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Visita de su toda
Santidad Bartolomé I
 


Arzobispo de  Constantinopla y
Patriarca Ecuménico

11 de febrero de 2006


S
u Toda Santidad Bartolomé I,  visitó a Santa María de Guadalupe en su actual Basílica el pasado sábado 11 de febrero, acompañado por obispos y sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa, y a invitación del Emmo Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, quien junto con obispos de la Iglesia Católica y el Cabildo Colegial de Guadalupe, le ofrecieron una solemne recepción.

Ante la imagen Sagrada de la Virgen Morena, y en un acto de unidad, obispos y sacerdotes católicos y ortodoxos, oraron juntos por la fraternidad en el mundo. Posteriormente, Su Toda Santidad firmó el libro de visitantes distinguidos en el recinto sagrado.

EMMO. SR. CARDENAL NORBERTO RIVERA CARRERA, ARZOBISPO PRIMADO DE MÉXICO:

Su Toda Santidad, Patriarca Bartolomé I, La Theotocos que tanto ama, y tanto venera, quiso salir al encuentro de nuestros pueblos, Ella quiso revelarnos al verdadero Dios por quien se vive. Ella estuvo en el nacimiento de nuestra Patria, y la ha acompañado durante su historia. Ella es Patrona y Emperatriz…su casita para permanecer en medio de nosotros. Nos ha dejado su ICONA.

En estos días, Señor Patriarca, hemos recibido la alegre noticia de que el sucesor de Pedro visitará a Su Toda Santidad en Constantinopla, del 28 al 30 de noviembre del presente año, nos alegramos de todo corazón.

El Espíritu de Dios ciertamente está con el sucesor del Apóstol Andrés y del Apóstol Pedro, el Espíritu de Dios los guiará para que nos muestren caminos de unidad en las Iglesias que ellos mismos establecieron.

Sea bienvenido Su Toda Santidad. Esta bienvenida es a nombre de los señores obispos de Tepic, de Huautla, mis obispos auxiliares, el Consejo Interreligioso de México, y sobre todo, de los fieles cristianos que se reúnen continuamente aquí a venerar a la Madre de Dios por quien se vive. Sea bienvenido Su Toda Santidad.

SU EMINENCIA ARZOBISPO ATHENÁGORAS, DEL SACRO ARZOBISPADO GRIEGO DE MÉXICO:

Mi querido hermano Cardenal, hermanos, obispos de la Iglesia Romana Católica, de la Iglesia Ortodoxa, en el nombre de nuestra Sacra Metrópolis, agradecemos mucho al Señor Cardenal por esta invitación para poder su Toda Santidad, orar frente de la Madre de Dios por todos nosotros y por la paz del mundo y para la Salvación de todos.

(Presenta  a la delegación de Obispos Ortodoxos y los monseñores y sacerdotes que acompañan a Su Toda Santidad, entre ellos, sus eminencias: el Arzobispo del Patriarcado de Antioquia, el Arzobispo Metropolitano de Estonia, el Arzobispo Metropolitano de Filadelfia de Asia Menor.)

Agradecemos otra vez por esta gran invitación, por nuestro Patriarca, hermano querido del Obispo de Roma, por la oportunidad de poder orar hoy por todo el pueblo, por nosotros y por todo el mundo, frente a la imagen de nuestra madre de América y madre de todo el mundo. Agradecemos.

Permítame agradecer a los dos coros: el Coro de Grecia que cantan en griego, y el Coro de la Catedral de San Jorge de la Antioquia, que cantan los himnos.

