InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Breves>Santos Arcángeles
   
 

Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el M.I. Sr. Cango. Jorge Antonio Palencia Ramírez de Arellano, Vice-Rector y Coordinador General de la Pastoral del Santuario, en la festividad de los Santos Arcángeles Gabriel, Miguel y Rafael, y en ocasión de la peregrinación del Club de Banqueros de México, A.C. a la Basílica de Guadalupe.

29 de septiembre de 2007

Bienvenidos hermanos. En la Doctrina de la Iglesia, en lo que la Sagrada Escritura, en lo que lo mismo el Acontecimiento Guadalupano nos dice respecto a los ángeles. En primer lugar, como hemos escuchado en la Sagrada Escritura, tanto en el Antiguo Testamento como en el mismísimo Evangelio, los ángeles los ubicamos en la creación de Dios, de Dios Creador de lo visible y lo invisible.

San Agustín nos aporta un elemento muy importante para empezar nuestra reflexión. Decía San Agustín: “ángel realmente no es un nombre, sino un oficio, lo que hace”. Y es cierto es un mensajero. ¿Quién es el ángel? Es una criatura, un espíritu, no tiene cuerpo, creado por Dios; a su disposición para alabanza de su Gloria. También son mensajeros de su voluntad, cumplen una misión y también son custodios, nos cuidan.

Pero algo muy importante en nuestro tiempo actual, es que tenemos ubicar a los ángeles en relación directa con Dios, con Cristo. Hay en la actualidad una tendencia de decir, mira te regalo un angelito para que te cuide, pero muchas veces se toma como un amuleto o como un talismán, sin ninguna relación a Dios. Hoy precisamente esta fiesta de los santos arcángeles nos mete constantemente en quienes son ellos. Son criaturas de Dios, sí, excelsas. La iconografía cristiana nos ha posibilitado verlos con alas, hermosísimos y muchas veces en una unión profunda con Cristo, con Santa María de Guadalupe, con los santos y con los cristianos.

Los ángeles, hermanos, aparecen a lo largo de toda la Sagrada Escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis y ellos, estos fieles servidores de Dios, estos ministros de su Gloria, nos ayudan a comprender muchas veces que es lo que Dios quiere de nosotros. A través de sueños o directamente son los ángeles que van anunciando, que van mostrando elementos de la revelación, y como dice San Pablo, cuando llegó la plenitud de los tiempos Cristo nació de una mujer y ahí están los ángeles.

¡Gloria a Dios en el cielo! hemos cantado hoy al inicio de esta celebración. A semejanza de ese himno de esa noche santa de la Navidad. Los ángeles siguen acompañando la vida de Cristo, son los ángeles los que anunciarán: “¡no esta aquí, ha resucitado, vayan a Galilea!” Posteriormente también acompañarán a los apóstoles librándolos a veces de la cárcel, acompañándolos para ejecutar su misión.

De estos elementos, hermanos, que brotan de la Sagrada Escritura nosotros debemos recurrir a lo que la Iglesia en su sana Doctrina, en su magisterio nos dice de quienes son estas criaturas invisibles, que ante Dios contemplan su rostro y lo alaban. Nosotros en cada Liturgia aquí en la tierra, es un leve reflejo de esa gran Liturgia en el cielo donde los ángeles sirven delante del trono de Dios y del Cordero.

Es muy importante siempre hacer esta reflexión y cuando unimos a Miguel, a Gabriel, a Rafael ahí esta Jesucristo. San Pablo nos recordaba muy bien como Jesús y ante Jesús, todo, tronos, dominaciones, potestades, todo está bajo su poder y sólo a Él la gloria y la alabanza y nosotros así debemos ubicar precisamente a los ángeles, a los arcángeles. Sin irnos a lo que nos podrían decir falsas imágenes o falsas cosas respecto de estas criaturas angélicas. Así, hermanos, como un ángel llega con María Santísima en Nazaret y tiene ese diálogo hermosísimo del cual Ella dice: Sí, aceptando ser la Madre del Creador. Ahí vemos esa unión profunda de la criatura angélica con la encarnación del Señor.

Así también hermanos al inicio de nuestra fe en este continente y en concreto aquí en el Tepeyac, quiso Dios también que precisamente la Sagrada Imagen de Nuestra Madre Santísima contuviera lo que vemos, lo que percibimos en esa gloriosa Imagen obra de Dios estampada en la Tilma de nuestro hermano Juan Diego. Ahí quizá los parámetros, la manera ver los ángeles de la Sagrada Escritura, se va completando con toda esta riqueza tan grande de la cultura mexicana y de las culturas americanas. Cuando el indígena, en el siglo XVI contemplaba a Nuestra Señora y veía esa figura que sostiene, que la toma de su túnica y de su manto.

Representaba para esa idiosincrasia de indígena la unión de cielo y tierra. Si nos fijamos en la Imagen que tenemos ante nosotros, este personaje que no es nada más es un niño, sino un joven y al mismo tiempo un anciano, va mostrándonos como él representa esa raíz muy importante para el indígena. María Santísima se anuncia así: “Soy la Madre del arraigadísimo Dios por quien se vive”. Es decir, de esa fuente profunda, de esa realidad que convalida todo lo anterior, las semillas del Verbo en esta tierra santa de América. Y ahí quiso Dios que también estuviera ese elemento que anuncia, que proclama, como dos culturas son capaces de unirse, que representan para nosotros hermanos algo muy importante.

Dios quiere en tu vida llegar, estar, unir y colocarte un elemento importante en tu vida, ahí representado en ese ángel con esas plumas de toda esa cosmogonía de los dioses: Tláloc, Quetzalcoatl, todo eso ahí representado para nuestros hermanos indígenas. Ahí, hermanos, estamos nosotros mismos y Dios nos dice ¿quieres tú participar de este hecho? Aquí está tu madre, aquí está un servidor mío a la manera de este nuevo mundo y hoy hermanos nos alegramos. Damos gracias al Creador por tantas cosas que ha hecho desde el inicio del mundo, desde el Tepeyac y en la vida de cada uno de nosotros.

Alabemos y glorifiquemos siempre a Dios con esa fuerza, con esa transparencia, profundidad con la que la criatura angélica alaba a Dios, asemejémonos precisamente a esa profundidad de la piedad, de la alabanza y la oración.

Que así sea hermanos.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados