Bienvenidos hermanos. En la Doctrina
de la Iglesia, en lo que la Sagrada Escritura, en lo que lo
mismo el Acontecimiento Guadalupano nos dice respecto a los
ángeles. En primer lugar, como hemos escuchado en la Sagrada
Escritura, tanto en el Antiguo Testamento como en el mismísimo
Evangelio, los ángeles los ubicamos en la creación de Dios,
de Dios Creador de lo visible y lo invisible.
San Agustín nos aporta un elemento
muy importante para empezar nuestra reflexión. Decía San Agustín:
“ángel realmente no es un nombre, sino un oficio, lo que hace”.
Y es cierto es un mensajero. ¿Quién es el ángel? Es una criatura,
un espíritu, no tiene cuerpo, creado por Dios; a su disposición
para alabanza de su Gloria. También son mensajeros de su voluntad,
cumplen una misión y también son custodios, nos cuidan.
Pero algo muy importante en nuestro
tiempo actual, es que tenemos ubicar a los ángeles en relación
directa con Dios, con Cristo. Hay en la actualidad una tendencia
de decir, mira te regalo un angelito para que te cuide, pero
muchas veces se toma como un amuleto o como un talismán, sin
ninguna relación a Dios. Hoy precisamente esta fiesta de los
santos arcángeles nos mete constantemente en quienes son ellos.
Son criaturas de Dios, sí, excelsas. La iconografía cristiana
nos ha posibilitado verlos con alas, hermosísimos y muchas veces
en una unión profunda con Cristo, con Santa María de Guadalupe,
con los santos y con los cristianos.
Los ángeles, hermanos, aparecen a lo
largo de toda la Sagrada Escritura, desde el Génesis hasta el
Apocalipsis y ellos, estos fieles servidores de Dios, estos
ministros de su Gloria, nos ayudan a comprender muchas veces
que es lo que Dios quiere de nosotros. A través de sueños o
directamente son los ángeles que van anunciando, que van mostrando
elementos de la revelación, y como dice San Pablo, cuando llegó
la plenitud de los tiempos Cristo nació de una mujer y ahí están
los ángeles.
¡Gloria a Dios en el cielo! hemos cantado
hoy al inicio de esta celebración. A semejanza de ese himno
de esa noche santa de la Navidad. Los ángeles siguen acompañando
la vida de Cristo, son los ángeles los que anunciarán: “¡no
esta aquí, ha resucitado, vayan a Galilea!” Posteriormente también acompañarán
a los apóstoles librándolos a veces de la cárcel, acompañándolos
para ejecutar su misión.
De estos elementos, hermanos, que brotan
de la Sagrada Escritura nosotros debemos recurrir a lo que la
Iglesia en su sana Doctrina, en su magisterio nos dice de quienes
son estas criaturas invisibles, que ante Dios contemplan su
rostro y lo alaban. Nosotros en cada Liturgia aquí en la tierra,
es un leve reflejo de esa gran Liturgia en el cielo donde los
ángeles sirven delante del trono de Dios y del Cordero.
Es muy importante siempre hacer esta
reflexión y cuando unimos a Miguel, a Gabriel, a Rafael ahí
esta Jesucristo. San Pablo nos recordaba muy bien como Jesús
y ante Jesús, todo, tronos, dominaciones, potestades, todo está
bajo su poder y sólo a Él la gloria y la alabanza y nosotros
así debemos ubicar precisamente a los ángeles, a los arcángeles.
Sin irnos a lo que nos podrían decir
falsas imágenes o falsas cosas respecto de estas criaturas angélicas.
Así, hermanos, como un ángel llega con María Santísima en Nazaret
y tiene ese diálogo hermosísimo del cual Ella dice: Sí, aceptando
ser la Madre del Creador. Ahí vemos esa unión profunda de la
criatura angélica con la encarnación del Señor.
Así también hermanos al inicio de nuestra
fe en este continente y en concreto aquí en el Tepeyac, quiso
Dios también que precisamente la Sagrada Imagen de Nuestra Madre
Santísima contuviera lo que vemos, lo que percibimos en esa
gloriosa Imagen obra de Dios estampada en la Tilma de nuestro
hermano Juan Diego. Ahí quizá los parámetros, la manera
ver los ángeles de la Sagrada Escritura, se va completando con
toda esta riqueza tan grande de la cultura mexicana y de las
culturas americanas. Cuando el indígena, en el siglo XVI contemplaba
a Nuestra Señora y veía esa figura que sostiene, que la toma
de su túnica y de su manto.
Representaba para esa idiosincrasia
de indígena la unión de cielo y tierra. Si nos fijamos en la
Imagen que tenemos ante nosotros, este personaje que no es nada
más es un niño, sino un joven y al mismo tiempo un anciano,
va mostrándonos como él representa esa raíz muy importante para
el indígena. María Santísima se anuncia así: “Soy
la Madre del arraigadísimo Dios por quien se vive”. Es decir,
de esa fuente profunda, de esa realidad que convalida todo lo
anterior, las semillas del Verbo en esta tierra santa de América.
Y ahí quiso Dios que también estuviera ese elemento que anuncia,
que proclama, como dos culturas son capaces de unirse, que representan
para nosotros hermanos algo muy importante.
Dios quiere en tu vida llegar, estar,
unir y colocarte un elemento importante en tu vida, ahí representado
en ese ángel con esas plumas de toda esa cosmogonía de los dioses:
Tláloc, Quetzalcoatl, todo eso ahí representado para nuestros
hermanos indígenas. Ahí, hermanos, estamos nosotros mismos y
Dios nos dice ¿quieres tú participar de este hecho? Aquí está
tu madre, aquí está un servidor mío a la manera de este nuevo
mundo y hoy hermanos nos alegramos. Damos gracias al Creador
por tantas cosas que ha hecho desde el inicio del mundo, desde
el Tepeyac y en la vida de cada uno de nosotros.
Alabemos y glorifiquemos siempre a
Dios con esa fuerza, con esa transparencia, profundidad con
la que la criatura angélica alaba a Dios, asemejémonos precisamente
a esa profundidad de la piedad, de la alabanza y la oración.
Que así sea hermanos. |
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