está la iglesia de Tepic? estamos dando a Jesús, estamos entregando con la cruz que signifique, quizá a dejar muchas cosas que antes teníamos o que hacíamos. ¿no estará María recuperando y reforzando su petición: hagan lo que Jesús les dice. No es suficiente que la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano? no es suficiente que la asamblea del Episcopado Latinoamericano; no es suficiente que en nuestra diócesis hayamos iniciado, impulsado la Misión Continental. ¿No podemos pensar ahorita, queridos hermanos sacerdotes, religiosas, laicos y laicas que María al ver nuestro Nayarit y nuestro Jalisco, nuestras regiones, nuestras zonas, nuestra diócesis estará diciéndonos: hagan lo que Él les dice?

Y como ella poder nosotros decir: sí, hágase en mí lo que Tú quieres. Y no será también dado el proceso que llevamos, que realmente también María al romper su proyecto y al hacer el proyecto de Dios para la salvación, querrá decirnos que también la voluntad de Dios se ve en un proceso, en un proyecto, en un Plan Pastoral. Y no que nos haya llegado, como el ángel del cielo, sino como un requerimiento de nuestra diócesis en la voz de sacerdotes, religiosa y laicos, que desde el inicio y aún del obispo anterior escuche. No se necesita un ángel, se necesita mirar las necesidades de nuestro pueblo y tener ese corazón sacerdotal de Jesús que anhela hacer comunión y trabajar conjuntamente y ese es nuestro proyecto pastoral, ese es el Plan Pastoral que estamos elaborando y que decidimos elaborar y realizar, porque lo vimos necesario en nuestra diócesis, ¿no será esto también una llamada, que María nos hace en esta ocasión a toda la diócesis, diciéndonos: hagan lo que Jesús les diga?

Seguir igual podemos hacerlo, quizá no siga igual Nayarit o Jalisco, ni México, sino va desvaneciéndose nuestra fe, debilitándose nuestra iglesia y debilitándose la presencia de Jesús en nosotros y entre nosotros, allá en nuestra diócesis. Sería una pena y mayor dolor el que actualmente vivimos.

Que María en esta peregrinación de la Diócesis de Tepic a su casa y al ponernos bajo su mirada tierna, maternal, que nos vuelve a decir: ¿no estoy Yo aquí que soy su Madre? ¿qué les aflige? Con esa seguridad nos invita ella ahora a que nos recuperamos en nuestra condición de iglesia diocesana y que trabajemos, como iglesia diocesana haciendo a Jesús presente, llevando a Jesús a los demás. Especialmente a tantos que ya se han alejado, que ya son indiferentes y que necesitan a Jesús.

María, Madre de Guadalupe, gracias por tu sí, que te hizo presente al principio de nuestra patria. Gracias por tu sí que te ha hecho presente continuamente en nuestra historia mexicana y nos sigue haciendo presente tu presencia amorosa en nuestros hogares, en nuestros Estados y en nuestros dos Estados que forman nuestra diócesis.

Gracias María por tu amor.
Gracias por darnos a Jesús.

 
 
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