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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, en la Peregrinación del Colegio Don Vasco de Quiroga, Michoacán, en la Basílica de Guadalupe.

13 de marzo de 2009

Continuamos nuestro camino hacia la Pascua de resurrección. Estas cinco semanas de Cuaresmas, esta cuarentena nos prepara para celebrar gozosamente la cincuentena pascual y es por eso que el Señor a la luz de su Palabra nos va a ir exhortando a revisar nuestras vidas, a confrontar nuestras vidas con la Palabra de Dios, para movernos a la conversión, al cambio de vida.

Miren, que hermoso en el Evangelio de hoy Jesús habla de un hijo enviado para cosechar los frutos de una viña y que los viñadores bastan para desembarazarse de Él. Es el anuncio de la propia muerte de Jesús. La viña sobretodo se refiere a los profetas de Israel, esta imagen de la viña. En el templo herodiano de Jerusalén una gran vid de oro macizo y de grandes proporciones estaba encima de la entrada del santuario. Por eso Jesús mediante esta parábola refleja toda la historia del pueblo de Israel, con sus continuos rechazos a Dios, por sus continuos rechazos a los enviados por Él para hacer recapacitar al pueblo, para moverlo a la conversión. Finalmente rechazarán al mismo Señor Jesús. Vengan, vengan, matémoslo… y finalmente rechazaran al mismo Señor Jesús. Vengan, vengan, matémoslo…  encontramos las mismas palabras en la página del Antiguo Testamento en esta historia de José vendido por sus hermanos, que ya está anunciando al Señor Jesús. La historia de José que prefigura a Jesús mismo. Dice el texto sagrado: sus mis hermanos vieron que su padre le amaba; vamos a echar mano de él.  Recordemos, como el Padre Celestial dice de Jesús, el día de su bautismo: este es mi Hijo muy amado, bien amado, escúchenle. Y Jesús permanentemente va a hablar del Padre Celestial: Aquel que me ha enviado. Este era como un refrán permanente en la predicación de nuestro Señor Jesucristo: mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado. La obra de Dios es que crean en Aquel que me ha enviado. La Palabra que oirán no es mía, sino de Aquel que me ha enviado. Siempre el Señor Jesús va a estar refiriéndose a su Padre Celestial: Aquel que lo ha enviado. Jesús es el primer misionero del Padre. Jesús es el primer apóstol. Jesús viene a revelarnos a un Dios que es Padre. Jesús viene a hacernos tomar conciencia de que todos somos hermanos, de que debemos tener una nueva relación con Dios, con nuestros hermanos, con la naturaleza, con todo lo creado. Y miren, como se le anuncia desde el Nuevo Testamento en esta historia de José: conspiremos contra Él para matarlo, vengan matémoslo.

Miren, mis amados hermanos, estamos tan habituados, tan acostumbrados a escuchar el relato de la pasión e incluso hemos visto una película, seguramente muchos de ustedes la vieron la de Mel Gibson, que retrata perfectamente bien la pasión del Señor Jesús, y estamos tan habituados a la pasión de Jesús que no llegamos a darnos cuenta realmente de lo que sucede en ella.

Mis amados hermanos y hermanas, ¿no será muy conveniente que meditemos la pasión de Jesús a la vez que pensemos en otras fechorías y matanzas, como las estamos viviendo hoy en día? ¡Cuántos asesinatos, cuántos secuestros, cuánta sangre! Donde quería que se mate a un hombre en el mundo es el rostro ensangrentado de Jesús, que aún perdura. Donde quería que corra la sangre sobre un rostro, víctima de la brutalidad humana, mis amados hermanos, es el rostro ensangrentado de Jesús que aún perdura. No nos acostumbremos a estas notas rojas, policíacas, verdad, en los periódicos hoy en día, que parece que es lo más importante o en los noticiarios de la televisión o de la radio, como que ya nos acostumbramos a esto.

