Y
para realizar con toda certeza lo que pretende Él, que es
mi mirada misericordiosa, te ruego aceptes ir al palacio del
Obispo de México, y le narres cómo nada menos que yo te envío
de embajador para que le manifiestes cuán grande y ardiente
deseo tengo de que aquí me provea de una casa, con todos sus
detalles, le contarás: cuanto has visto y admirado, y lo que
has oído.
Y
quédate seguro de que mucho te lo voy a agradecer y te lo
pagaré, pues te enriqueceré, te glorificaré, y mucho merecerás
con esto que yo te recompense tu cansancio, tu molestia de
ir a ejecutar la embajada que te confiero.
Ya
has oído, Hijo mío el más amado, mi aliento, mi palabra: ¡Ojalá
aceptes ir y tengas la bondad de poner todo tu esfuerzo!»
|