20 de mayo de 2010
Muy queridos hermanos míos,
obispos, me da mucho gusto participar esta Eucaristía con ustedes
presidiéndola, al señor obispo anterior a mí que estuvo durante
27 años en la Diócesis de Tepic ayudando a que esta diócesis hiciera
presencia de Jesús en aquellos lugares de Jalisco y Nayarit. Y también
está con nosotros a quien todo su sacerdocio vivió allá en Tepic,
es de Tepic, y a hora es obispo auxiliar de México. Me da mucho
gusto y me acababa de decir el señor canónigo: es la presencia de
Tepic en México, el Sr. Lerma. Pero, también se me paso decir al
inicio, que juntamente con él hay una colonia de Tepic; hay mucha
gente de Tepic acá en la Diócesis de Tepic que está acá en México
y a veces nos recibe con tanto gozo, con tanta amabilidad, también
le saludamos con cariño.
Desde siempre, no eternamente,
sino que desde la humanidad creada no quiso vivir conforme Dios
deseaba vino la promesa de la Salvación. Si bien vino el desorden
en la vida humana y sigue habiéndolo. La promesa de Dios, el Hijo
nacido de una mujer, ese será el Salvador. En la Primera Lectura
escuchamos del profeta Isaías, como en un momento de la historia
se le pide a Ajas, que pida una señal de que Dios está con su pueblo,
no la quiere pedir, pero Isaías, Dios mismo se la promete. Es un
Hijo nacido de una mujer, será el Dios con ustedes, el Emmanuel.
Y llegó el momento importante de que esa promesa hecha desde el
inicio y reiterada a lo largo de la historia humana se hizo realidad
y es el Evangelio que escuchamos. Dios en el momento histórico va
a realizar la promesa hecha y toma una mujer de su pueblo; una mujer
sencilla y le anuncia. Lo primero que le dice: no temas van a
nacer de ti el Hijo del Altísimo y esto va a ser por obra del Espíritu
Santo. Ella no busca otras razones simplemente dice, algo que
es muy propio de la mujer y del hombre, que solamente en su unión
amorosa pueden dar un hijo. Y en este caso no, porque ella no había
conocido hombre, ya estaba desposada con José: no te preocupes
concebirás y darás un Hijo y ese hijo será mío, por obra del Espíritu.
Ese es el gran milagro del amor que Dios nos tiene dándonos
a su Hijo a través de una mujer, para salvarnos, único Salvador
del mundo. Pero esa es la única mujer, gran mujer, como tantas,
muchas, no tanto como ella, habrá habido en la historia y en especialmente
en la historia mexicana. Mujeres que han sido capaces de dar su
vida, como su María se entregó totalmente al plan de Dios: hágase
en mí según tu Palabra.
Ante esa gran mujer, en esta
imagen, tenemos nuestra Madre, a esa María que hace 2000 años dijo:
sí. Pero allá en 1521 vino el ejército español y ya venía con él
un grupo de misioneros, ya era la Iglesia en cierta forma que venía
a entregar Aquel que la Iglesia debe entregar y es: Jesús. Y empezó
a predicar el Evangelio, empezó a entregar a Jesús allá nuestra
madre patria, como decimos, que ahora también se cierne en dificultades
y oscuridades. Llegaron, pero 10 años después vino María, porque
Dios la envió; porque su Hijo la envió; porque el Espíritu Santo
la envió para que se hiciera presente de esa manera única, con la
cual se ha hecho presencia. María de Guadalupe. ¡Qué gran regalo
hemos recibido! A María en la tilma de Juan Diego; a María de una
figura mestiza; vestida de indígena, de cosmos y manifestando algo
que Ella sólo está por ser Madre de Jesús y sólo está para ser Madre
de Jesús e indicarnos que ahí está Jesús. Ella en su seno tiene
consigo a Jesús y nos lo entrega en el Tepeyac, y comienza una promoción
mucho más fuerte de la evangelización, por la presencia de María
en esa imagen bellísima, milagrosa que nosotros tanto veneramos
y que hoy venimos aquí a su casita, la casita que Ella nos dijo
en que se quería quedar, para que nosotros pudiéramos venir todos
los que fuéramos habitantes de estas tierras o por ellas transitar.
¿Qué podemos contemplar en
María? Si no es, como en alguna ocasión Jesús dijo, de su Madre:
si bien es bienaventurada por haber dado a su Hijo Jesús. Es
más bien bienaventurada porque escuchando la Palabra de Dios, la
cumplió, cambió sus proyectos, por el proyecto de Dios y vivió el
proyecto de Dios hasta la cruz y darnos a Jesús. Esta es nuestra
Madre, aquí estamos bajo su mirada maternal y estamos confiados
plenamente en que ella nos ayudará.
