Hermanos
y hermanas, fieles laicos de Cristo, muy amados hermanos de
las escuelas cristianas, la Sallistas, nos hemos unido al jubilo
y alegría de sus cien años. Muy amadas hermanas religiosas,
hermanos en el ministerio sacerdotal, Capellanes, Cabildo de
Guadalupe, alabemos a Dios y démosle gracias pues nos permite
en esta mañana a los pies de Nuestra muchachita, Santa Maria
de Guadalupe celebrar la alegría pascual de la resurrección.
La presencia centenaria de la obra
educativa de San Juan Bautista de la Salle en México y la fiesta
Guadalupana por el Jubileo de los cuatrocientos setenta y cinco
años de esta Bendita Señora entre nosotros.
Los hermanos de las escuelas cristianas, depositarios del pensamiento,
obra y espiritualidad de San Juan Bautista de la Salle, han
traspasado los límites geográficos de la tierra que los vió
nacer y se han colocado a más de tres siglos en muchos países
del mundo entero.
Su presencia en nuestro país es muy
reconocida, goza de gran estima y esta entre las Instituciones
Educativas de mayor confianza y prestigio, además de su sabida
inspiración cristiana, que ha decir verdad, es esto último lo
que le da peso, sentido y orientación a esta comunidad de hermanos.
En la inspiración en los valores del Evangelio, la clave del
éxito en su vocación educativa.
El camino recorrido a lo largo de cien
años, no ha sido del todo fácil, lo han recorrido, como lo dijera
nuestro recordado y querido, Juan Pablo II (q.e.p.d.) cuando
se dirigiera a su superior General en mayo de 1980, en medio
de duras pruebas y grandes dificultades, pero con una progresión
que nadie ha podido tener, porque están animados, fecundados
y sostenidos por la gracia de Dios a la que millares de hermanos
han respondido con decisión y generosidad ejemplar.
Es precisamente esta decisión y generosidad
la que trajo a México en 1905, la presencia de los primeros
cuatro hermanos de la Salle, quienes antes de hacer otra cosa,
vinieron a este Santuario para presentarse ante la dulce Señora
del cielo e invocar de ella su auxilio y amor maternal.
Desde entonces, Nuestra Señora de Guadalupe
ha acompañado la labor educativa, asistencial y evangelizadora
de los cientos y cientos de hermanos de las escuelas cristianas
que han peregrinado en nuestro México.
Al celebrar el centenario de los hermanos de las escuelas cristianas,
mención especial merece la Escuela Cristóbal Colón, quien desde
su fundación esta ligada al servicio litúrgico de esta Insigne
Nacional Basílica de Guadalupe, nuestros coloraditos infantes;
así nacieron estas escuelas de los hermanos alrededor de esta
Basílica.
A través de este servicio, los hermanos
La Sallistas encontraron un manera de servir directamente a
la Madre de Dios, en su vocación a Guadalupe y una forma de
realizar su apostolado impartiendo educación cristiana a los
niños, adolescentes y jóvenes de la zona.
La historia de la Escuela Cristóbal Colón está entretejida entre
Epopeyas Guadalupanas, que avalan que la Madre de Dios, quiso
que los hermanos La Sallistas con todos sus alumnos estuviesen
siempre bajo su cuidado y mirada maternal.
Amados hermanos y hermanas, los textos
de la Sagrada Escritura que hoy hemos escuchado son una clara
llamada de atención a estar alerta, en lo que cada uno tiene
que hacer y saber como nos lo enseña el Evangelio: ¿cuál es
nuestro lugar, nuestro papel en la centralidad del reino?
En la Segunda Carta del Apóstol San
Pablo a Timoteo, nos encontramos con una exhortación muy a la
medida, es una invitación a desempeñar bien el ministerio, entendido
este último concepto, como un servicio que adquiere diversas
formas, donde cada uno tiene que hacer lo que le corresponde
desde su propia realidad, pero con paciencia, amor y sabiduría.
Cualquier ministerio, encomienda, y
encargo, requieren no solo la buena voluntad, sino la capacidad
de saber hacerlo, pero sobre todo sabiendo que es una acción
en beneficio de los demás, a la que debemos responder no como
quien hace un favor, sino con la conciencia de cumplir un gusto
y un deber que no debemos menospreciar y de esta manera como
nos apremia San Pablo: sabremos desempeñar a la perfección nuestros
ministerios.
La respuesta de Jesús ante al interrogante
de sus discípulos, no deja entre ver la posición que existe
entre el pensamiento de Dios y el de los hombres. Retratando
a la vez la tentación continua de todos los hombres por alcanzar
el poder, posición y bien estar, a toda costa, olvidando que
solo se es grande en el reino de Dios quien corre detrás de
Jesús por los caminos de la sencillez, humildad, amor y el
servicio.
Todo discurso de Jesús choca contra
los criterios competitivos de la sociedad actual, pues el triunfador
no es el más agresivo, autoritario, el que más tiene y puede;
sino, el más débil, sencillo, sincero.
El contra punto a las personas orgullosas son los débiles de
este mundo, que aparentemente no tienen cosa que ofrecer, pero
son capaces de darse totalmente así mismos.
Los auténticamente humildes que son concientes de sus limites
y pobreza, son los que verdaderamente saben situarse en su puesto
con capacidad de acogida, fruto de un corazón misericordioso.
Hoy, hermanos y hermanas, estamos invitados
a ser fermento, a transformar el mundo, no desde los puestos
de control, sino desde el servicio, el amor, la entrega, pues
el que quiera ser el primero, que se haga el último servidos
de todos, a imitación de San Juan Bautista de La Salle.
El ejemplo de servicio, humildad, de ser para los demás, lo
vemos hoy materializado en la presencia de nuestros hermanos
de San Mateo Tlalchichilpan, quienes con motivo del cuatrocientos
setenta y cinco Aniversario de las Gloriosas Apariciones de
Nuestra Señora de Guadalupe, han venido hasta esta Basílica
con si música, danza, gastronomía, pirotecnia y con su arte,
para manifestarle a tan Celestial Señora, un homenaje de amor
y filial devoción.
Ruego a Dios, conceda a todos ustedes
y a sus familiares, toda bendición. Muchas gracias por su presencia
y que el testimonio perenne del pedagogo de La Salle, quien
siempre vivó entregado a Dios y se consideró así mismo como
el más pequeño, nos alcance por intersección de Nuestra Señora
Santa María de Guadalupe, el último lugar entre los hermanos.
Que así sea.