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Homilía
pronunciada por Mons. Francisco Moreno Barrón,
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Morelia, en ocasión de la Peregrinación Purepecha en la Basílica de Guadalupe.

11 de octubre de 2006

Santa María de Guadalupe se manifestó en este lugar, en el año de 1531 a Juan Diego, un indígena. La Santísima Virgen quiso quedarse con nosotros en este hermoso Ayate, Ella dejo su preciosa imagen, nosotros somos el Juan Diego de hoy y la Virgen sigue en ese diálogo incomparable con nosotros.

Hemos venido como cada año como pueblo y comunidad Purepecha indígena a postrarnos a los pies de esta gran Señora, que es Madre del verdadero Dios por quien se vive y es también Madre de cada uno de nosotros.

En nuestro corazón traemos todas nuestras penas, alegrías, nuestros trabajos, nuestra vida familiar, traemos nuestras esperanzas y tantas cosas que queremos presentarle a la Santísima Virgen de Guadalupe, para que Ella las entregue a su querido Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

La Virgen recibe con agrado la ofrenda de cada uno de los aquí presentes y Ella nos recuerda cuál es el motivo de su presencia en este lugar. Si observamos cuidadosamente la imagen de la Virgen de Guadalupe nos damos cuenta que es un Códice, que los indígenas sabían leer perfectamente. Se trata de una mujer que está encinta, por eso tiene su vientre abultado y lleva a la altura de si cintura un moño que indica su embarazo.

La Virgen de Guadalupe viene a nosotros, pero no sola, sino que Ella nos trae a Cristo, el Salvador. En estas tierras aún no era conocido Jesucristo en 1531 que ya había nacido mucho tiempo antes en Belén y cuando la Virgen de Guadalupe se aparece en este lugar se multiplican las conversiones de los indígenas, viven el Bautismo y abrazan la nueva fe en Jesucristo. Porque la misión de la Santísima Virgen de Guadalupe es darnos a Cristo.

Hoy venimos a este Santuario a encontrarnos con María de Guadalupe y Ella nos lleva ante Jesús, cuando dice: “¡No es a mi a quien buscan, en el fondo a través de mi buscan a mí Hijo, su Señor y Salvador Jesucristo!”. Santa María de Guadalupe nos trae a Jesús, nos lo entrega desde su vientre purísimo.

Observemos nuevamente la imagen y veamos que no es estática, sino una imagen que está en movimiento, por eso tiene flexionada su pierna izquierda; la Virgen de Guadalupe va caminando con nosotros, con este pueblo a través de su historia.

Por ejemplo en las grandes gestas heroicas que se han realizado en México han sido bajo la mirada de la Santísima Virgen de Guadalupe, plasmada en los estandartes - como el que portaba el cura Hidalgo al iniciar la Guerra de Independencia -, también los colores de nuestra Bandera se tomaron de los colores hermosos de esta imagen de la Virgen de Guadalupe que está íntimamente ligada a la historia de nuestro pueblo y de México.

En el fondo la Historia de México no es otra cosa que la continuación de una expresión en el diálogo amoroso del Tepeyac, entre la Virgen de Guadalupe y Juan Diego. Hoy entre la Morenita del Tepeyac y cada uno de nosotros.

No estamos solos hermanas y hermanos, en nuestra peregrinación junto al pueblo mexicano está la Santísima Virgen de Guadalupe, pendiente de nuestros ruegos, porque Ella dijo que quería un templo y nosotros le hemos ofrecido millares de templos para que Ella escuche nuestros ruegos: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?, ¿No corres por mi cuenta?, ¿No estas en mi regazo?, ¿Que te preocupa y aflige?”.

Confiémonos hermanas y hermanos en brazos de Nuestra Madre de Guadalupe y que esta peregrinación a su Santuario nos permita un encuentro personal, comunitario, profundo con su Hijo Jesucristo y que al término de esta Celebración Eucarística, nos vayamos llenos de Jesucristo a nuestros lugares de origen y a nuestro lado siempre la Virgen de Guadalupe, concientes de que Ella nunca nos desampara.

Pidámosle a la Virgen de Guadalupe que bendiga a todos nuestros hermanos indígenas de México, particularmente a nuestros hermanos Purépechas, que les ayude a conservar su identidad, sobre todo el valor de la fe que es el tesoro más grande que tienen y que junto con la fe en Jesucristo, el pueblo Purépecha conserve sus tradiciones, su lengua, sus costumbres. Todo eso que le hace ser un pueblo único y especial en medio de este mosaico que es nuestra Patria mexicana.

Celebremos esta Eucaristía llenos de gozo y todos aquellos hermanos que no son indígenas, pero que están aquí con nosotros en esta fiesta eucarística, que todos hoy como fruto de esta Celebración abramos nuestro corazón como Santa María de Guadalupe a todas las necesidades de nuestros hermanos indígenas.

Para que en México cada día se den pasos significativos, no solo palabras en la búsqueda de mejores condiciones de vida para nuestros indígenas, pues ellos son el origen de nuestra raza.

Nosotros como mestizos mexicanos, no somos propiamente indígenas puros, pero tampoco somos españoles, somos una mezcla de estas dos razas y tenemos que reconocer en los hermanos indígenas a aquellos que dieron origen a nuestra nueva raza.

Somos parte de ellos, ellos son parte de nosotros y tienen que ocupar un lugar preferencial en la vida de nuestra Patria, de nuestra Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros.

Disfrutemos este encuentro con Santa María de Guadalupe y con Jesucristo en la Eucaristía, como disfrutó su encuentro Santa Isabel cuando la Virgen de Guadalupe fue a saludarla, después de la Anunciación. Así sea.

 
 
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