Mis amados hermanos, ojala que al contemplar al Señor Jesús clavado en la cruz, entregado por nosotros contemplemos el rostro de tanto hermanos. Dice el libro del Génesis, que lo vendieron por 20 monedas de plata, lo vendieron. Por dinero se maltrata a los hombres, por los hombres vendemos nuestra dignidad, lo estamos viendo. El dinero no lo es todo, mis hermanos, bendito sea Dios que estamos viviendo esta crisis, bendito sea Dios. Crisis significa: crecimiento, es momento de crecer, es momento de darnos cuenta que estamos desviando el camino. Generaciones atrás, estas últimas décadas, los hombres nos hemos olvidado de la ética de la vida. Estamos destruyendo la vida y ahí está la consecuencia, sino hay ética no hay Dios, y sino está Dios no hay nada. Y el hombre puede cometer las peores fechorías del mundo, y lo estamos viendo, mis amados hermanos. Ahora ya esta se atreven legislar cuando hay que destruir, cuando la mujer puede abortar y cometer delito, que terrible es esto. Los señores que están puestos para el orden para legislar adecuadamente y procurar el orden, ahora ya pueden definir cuando comienza la vida y cuando no, que majadería.

Amados hermanos, por dinero Judas vendió a Jesús a los sumos sacerdotes. Por dinero nosotros seguimos traicionando nuestros valores, nuestras convicciones, la avaricia, la ambición, el tener y tener a toda costa y a como de lugar es lo que esta provocando estas crisis que estamos viviendo. Ya cayó el comunismo, ahora cae el capitalismo, no puede ser, el hombre no puede centrarse en las cosas materiales en sus ideologías, no. Definitivamente somos hechuras de Dios.

Hemos salido, mis amados hermanos, y a Dios debemos volver. Dios nos creó a su imagen y semejanza, somos como un retrato de Dios y toda la vida debemos crecer con este sentido de Dios. Éste que nos ha traído nuestra Niña y Muchachita Santa María de Guadalupe hace 477 años: yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del arraigadísimo Dios por quien se vive. El Creador de las personas, el Dueño del cerca y del junto, el Señor del cielo y de la tierra. Él es el único que puede dar sentido hondura, profundidad a nuestras vidas. Por eso una y otra vez en la Cuaresma el Señor nos está llamando a la conversión: ¿en dónde está centrada tu vida? ¿quién es tu apoyo? ¿quién es tu seguridad? ¿quién es tu refugio? Lo escuchábamos el día de ayer, palabras duras: maldito el hombre que confía en sí mismo, en las cosas materiales, en las cosas de aquí abajo, en sus influencias, en sus contactos. Bendito el hombre que confía en el Señor, bendito el hombre.  Y aquí estamos con la bendita entre todas las mujeres, Santa María de Guadalupe que nos enseña a confiar en Dios, que nos motiva abandonarnos, a decir como Ella: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra.