En Tepic vivimos circunstancias
especiales, decimos: sí, como en todo México y en muchos aspectos
como todo el mundo. Pero estamos ahí y las preocupaciones de la
Iglesia y de cada uno de nosotros son las de allí. Y hemos de estar
atentos a lo que sucede, y atentos no en lo particular sino también
el lo general. Y sabemos muy bien, queridos hermanos y hermanas,
que nuestras familias también están sufriendo el desgarramiento
de esta postmodernidad, que decimos vivimos ahora. O de los cambios
culturales, de las transformaciones, nuestras familias se ven más
dispersas; nuestros jóvenes se ven más asediados acosados por muchos
aspectos que les distraen y les atraen, pero quizá olvidando muchas
veces su propia dignidad y los valores que en familia han recibido,
aún en la Iglesia también. Y así también desgarramientos políticos;
desgarramientos sociales; desgarramientos económicos; desgarramientos.
¿Dios ha pensado nuestra Salvación así? ¿qué Dios no lo ha pensado
dándonos la presencia de Jesús por María? ¿y dónde está Jesús en
nuestros corazones? ¿dónde está Jesús en nuestras casas? ¿dónde
está Jesús en nuestros ambientes sociales? ¿dónde está Jesús, a
quien María, aceptó tener y dar carne en su seno? el Salvador del
mundo ¿dónde está y quién lo va a llevar? María en un cuadro en
la casa; María, la bella imagen en nuestra casa nacional, no, María
a nosotros nos dice así, como en las Bodas de Caná: hagan lo
que Jesús les dice. Y Jesús nos dijo vayan por todo el mundo,
no se queden conmigo vayan y les dio a los discípulos y nos sigue
dando al Espíritu Santo, que el próximo domingo celebraremos la
nueva venida: Pentecostés. ¿Para qué? ¿para que quedemos igual?
Sacerdotes, religiosas, laicos,
laicas, ¿vamos a seguir igual, con lo de siempre? No, en Aparecida
se nos insistió y hemos vivido impulsos para lograr ese nuevo Pentecostés,
Espíritu Santo que irrumpa y que nos lleve a ser misión, es la Misión
Continental transmitida y a la vez comprometida desde la Conferencia
Episcopal de Aparecida. ¿Y cómo estamos realizando la misión? ¿cómo
estamos realizando esa misión? que primariamente la tuvo María,
encarnar al Hijo de Dios y dárnoslo en la cruz. ¿Dónde está la iglesia
de Tepic? estamos dando a Jesús, estamos entregando con la cruz
que signifique, quizá a dejar muchas cosas que antes teníamos o
que hacíamos. ¿no estará María recuperando y reforzando su petición:
hagan lo que Jesús les dice. No es suficiente que la V Conferencia
del Episcopado Latinoamericano? no es suficiente que la asamblea
del Episcopado Latinoamericano; no es suficiente que en nuestra
diócesis hayamos iniciado, impulsado la Misión Continental. ¿No
podemos pensar ahorita, queridos hermanos sacerdotes, religiosas,
laicos y laicas que María al ver nuestro Nayarit y nuestro Jalisco,
nuestras regiones, nuestras zonas, nuestra diócesis estará diciéndonos:
hagan lo que Él les dice?
Y como ella poder nosotros
decir: sí, hágase en mí lo que Tú quieres. Y no será también
dado el proceso que llevamos, que realmente también María al romper
su proyecto y al hacer el proyecto de Dios para la salvación, querrá
decirnos que también la voluntad de Dios se ve en un proceso, en
un proyecto, en un Plan Pastoral. Y no que nos haya llegado, como
el ángel del cielo, sino como un requerimiento de nuestra diócesis
en la voz de sacerdotes, religiosa y laicos, que desde el inicio
y aún del obispo anterior escuche. No se necesita un ángel, se necesita
mirar las necesidades de nuestro pueblo y tener ese corazón sacerdotal
de Jesús que anhela hacer comunión y trabajar conjuntamente y ese
es nuestro proyecto pastoral, ese es el Plan Pastoral que estamos
elaborando y que decidimos elaborar y realizar, porque lo vimos
necesario en nuestra diócesis, ¿no será esto también una llamada,
que María nos hace en esta ocasión a toda la diócesis, diciéndonos:
hagan lo que Jesús les diga?
Seguir igual podemos hacerlo,
quizá no siga igual Nayarit o Jalisco, ni México, sino va desvaneciéndose
nuestra fe, debilitándose nuestra iglesia y debilitándose la presencia
de Jesús en nosotros y entre nosotros, allá en nuestra diócesis.
Sería una pena y mayor dolor el que actualmente vivimos.
Que María en esta peregrinación
de la Diócesis de Tepic a su casa y al ponernos bajo su mirada tierna,
maternal, que nos vuelve a decir: ¿no estoy Yo aquí que soy su
Madre? ¿qué les aflige? Con esa seguridad nos invita ella ahora
a que nos recuperamos en nuestra condición de iglesia diocesana
y que trabajemos, como iglesia diocesana haciendo a Jesús presente,
llevando a Jesús a los demás. Especialmente a tantos que ya se han
alejado, que ya son indiferentes y que necesitan a Jesús.
María, Madre de Guadalupe,
gracias por tu sí, que te hizo presente al principio de nuestra
patria. Gracias por tu sí que te ha hecho presente continuamente
en nuestra historia mexicana y nos sigue haciendo presente tu presencia
amorosa en nuestros hogares, en nuestros Estados y en nuestros dos
Estados que forman nuestra diócesis.
Gracias María por tu amor.
Gracias por darnos a Jesús.