El
Tío Sano
(N. M. vv. 194-199)
Y Juan Diego, una vez que les hubo mostrado dónde se había
dignado mandar le la Señora del Cielo que se levantara su
templecito, luego les pidió permiso. Aun quería ir a su casa
para ver a su honorable tío Juan Bernardino, que estaba en
cama gravísimo cuando lo había dejado y venido para llamar
a algún sacerdote, allá en Tlaltelolco, para que lo confesara
y dispusiera, de quien la Reina del Cielo se había dignado
decirle que ya estaba sano.
Y no solamente no lo dejaron
ir solo, sino que lo escoltaron hasta su casa. Y al llegar
vieron a su venerable tío que estaba muy contento, ya nada
le dolía. Y él quedó muy sorprendido de ver a su sobrino tan
escoltado y tan honrado. Y le preguntó a su sobrino por qué
ocurría aquello, por qué tanto lo honraban.
|
|