SU TODA SANTIDAD BARTOLOMÉ I:

Hermano en Cristo, Emmo. Cardenal, Norberto Rivera, Santísimo y amado en Cristo Metropolita de México, Sr. Athenágora, amados Obispos católicos y ortodoxos, respetadísimos responsables de esta Basílica, amados y benditos hijos en Cristo:

Uno es el sol pero incontables con sus rayos. Una es la Señora Madre de Dios, pero inconmensurables sus lugares de culto en todas partes del mundo. De esta manera, viniendo de la antiquísima cátedra del patriarcado ecuménico, Constantinopla, de la ciudad que desde su construcción fue consagrada a la guerrera victoriosa donde cientos de santos templos y respetados monasterios consagrados a la Madre de Dios, realizaban el sagrado culto y aún lo realizan, bendecimos al Hijo nacido de sus entrañas, al Verbo de Dios, porque nos ha hecho dignos junto con su santo séquito de encontrarnos hoy en este mundialmente conocido lugar de culto a la Virgen de Guadalupe.

Una vez más agradecemos a todos ustedes que han venido hasta aquí para orar en común a la Santa Virgen y pedirle su maternal protección ante nuestro Dios Trinitario. Aprovechamos así esta oportunidad única y deseamos expresar en pocas palabras algunos pensamientos respecto al rol de la Santísima Madre de Dios en la vida de la Iglesia ortodoxa.

Seguramente sabrán que en los Santos Evangelios tenemos poca información acerca de la persona de la Bienaventurada Madre de Dios, hecho éste que fue interpretado por los Padres de la Iglesia como un autoexclusión voluntaria, de honda humildad, del escenario de la actividad del Señor en este mundo, de modo que la Primicia recayese siempre sobre el Unigénito Hijo de Dios encarnado de la Virgen que Él mismo escogió de entre la multitud de mujeres que habían vivido durante siglos, como su propia morada, por la ilimitada pureza y santidad de su alma y de su cuerpo y así la estableció como Verdadera Madre de Dios.


Por ello, en el peregrinaje de la Iglesia hasta nuestros días, ninguna otra persona ha sido tan glorificada y honrada como la Santísima Señora, convertida en único modelo de la deificación por la Gracia, de los miembros de la Iglesia, e irremplazable mediadora ante Dios misericordioso.

Son características las luchas de los antiguos padres de la Iglesia para conservar incólume la fe dogmática en la purísima joven María, especialmente después de la aparición de las doctrinas heréticas de Arrio y más tarde …y Eutiquio, que negaban la unicidad de las naturalezas humana y divina en el Señor y torciendo el papel de la Virgen en el Misterio de la Salvación en Cristo.

Por tanto, en el Tercer Concilio Ecuménico celebrado en Efeso, se afirmó oficialmente el término Theotocos, o sea de Hipara, hasta entonces sólo algunas veces referido y usado por los Padres de la Iglesia en sus textos, de lo cual un defensor por excelencia fue San Cirilo de Alejandría en el Cuarto Sínodo Ecuménico celebrado en Calcedonia, donde se reafirmó y recalcó con toda prodigidad la importancia de la Encarnación del Verbo Eterno de Dios por medio de la Virgen María, en la persona de Cristo como perfecto Dios y perfecto ser humano.

Desde entonces, la veneración honorífica de la persona de la Santísima Virgen, se desarrolló en la vida de la Iglesia, de acuerdo con la profecía que había sido dicha sobre Ella en su encuentro con su pariente Isabel: “Desde ahora, me llamarán bienaventurada todas las generaciones”.

Así, numerosos templos le fueron consagrados, incontables santos monasterios se establecieron en su honor, innumerables iconos milagrosos aparecieron en la historia, miles de alabanzas e himnos se compusieron, millones de fieles adoptaron su nombre, incalculables rezos de súplica y gratitud se le dirigieron y aún hoy se le dirigen a Ella.

Pero también ruidosamente la rabia demoníaca procura en vano mancillar su Santísima persona.
Hermanos e hijos en el Señor que aman a la Madre de Dios: Un himno de la Iglesia ortodoxa, con penetrante comprensión del lugar que ocupa la Theotocos, Madre de Dios, María, en la vida de los fieles, refiere característicamente:

Vacila toda lengua en elevarte alabanzas
Sufre de vértigo todamente
Aún sobrenatural, al himnodiarte,
Oh Theotocos, ciertamente,
¿Cómo es posible elevarle himnos de encomio a
Aquella que fue hecha más honorable que los querubines
e incomparablemente más gloriosa que los serafines,
siendo nuestros labios a la vez de barro y de pecado?