Amados hermanos, va anunciándose ya, pues, desde el Antiguo Testamento la pasión de Cristo: lo vendieron por 20 monedas de plata y luego se lo llevaron a Egipto. Se llevan a José a Egipto, todos conocemos la historia sagrada. Miren, como Dios escribe sobre reglones torcidos, como solemos decir. Dios se sirve de acontecimientos aparentemente contrarios a su proyecto. Los 11 hermanos de José creían haber llevado bien su asunto al deshacerse de ese importuno, verdad, y de hecho, miren que es lo que hacen, favorecen el asunto de Dios. Sin que ellos lo sepan contribuyen a realizar un episodio importante en la historia de la salvación, en la historia sagrada, en la cual Dios desarrolla su designio: el pueblo hebreo se instalará durante algunos siglos en Egipto para vivir allí un cierto número de experiencias, que serán decisivas. Así mismo, mis amados hermanos, el complot y la muerte de Jesús. En apariencia el fracaso absoluto de Dios y de hecho su victoria absoluta, por eso para nosotros la cruz es un gran trofeo: ¡Oh cruz te adoramos! ¡Oh cruz te bendecimos! De ahí viene la vida, de ahí viene la salvación. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. José traicionado por sus hermanos será quien le salvará dentro de unos años, cuando venga el hambre y ellos mismos vallan a Egipto donde encontrarán a su hermano al que acaban de vender. La clave para interpretar estos textos, véanlo ustedes mismos en el libro del Génesis en el capítulo 50, versículo 22, quisieron hacerme un mal y Dios lo usó para un bien. Cuando José se revela y se descubra, como el hermano de estos 11, verdad, que lo vendieron. Cristo Jesús, también, salva a los que no lo aman. Cristo Jesús, también, aboga: Padre perdón por nosotros, Padre perdónalos porque no saben lo que hacen, no saben lo que hacen. El Mesías rechazado, la pobre piedra informe, que los constructores habían juzgado inútil y fue tirada a la basura, es luego una hermosa piedra muy apreciada, que se coloca en el lugar esencial de la construcción, en el ángulo que une dos muros. Es de esta piedra que depende toda la solidez del edificio, y esa piedra firme es nuestro Señor Jesucristo; sobre Él debemos edificar nuestra vida, sólo cuando edificamos sobre esta piedra angular, Jesucristo, nuestra vida tendrá sentido. Nuestra vida tendrá razón de ser. Nuestra vida se realizará plenamente.

Jesús, mis hermanos, es elemento esencial del gran proyecto de Dios Padre, es la base de toda la construcción. Él que era tan pobre, tan desvalido, tan despreciado, tan rechazado, eh aquí la obra de Dios, ¡qué admirable es esta obra de Dios! dice el mismo texto del Evangelio.

Pensemos en esto, meditemos en esta Palabra, afiancémonos en el Señor Jesús, que de verdad fundamos fuertemente nuestras raíces en Él. Él es la única seguridad, y que si vivimos en crisis, en situación difícil, en situaciones de violencia, de inseguridad, de narcotráfico, sí debemos preocuparnos por todo esto desde luego, pero desde la fe. Desde nuestra mirada puesta en el Señor Jesús. Desde nuestro abandono a Jesús. Él jamás pude fallarnos, desde nuestro abandono a Santa María de Guadalupe que va construyendo este pueblo, quien va guiándonos hacía Aquel por quien se vive, hacía Aquel que da sentido a todo.

Hermanos, pensemos en esto, que de verdad en esta Cuaresma muramos a nosotros mismos, que de verdad nos centremos en aquello que vale la pena: Cristo Jesús el Evangelio, que de verdad desechemos lo que nos estorbe, lo que nos impida. No centremos la vida en el dinero, no, esto se viene abajo, por haberle levantado un altar, verdad, a este dinero, vemos las consecuencias en este momento. Una economía deshumanizada, salvajemente deshumanizada, vean a donde nos lleva. Tenemos que humanizar la economía, tenemos que humanizar nuestro mundo, nuestra realidad y eso sólo lo haremos desde Cristo Jesús, desde Cristo el Señor.

Ojala que nuestros amigos que van entrando del Colegio Don Vasco de Quiroga, Michoacán, verdad, se les hizo un poco tarde, vienen desde Michoacán viajando toda la noche, ojala que este encuentro con la Señora del Cielo les anime para continuar siendo testigo de Cristo, como lo fue nuestro querido Tata Vasco, que cada día se agiganta más este hombre, este primer obispo de Michoacán, este gran evangelizador de la tierras purépechas. Amados jovencitos, jovencitas del Colegio Don Vasco, que encuentren en Santa María de Guadalupe un aliento en su crecimiento, en su desarrollo, que esperemos sea integral, sea total para que ustedes den respuesta a los cuestionamientos del hombre de este tercer milenio. Y las respuestas las den desde el Evangelio, desde Jesucristo, de la Palabra de Dios.

Que así sea, mis hermanos.

 
 
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