"“...‘la ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna
el drama de nuestro tiempo’. [...] El Hijo de Dios,
al asumir la naturaleza humana, se encarnó en un determinado
pueblo, aunque su muerte redentora trajo la salvación
a todos los hombres, de cualquier cultura, raza y condición.
El don de su Espíritu y su amor van dirigidos a todos
y cada uno de los pueblos y culturas para unirlos entre
sí a semejanza de la perfecta unidad que hay en Dios
uno y trino. Para que esto sea posible es necesario
inculturar la predicación, de modo que el Evangelio
sea anunciado en el lenguaje y la cultura de aquellos
que lo oyen…”