Sin duda, ya conocerán que el Patriarcado Ecuménico tiene desde el principio la extraordinaria bendición de estar espiritualmente a cargo del Monte Santo en Athos, donde se da continuidad a la vida y tradición monástica ortodoxa. Este Monte, con sus 20 santos monasterios y los otros cientos de fundaciones monásticas y (…) es por excelencia un lugar mariano y lleva el nombre de Vergel de la Toda Virgen, puesto que allí se atesoran la mayoría de los bienes históricos de la Virgen, como la Santa faja y decenas de iconos milagrosos con su Santísima representación, además de la multitud de milagros que se han realizado y cumplido por medio de su intercesión.

En este lugar sólo accesible a la Santísima Virgen en su condición femenina, se elevan incesantemente los arcagélicos salve hacia la Madre de todos los cristianos y se llevan a cabo vigilias durante toda la noche con gran devoción.

Ahí por tanto, San Nicodemo (…) asceta del siglo XVIII, maestro mariano por excelencia de los ortodoxos, compuso multitud de himnos, en uno de los cuales dice, dirigiéndose a la Santísima Virgen y resumiendo, diríamos, atrevidamente  la posición que ella ocupa en la enseñanza dogmática de la Iglesia:
¡Salve a la diosa después de Dios,
A la que tiene el segundo rango después de la Trinidad!

Con estas breves reflexiones, amados hermanos e hijos del Señor, les exhortamos a todos a amar aún más a la Santísima Virgen Madre de Dios, y a buscar incesantemente su Gracia maternal y su bendición en nuestra vida. De todo corazón suplicamos a la amantísima Madre de Dios, que elevando continuamente sus manos hacia el filántropo Dios, haga descender sobre todos nosotros, primeramente, el perdón y la remisión de nuestros muchos pecados y transgresiones y después la fortalecedora Gracia del Espíritu Santo, por la cual, ya purificados, seremos dignos del místico establecimiento del Dios Trinitario en nuestros corazones, del Dios de la Revelación, del Dios de nuestros padres.

Que Nuestra Señora Madre de Dios nos bendiga a todos y a cada uno de los amados fieles mexicanos, de manera que recorriendo el camino de esta muy agitada vida y santificados en el temor de Dios, puedan alcanzar la Gloria sobrenatural del paraíso junto con los coros de todos los Santos, donde reina la Señora Madre de Dios que es para nosotros alegría, esperanza, protección, intercesora y refugio. Excelentísimo señor Cardenal, le agradecemos por su entusiasmo y su alegría, por la visita que en algunos meses realizará a la sede de Constantinopla Su Santidad el Papa Benedicto XVI.

Será, después de Pablo VI y Juan Pablo II, el tercer Papa que en los tiempos modernos visitará a su hermano, seguidor de Andrés en su sede de Constantinopla.  

Pedimos de todos ustedes, fieles, dignidades jerarcas, obispos católicos, sus oraciones, para que ésta visita a la sede de Constantinopla, pueda contribuir decisivamente a la unidad y al hermanamiento de nuestras dos iglesias Católica y Ortodoxa.

Excelentísimo Cardenal, hermano, le damos las gracias sentidamente por esta hermosa recepción que nos ha dispensado y por haber realizado esta oración conjuntas frente al icono taumaturgo milagroso de la Virgen de Guadalupe aquí presente.

Le pedimos que reciba estas santas memorias de nuestra visita…y el icono que traemos de Constantinopla, y una cruz que además se la vamos a colocar en este momento. 

(El Emmo. Sr. Cardenal además hace entrega de la imagen de Santa María de Guadalupe al Patriarca Ecuménico de Constantinopla. También entrega el libro de Juan Diego, las informaciones de 1666)

Oración Final.

Firma del Libro de Visitantes Distinguidos

 
 
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